
Amargos son para Gustavo Petro los días y semanas finales de su presidencia. Amargos, pero no infundados. Nadie obró con mayor determinación que él para que su situación política y personal evolucionara en esa dirección. El inquilino de la Casa de Nariño está furioso, tiene miedo, está más abatido y desconcertado que nunca, por la clara victoria del candidato presidencial independiente Abelardo de la Espriella en la primera vuelta.
Ante tal derrota, Petro respondió con su brutalidad habitual: rechazó el resultado de las urnas y acusó, sin tener la más débil prueba, a la Registraduría de haber sido cómplice de un fraude electoral. De hecho, Petro insultó a todo el país, a los que votaron por De la Espriella y a los que votaron por el candidato comunista Iván Cepeda pues éstos, curiosamente, no creen en el pretendido fraude, y temen vivir otra derrota el 21 de junio próximo. La onda de desmoralización es visible en el campo cepedista.
Ni siquiera Iván Cepeda, que Petro impulsó para perpetuar el petrismo, validó la acusación de fraude. Después de decir que compartía esa leyenda, Cepeda admitió que nadie de su equipo dispone de “evidencias” (sic) del imaginado fraude (1).
¿Alguien puede creer en las lágrimas de cocodrilo de Petro? Mientras él juega, una vez más, el papel de víctima, y hasta anuncia que dejará su cargo para dirigir la campaña de su pupilo, una maquinaria de terror trata de ahogar los medios con calumnias contra El Tigre, y agentes se mueven en la compra masiva votos en la Costa Atlántica para robarse la elección.
Pero como vimos el 31 de mayo, la estrategia de la mentira comunista, preparada en laboratorios de guerra psicológica, como el cuento de las “885.400 cédulas adicionales”, tiene sus límites: el país seguirá utilizando su voto para demoler el gobierno más violento, destructivo y corrompido de la historia de la República de Colombia. Al momento de redactar esta nota, un sondeo de AtlasIntel advierte que ADLE obtendrá el 50,3 % de los votos el 21 de junio y que Cepeda reunirá el 42,6 %. Estoy seguro de que ADLE ganará por mucho más, si las operaciones ilegales contra la segunda vuelta son abortadas a tiempo. En todo caso, las otras encuestas están diciendo lo mismo que Atlas Intel, con pequeños matices: ADLE ganará en junio.
Al carecer de un balance de gobierno, Petro se convirtió en una bola de hierro amarrada al pie de Cepeda. Los continuos actos de intervención en favor de Cepeda se devuelven contra éste, y la cosa hasta toma un cariz internacional. Según informa la radio colombiana “la Andi y la Fundación para el Estado de Derecho presentaron ante la Misión de Observación Electoral de la OEA una denuncia en la que señalan que hay serias preocupaciones respecto de los principios de neutralidad institucional y equidad para la contienda electoral debido a algunas intervenciones y declaraciones del presidente Gustavo Petro”. Blu Radio agregó que tales anomalías “reflejan una serie de cuestionamientos públicos reiterados dirigidos contra las dos instituciones que integran la organización electoral, sin que tales afirmaciones hubieran sido respaldadas por las autoridades competentes, decisiones judiciales o verificaciones técnicas independientes” (2).
Gustavo Petro se ridiculizó cuando trató de convertir un gesto diplomático del presidente Trump –su mensaje de felicitación a Abelardo de la Espriella por el resultado de la primera vuelta–, en una “intervención” de Estados Unidos contra Colombia. Y no contento con tal disparate, redactó otra frase insensata: que votar por El Tigre el 21 de junio convertirá a los electores en “esclavos” y llevaría a Colombia a “perder la libertad y la soberanía”.
¿Quién podía esperar de Petro una actitud diferente, razonable y decente? El presidente de Estados Unidos dijo algo que irritó a Petro: que De La Espriella “es un líder inteligente, fuerte y firme que busca combatir el crimen, hacer crecer la economía y detener la inmigración ilegal” que, en la segunda vuelta, El Tigre se enfrentará a un “marxista de izquierda radical” y que por ello es un honor darle su respaldo y que los resultados de esa elección serán cruciales para el futuro de las relaciones entre ambos países.
Petro llegó a acusar a Trump de “traicionar un compromiso” de no intervenir “en los asuntos internos del país” pactado, según él, durante una conversación en Washington. ¿Creyó que él había amarrado las manos del impredecible líder estadounidense? La megalomanía de Gustavo Petro sólo es comparable con su alto índice de desaprobación.
(1). La Corte Suprema de Justicia y la Judicatura respaldaron el escrutinio electoral del 31 de mayo.