
Después de estrellarse contra el petróleo y el gas colombiano y Ecopetrol, su empresa emblemática, Gustavo Petro, a cuatro meses del fin de su mandato presidencial, quiere acabar también con el carbón térmico de la Guajira, sobre todo con el Cerrejón, una de las mayores minas a cielo abierto del mundo.
En la nueva operación anticapitalista Petro cuenta con el apoyo del presidente de Brasil, el socialista Inacio ‘Lula’ da Silva.
El mecanismo que fue inventado para avanzar en ese sentido es convocar a 50 países a una “primera cumbre” sobre combustibles fósiles para discutir, del 24 al 29 de abril, en Santa Marta, una serie de puntos relacionados con el carbón y el gas en el mundo.
Los cinco países más grandes productores de combustibles, Estados Unidos, China, Arabia Saudita, Rusia e Irán, dijeron que no estarán en la reunión de Santa Marta.
La cumbre tendrá dos momentos diferentes: el debate de baja intensidad, abierto a los delegados, del 24 al 26 de abril, antes del segmento de “alto nivel”, el 28 y el 29 de abril, en el que sólo participan ministros y responsables políticos.
Obviamente, el tono de la invitación es sosegado, lejos del lenguaje catastrofista de la ecología punitiva. Teóricamente, se trataría de una discusión exploratoria, casi académica, al final de la cual serían votadas unas “recomendaciones de acción”. Sin embargo, según la revista Carbon Brief, los objetivos reales son definitivos y de alcance estratégico: “detener toda nueva expansión de combustibles fósiles y rechazar el gas como combustible de transición” (1).
Desde luego el pretexto central de la cumbre es el “empeoramiento del cambio climático” y “los altísimos precios del petróleo”.
Esta nueva cumbre mundial es, en realidad, un paso de los ecologistas más afiebrados para retomar la iniciativa e imponer su voluntad luego del fracaso que sufrieron en la “cumbre climática COP30” celebrada en Brasil en noviembre de 2025. Esa reunión, que buscaba acelerar la implementación del Acuerdo de París sobre el clima, no convenció y muchos países se abstuvieron de firmar compromisos detallados para salir del ciclo de los combustibles fósiles.
Carbon Brief explica que los invitados a Santa Marta recibieron una “síntesis científica” que incluye “12 propuestas de acción para que los países las consideren”, junto con una serie de recomendaciones precisas. Estas abarcan, según esa fuente, “desde la eliminación gradual de los subsidios a la producción y el consumo de combustibles fósiles”, hasta la “creación de un foro para desarrollar un marco legal que prohíba la publicidad de combustibles fósiles.”
Irene Vélez Torres, la ministra colombiana de Medio Ambiente, confirmó que la cumbre busca “la eliminación gradual de los combustibles fósiles” aunque eso sea muy difícil.
Difícil, sino imposible, por lo menos en los próximos decenios en vista de las necesidades crecientes de energía en los cinco continentes y del fracaso de las llamadas energías “alternativas” que no alcanzan a sustituir, incluso en las economías avanzadas, las energías tradicionales. Por eso la energía nuclear y la combustión de petróleo, carbón y gas alcanzaron niveles récord nuevamente en 2025.
Si las anheladas “prohibiciones” salen vencedoras las implicaciones para Colombia serán enormes. El carbón es el segundo recurso minero del país con 6.6 mil millones de toneladas de reservas estimadas, y ubicadas en 9 departamentos. Es un carbón de calidad, bituminoso y pobre en azufre y cenizas. En 2003, Colombia era el cuarto productor mundial de carbón térmico, con cerca de 50 millones de toneladas. El carbón destronó al café en 2002 como segundo rubro de las exportaciones colombianas.
Según el especialista Giovanni Franco Sepúlveda, en 2024, las exportaciones de carbón alcanzaron los 64 millones de toneladas, con un incremento del 7% al 8% respecto al año anterior, “pese a una caída del precio internacional de aproximadamente 22% a 30%”. Los principales compradores del carbón colombiano son Corea del Sur, Turquía y China.
Las empresas más importantes en esa actividad son Drummond, que representa 52% de las exportaciones, y Cerrejón, con 34%. En conjunto, estas exportaciones constituyeron, en 2024, cerca de 14% de las exportaciones totales de Colombia y representaron más de US$7.000 millones en ingresos.
El carbón también es esencial para el consumo interno: aporta el 7% de la energía nacional, sobre todo en las épocas de verano y de reducción de las aguas en las represas, lo que obliga a activar las termoeléctricas.
Integrado por la mina, un aeropuerto, un sistema férreo de carga, camiones especiales y un puerto con dos cargadores de buques sobre el Mar Caribe, Puerto Bolívar, el Cerrejón da empleo a más de 13.778 personas, entre empleados y contratistas.
Es una de las operaciones económicas más visionarias que el país haya realizado en los últimos 50 años. Todo comenzó con el acuerdo carbonero entre Carbocol e Intercor, filial de la estadounidense ExxonMobil, y la creación de Puerto Bolívar. Unos años más tarde, fue creado Cerrejón Zona Norte (32 mil hectáreas), con tres firmas: Glencore (Suiza), Billington (británica) y Anglo American (sudafricana). En esa época el carbón suministraba casi el 25% de la energía mundial.
El éxito comercial de esa iniciativa fue palpable. Las exportaciones del mineral crecieron en forma acelerada durante años. Pasaron de dos a 14 millones de toneladas entre 1985 y 1991. Desde el fin de la década de los años 90, las exportaciones de carbón y la generación de divisas siguieron en alza constante, gracias a la demanda de países de la Unión Europea. En 2022, Glencore completó la compra de Cerrejón.
Esta empresa, sin embargo, anunció en marzo de 2025 que reduciría su producción entre 5 a 10 millones de toneladas, por la supuesta “pérdida de competitividad del carbón colombiano en el mercado internacional”. Empero, la Asociación Colombiana de Minería (ACM), hizo ver que tal bajón se debía más a dificultades políticas y prejuicios ideológicos, es decir a la línea “poco clara del gobierno” en esa materia (2).
En agosto de 2023, en efecto, el gobierno Petro había lanzado unos decretos nefastos que, según el matutino La República, pusieron “en vilo la producción minera en La Guajira y tienen en riesgo a la empresa de 48 años que ha aportado $20 billones de dólares en regalías al país” (3).
Con el ascenso de las teorías sobre “la crisis climática”, el Cerrejón había sido blanco de campañas denigrantes destinadas a hacer olvidar el papel positivo que esa firma ha jugado en términos de crecimiento económico-social y conservación ambiental. El país ganó 895.0000 millones de pesos por regalías, de los cuales la Guajira y los municipios aledaños a la mina recibieron 70.000 millones de pesos. La inversión social ascendió a los 456.000 millones de pesos, todo gracias a las toneladas de carbón producidas. El Cerrejón dice en su página web que desde el comienzo de su aventura ha llevado 57 millones de litros de agua a 164 comunidades del área y ha sembrado 3.7 millones de árboles para preservar el bosque seco tropical de la Guajira.
Estos son algunos de los precedentes que rodean la nueva ofensiva contra el carbón en general, y el colombiano en particular, la cual se concretará probablemente en los arreglos discretos de pasillo –y no sólo en los debates públicos— que tendrán por escenario el magnífico balneario de Santa Marta.
(2).- Cerrejón decidió reducir su producción de carbón en Colombia | Actualidad | WRadio