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¿Estrategia politiquera o verdadero gesto de lealtad hacia los veteranos?… ¿Y las reservas para cuándo? Por: Silverio José Herrera Caraballo

La reciente radicación en la Asamblea Departamental de Sucre de un proyecto de ordenanza impulsado por el diputado Luis Alfonso Álvarez Padilla, orientado a fortalecer la atención, representación y reconocimiento de los veteranos de la Fuerza Pública y sus familias, merece ser analizada con objetividad y responsabilidad.

De entrada, debo decir que toda iniciativa encaminada a reconocer el servicio prestado por quienes vistieron el uniforme de la patria es bienvenida. Sería injusto desconocer que miles de hombres y mujeres entregaron años de su vida a la defensa de Colombia, muchas veces en condiciones difíciles, enfrentando amenazas, alejados de sus familias y sacrificando proyectos personales por el bienestar colectivo.

Por ello, la creación de espacios de participación, programas de empleo, apoyo social, emprendimiento y reconocimiento institucional para los veteranos constituye un avance importante que debe ser respaldado.

Sin embargo, como suele ocurrir en nuestro país, surge una pregunta incómoda, pero necesaria:

¿Y las reservas para cuándo?

Hace algún tiempo escribí una columna titulada “Que la plata no nos separe”, precisamente haciendo referencia a la brecha que hoy existe entre veteranos y reservistas. Una brecha que no nació del respeto, del honor ni del servicio prestado a la nación, sino de una interpretación legal que terminó generando diferencias donde debería existir unidad.

Los veteranos cuentan con reconocimiento legal y, con una asignación de retiro derivada de los años de servicio (20 en adelante). Los reservistas, por el contrario, aunque también sirvieron a la patria desde sus diferentes capacidades, quedaron excluidos de numerosos beneficios simplemente porque no alcanzaron el tiempo requerido para acceder a una asignación de retiro, en especial quienes prestaron su servicio militar voluntario u obligatorio en cualquiera de las fuerzas.

.La diferencia es jurídica. El mérito es el mismo.

Porque la patria no distingue entre quien sirvió diez años o veinte cuando llega el momento del sacrificio. Tampoco distingue entre un soldado, un suboficial o un oficial cuando se trata de defender la bandera. Todos aportaron un grano de arena a la construcción de la seguridad nacional.

En varias oportunidades tuve la oportunidad de conversar personalmente con el diputado Luis Alfonso Álvarez sobre esta realidad. En reuniones sostenidas en mi residencia le expuse la necesidad de que cualquier iniciativa orientada a reconocer a quienes sirvieron al país contemplara también a aquellos hombres que hoy integran las reservas y que, por diferentes circunstancias, no alcanzaron a consolidar una asignación de retiro.

Muchos de ellos viven actualmente en condiciones económicas difíciles. Algunos enfrentan problemas de salud. Otros sobreviven con trabajos ocasionales después de haber entregado años de servicio a Colombia.

Por eso surge la inquietud.

¿No era esta una oportunidad para incluirlos?

No pretendo restarle importancia al proyecto presentado. Al contrario, considero que representa un paso positivo. Pero también creo que las verdaderas soluciones deben ser integrales y no parciales.

Esta discusión tampoco es nueva.

Durante la campaña local anterior, esta misma necesidad fue planteada a quienes aspiraban a importantes cargos públicos. Se le expuso a la entonces candidata a la Gobernación, Lucy García, hoy gobernadora de Sucre. Serví de enlace para que en mi casa se escuchara a los veteranos y reservas (líderes de asociaciones en sucre), a Lucy García, Yahir Acuña, etc. Hubo propuestas y promesas, pero al final… También se planteó al hoy alcalde de Sincelejo, Yahir Acuña.

Las promesas estuvieron presentes.

Las expectativas también.

Pero hasta el momento los resultados concretos siguen siendo escasos para quienes conforman las reservas de Colombia. Y es aquí donde inevitablemente aparece el componente político.

Porque estamos entrando nuevamente en tiempos preelectorales. Y en política, como todos sabemos, los votos siempre son importantes.

No tiene nada de extraño que los dirigentes busquen acercarse a sectores organizados de la sociedad. Eso hace parte del ejercicio democrático. Lo preocupante es cuando las soluciones se quedan a mitad de camino o cuando se privilegia aquello que genera mayor impacto electoral, dejando por fuera a quienes también merecen ser escuchados. Quizás por eso algunos reservistas observan estas iniciativas con esperanza, mientras otros las miran con escepticismo.

Lo cierto es que existe una deuda pendiente.

La Ley 1979 de 2019, que regula el régimen de los veteranos, significó un avance importante en materia de reconocimiento institucional. Sin embargo, también creó una división que ha dificultado la tan anhelada unidad entre veteranos y reservistas.

Esa brecha debe ser revisada. Debe corregirse. Y debe hacerse bajo el principio fundamental de que el servicio prestado a la nación merece respeto sin importar el rango alcanzado o el tiempo exacto de permanencia en la institución.

Siempre he sostenido una posición clara: el exmilitar no existe.

Quien ingresó a las Fuerzas Militares o a la Policía Nacional por convicción, honor y patriotismo jamás deja de sentir ese vínculo con la institución. El uniforme puede guardarse, pero los principios permanecen.

Por eso respeto por igual al soldado y al general.

Porque ambos representan la misma esencia institucional.

Quizás allí radica una de las mayores dificultades de quienes nunca han tenido la oportunidad de servir. Resulta difícil comprender el significado de portar el uniforme cuando nunca se ha vivido esa experiencia. Incluso he llegado a pensar que quienes aspiren a ejercer cargos públicos deberían, como mínimo, haber prestado servicio militar o recibir una formación básica que les permita comprender el valor del sacrificio, la disciplina, el honor y el amor por la patria.

Solo así entenderían lo que significa pronunciar con orgullo una frase que para miles de colombianos tiene un profundo valor:

“Soy Reservista de Colombia”.

Por eso hoy, mientras se discuten beneficios para los veteranos, vuelvo a formular la misma pregunta que durante años ha quedado sin respuesta:

¿Y las reservas para cuándo?

Porque el reconocimiento no debe dividir.

Porque el honor no puede medirse únicamente por una asignación de retiro.

Y porque la unidad entre veteranos y reservistas seguirá siendo una tarea pendiente mientras la legislación continúe separando a quienes, desde diferentes circunstancias, sirvieron con dignidad a la misma patria.

Ojalá llegue el día en que podamos decir que la gratitud de Colombia alcanzó a todos sus hombres y mujeres de uniforme.

Sin excepciones.

Sin categorías.

Y, sobre todo, sin que la plata nos separe

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