
Barranquilla, 8 de julio de 2026.- Cuando un comerciante en Soledad o un ganadero en el campo sienten temor de abrir sus negocios, la producción se frena, el empleo se destruye y el tejido social se rompe. El verdadero rol del Estado debe ser el de un protector del ciudadano honesto y del tejido productivo local, implementando estrategias contundentes que devuelvan la tranquilidad a las calles y al sector rural del Atlántico.
La crisis de seguridad actual exige soluciones basadas en el realismo puro y no en medidas restrictivas que terminan desarmando al ciudadano que cumple la ley, mientras las estructuras criminales operan sin freno en el área metropolitana. Respaldar el derecho a la legítima defensa de los sectores comerciales y agropecuarios es una necesidad urgente ante el desborde de la delincuencia; la fuerza del Estado debe concentrarse con rigor en desarticular las bandas organizadas, no en dejar vulnerables a los atlanticenses que trabajan y producen bajo la legalidad.
A este escenario regional se suma la urgente necesidad de un entorno de estabilidad nacional. El país atraviesa una transición política compleja que no aguanta más polarización ni confrontaciones radicales; la madurez institucional de los líderes nacionales es indispensable para garantizar un ambiente de confianza que nos permita a las regiones avanzar con orden. Los invito a escuchar la intervención completa, donde profundizo en estos argumentos fundamentales para el futuro del Atlántico y del país.
El diputado del Atlántico reiteró su respaldo a la posibilidad de que comerciantes y ganaderos puedan portar armas para defenderse de la delincuencia, argumentando que la creciente inseguridad en Barranquilla y Soledad exige medidas más contundentes por parte del Estado.