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Punta de Lanza: Cuando al arcoíris y a los atardeceres, les pusieron sexo. Por: Senén González Vélez

Cosas curiosas.

La libertad de género y el derecho al libre desarrollo de la personalidad ha llegado hasta el punto en que algunos que nacieron varones se convencieron que son mujeres, y resolvieron mandarse a mochar el pene para convertirlo en vulva. Es decir, el tubo del pene, le sacaron como al totumo el tripaje, para volverlo maracas como si fuera una media aspirada de la parte ancha, hacia adentro, es decir, lo de adelante lo echaron para atrás, para convertirlo en un chorizo hueco o Vulva, para recibir un pene, o para unir labios entre sí, cual más fino y sutil refriegue de besos al que llamaban bateo. O… para no hacer ni lo uno, ni lo otro y seguir teniendo el pene, entonces se le midieron al sistema DP, como se dice en los términos ganaderos, (doble propósito, leche y carne).

Todas esas conductas son un problema unipersonal, como la salvación eterna. En ese tránsito, no hay tráfico de influencias, ni menos recomendados, ni nepotismo, y, por lo tanto nadie se debe meter. Cada quien que asuma sus gustos y deseos. Esas son decisiones personales muy de cada quien y hay que respetarlas. Por lo menos, yo las respeto, aunque nada de esas determinaciones las comparta. Tampoco sentenciarlas, porque de eso se encarga solo Dios.

Pero… esa vaina que ahora no se puedan contemplar las bellezas naturales  como un arcoíris, porque estigmatizado y legitimado, porque se lo apropian las corrientes  LGTB, o ciertas palabras castizas de la Real Academia de la lengua, como DIVERSA O DIVERSO, porque se pretenden concentrar su exclusividad, a las legiones de la homosexualidad, y de ese modo sacarlas del contexto idiomático para no emplearlas por temor en el uso de una escritura porque se estima su utilización como un mensaje subliminal que los envían quien las use al escribir, me parece insólito, e irrespetuoso.

Que usen lo que quieran todas esas corrientes, pero el pan, es pan y la panocha es panocha y el bolillo de sal, se come con Kola Román, y lo come el varón, la lesbiana y el homosexual. Pero el gusto, dependen del paladar.

¿A qué viene el comentario? Pues resulta que este miércoles fue el Día Internacional de la Mujer, que representa nuestra madre, nuestra esposa, nuestra hija, nuestra hermana, la novia, y es como el día de las flores callejeras. Pues   una pareja de ancianas, me escribe a mi correo, y me dice después de unos generosos saludos: “Vea que desgracia apreciado director de Punta de Lanza, estaba de pies en la muralla, esa que da al océano y la avenida Santander, junto a mi viejita esposa. A pocos metros estaban besándose unas parejas de jóvenes. Y ella, mi esposa me ha dicho: “Mijo, como es de hermoso lo diverso, de los colores del atardecer. y yo le dije a mi esposa, y donde me dejas lo bello del arcoíris, después de la lluvia?” De inmediato, se me acercaron los jóvenes y nos dijeron: ¡Holaaa! ¿Cómo están? ¿Son de acá de Colombia? -Sí, ¿Por qué?  Porque los escuche honrar nuestro emblema del arco iris, y la palabra diversa, que son nuestras claves señales para identificarnos. Les contesté: “No sé a qué se refiere”.  Cuando vi con más claridad el tema comprendí la intención, entonces les dije: “Yo soy varón desde que nací, y ella es mi hembra, tenemos diez hijos, y 20 nietos y ocho biznietos, y nunca cambiaría el estrujar de la uva que me acompaña, para extraerle el mosto del placer, que, con amor y levadura, fabricamos juntos, para obtener del gusto, un puro vino”.

Otra cosa no llegaría, ni a mazamorra, o a lo que llaman en la costa Ñeque. Pues fíjese, por esas dos palabras, nos confundieron.

Consejo: Nunca cambies una palabra porque uno que piensa diferente a ti, y pretenda darle otra connotación y sentido. Apoderase de las cosas que tienen por naturaleza su propio nombre se deben respetar. Si lo aceptas oirás con el tiempo decir: Yo tuve un pene, ahora tengo una pena, que a lo mejor ahí si suena. O… una vulva, y a ahora tengo un vulvo.

Toronto Canadá

senengonzalezvelez@hotmail.com

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2 Responses

  1. Absoluta y claramente genial. Al pan pan y al vino vino. Jamás al pan, panocha o pano y al vino, vine y vina. La tiranía abusiva y por ende arbitraria de las minorías no puede intimidar y menos arrazar con el idioma de Cervantes.

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