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COSTA NOTICIAS

El voto obligatorio. Por: Ex Magistrada, María Patricia Ariza Velasco

El Artículo 258 de la Constitución Política de Colombia establece que el voto es un derecho y un deber ciudadano. Pero en la práctica no todo colombiano ejerce estos derechos y deberes. Para la segunda vuelta que dio la oportunidad de elegir el nuevo presidente de la República, el padrón o censo electoral, según la Registraduría Nacional del Estado Civil, la autoridad constitucional en materia de elecciones, no como pretende serlo el primer adicto de la nación, estaban habilitados 41.421.973 colombianos en territorio nacional y en el extranjero para ejercer este derecho político de elegir. Las elecciones arrojaron una participación aproximada de 26 millones de ciudadanos, correspondiendo al 63.59%, es decir que se abstuvieron en una franja que de todas maneras es alarmante un 36.41% de acudir a las urnas.

Lo anterior tiene un significado mayor en la práctica, que significa la abulia, el desinterés, el desconocimiento de lo que significa el voto en las elecciones para corporaciones, mandatarios regionales y presidente de la República. Algunos expertos consideran que se trata de una manifestación de descontento frente a las organizaciones y sistemas políticos. En la práctica en Colombia, escuchando a abstencionistas se denota más la falta de cultura cívica o ignorancia total sobre el sistema político colombiano.

Pero debe integrarse a la norma anterior, el art. 40 de la Constitución, que es mucho más complejo, pues hace parte del listado de los derechos fundamentales enlistados en el capítulo 1 del Título II De los Derechos, Las Garantías y los Deberes. Estos son temas que deberían ser de conocimiento de todos los colombianos, porque se supone es materia de estudio en la enseñanza primaria, media y secundaria. Debería continuar con más seriedad y rigor en la Universidad.

Pues bien, el art. 40 antes mencionado indica que todo ciudadano tiene derecho a elegir y ser elegido, constituir partidos entre otros aspectos, y acá vale un “píe de página” con ocasión de los últimos sucesos que dejan visibles comportamientos que no eran previsibles. El “jefe nato” del CD, amenaza al mejor estilo mamerto, que sus abejas africanas atacaran, pero lo peor, manifiesta la molestia frente a que el presidente electo Abelardo De La Espriella, tiene la intención de constituir su propio partido político, faltando a la palabra. Acá surgen entonces preguntas para que se las formulen quienes leen estas líneas: ¿Desconoce Álvaro Uribe Vélez el derecho fundamental a constituir partidos, movimientos y agrupaciones políticas?, ¿Desconoce el mismo, que los derechos fundamentales son irrenunciables? ¿Se le olvidaron las matemáticas y al final en la primera vuelta para elegir presidente de la República, la Paloma que no voló, obtuvo menos de dos millones de votos? ¿Calcula mal y casi doce millones es la respuesta para el presidente elegido? ¿Acaso es posible que muchos libremente migraron para votar por la nueva opción?

Pero no es posible distraernos, la verdad es que en el cono sur de América once países mantienen el voto obligatorio, incluso algunos con sanciones por no ejercer este derecho. Colombia es de los pocos, pese a las prebendas que se reconocen por cumplir con este derecho-deber, entre ellas medio día de descanso para quienes laboran formalmente. Pero no son suficientes. Es hora de centrar el debate y superar las tensiones existentes entre el deber cívico, la libertad individual y la legitimidad de la democracia. Por tanto, es un debate que debe darse en el Congreso de la República, a fin de auscultar la realidad de la carencia de civismo, de compromiso, porque al final, las mayorías silenciosas son las que permiten que se entronicen las malas prácticas de la compra de votos, intercambio de favores, constreñimiento electoral, el voto contrato y finalmente lo más perverso que es el denominado recientemente el voto fusil que permite concluir que territorios donde  señorean las narcoguerrillas o narcodelincuencia, sometan a la población civil, con los resultados vistos, de más de cuatro millones a favor del régimen de la carpa de Nariño. Lo cierto es que, la reacción de algunas personas con conciencia de lo que estaba sucediendo, el peligro de perder la democracia, permitió que se incrementará la participación ciudadana, que no estaba en los cálculos de Petro y Cepeda.

Para ejemplo de como se está recuperando una democracia después del fallido estallido social, es Chile. El voto antes era obligatorio, incluyendo los extranjeros residentes, no solo los nacionales, ahora la inscripción es automática, voto voluntario, pero estudian volver al voto obligatorio y se trata también de un derecho-deber.

Requerimos con urgencia como antes se afirma, volver al debate serio, como entre otros aspectos, la necesidad de arrebatar a las castas políticas el desconocimiento real del valor del voto libre, del voto programático, de la libertad de estar en partidos, grupos o movimientos políticos e incluso fundarlos u organizarlos, a fin de evitar que como señores feudales, consideren a sus simpatizantes como siervos obligados a cumplir irremediablemente con sus caprichos, traicionando sus jefes los mínimos éticos y valores que deben caracterizarlos.

Nuestra democracia se salvó, pero se encuentra en cuidados paliativos, tal como se ha podido percibir en las últimas semanas. Hay que permitir que recupere totalmente su salud. Una forma sin duda, caminar hacía el voto obligatorio, propiciando una ley en el Congreso de la República.

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