

Sorpresa grande: resulta que no hemos avanzado nada en materia de gobierno pues salimos de Gustavo Petro pero llegamos a Abelardo de la Espriella y eso no sería un progreso pues los dos presidentes verían a los colombianos como “estúpidos”, como gente a la que no vale la pena explicarle nada.
A ese tipo de bajeza, a esa generalización inepta, ha llegado en estos días un distinguido intelectual del uribismo quien eso afirma en un largo y atribulado artículo.
En una exposición, pretendidamente docta, sobre “la teoría de la argumentación”, él propone, además, entre líneas, una visión errada de la democracia en general y de la democracia colombiana en particular.
Hay allí un nuevo ataque dentro de la ingrata campaña de desestabilización que ocupa ahora a un sector del uribismo (ver las exigencias y amenazas de Rafael Nieto) contra el gobierno de la Patria Milagro.
Una falsa teoría sobre la democracia
Alfonso Monsalve afirma sin sonrojarse que el proceso de elección de un mandatario, en un sistema democrático (que él reduce a “campañas y elecciones”) es un proceso irracional. Él dice: la elección de un presidente “no es otra cosa que un show business”, una sucesión de “manipulación de sentimientos”. Y concluye: “Los grandes equivocados son los que han leído las campañas y las elecciones como un proceso racional”.
El articulista aplica esa elucubración a Colombia. Dice: “¿Qué eligen las sociedades? Tipos de líderes, no propuestas. ¿Qué vimos nosotros? Emociones, sentimientos. La crítica que nos han hecho viene de esos bienpensantes que no han sido capaces de entender cuáles son los anhelos del pueblo colombiano. El Tigre vino y los interpretó de manera genial.”
No nos dejemos dormir por la palabra “genial”. Monsalve ve la campaña electoral de 2026 como una hábil maniobra de hipnosis colectiva realizada por Abelardo de la Espriella, no como un acto de soberanía popular. La voluntad explícita de los colombianos, su resistencia antipetrista de más de tres años, para él es puro viento. La búsqueda de un liderazgo recio y decidido a ponerle fin al régimen mefítico de Petro y a quebrar las formas de fraude que éste había montado para seguir en el poder, es una ficción, según Monsalve.
Lo que hubo, según él, fue un acto electoral irracional. Sugiere que la ciudadanía adoptó un candidato sin examinar sus ideas ni su talento, fascinada sólo por el tono de sus intervenciones. Monsalve ignora que el combate del pueblo contra el narco-comunismo petrista incluyó una producción intelectual enorme, fundada, razonable, plena de constataciones sobre la naturaleza del poder fariano-petrista, como nunca antes vio una contienda electoral en Colombia.
Distinguir entre tribalismo y democracia
Monsalve afirma que las campañas de Petro y de ADLE fueron idénticas, destinadas a “persuadir no con razones”. Monsalve lo dice sin rodeos: “La campaña de ADLE (junto con la del Pacto Histórico, y muchas otras antes de ellas), privilegió el persuadir, pero con la estrategia de concitar emociones y sentimientos y no razones.”
Ese énfasis en lo de las “emociones” y de lo “irracional” es la clave de argumentación. En esa valoración odiosa de la elección colombiana, Monsalve confunde la democracia con un sistema de gobierno primitivo.
La democracia es un gobierno en el que participa el más grande número de personas. La palabra viene del griego demos (pueblo) y cratos (gobierno, poder). Heródoto quien no solo fue el primer historiador sino el primer politólogo, nos ilustró sobre la base conceptual de la democracia antigua. El término demos incluye toda la población masculina libre, tanto los aristócratas como los ciudadanos y campesinos de las comunas agrícolas (del latín pagus). La democracia griega fue el ejercicio del poder de los comunes reunidos en la polis (ciudades). Montesquieu lo sintetizó así: “La democracia es cuando, en la República, el pueblo conformado tiene la soberana potencia”.
Aunque la democracia antigua era minoritaria, directa y no liberal en términos modernos, fue un inmenso progreso: abrió la vía a la deliberación moderna. Su gran revolución fue que en la conducción de la cité (un territorio poblado por decenas de miles de habitantes, no un Estado en sentido oriental o moderno), todo puede ser discutido y contradicho por todos y el debate puede prolongarse hasta agotar el tema. Y la única decisión que vale es la de la mayoría.
En el sistema tribal la toma de decisiones es inferior. Las tribus arraigadas en el parentesco explotan las identidades étnicas, religiosas y culturales para alinear al pueblo. Lo que domina allí son las creencias y los sentimientos heredados o propios de la tribu o de la “comunidad”. La tribu divide y muchas veces se impone por la violencia o la auctoritas del rey o del paterfamilias, tras objetivos que pueden ser arbitrarios o no.
La discusión en el ágora de la Grecia antigua unía a las personas por encima de sus particularismos. La política tribal, en cambio, moviliza los reflejos heredados, el espíritu de “la comunidad”, para obtener poder, el poder que sea. La democracia une a individuos libres e iguales en derechos, por encima de esos particularismos.
¿El CD sí interpreta los anhelos del pueblo?
Tal representación de la elección presidencial de 2026 –como una “manipulación de sentimientos”, como un acto “irracional”–, lleva al lector de Monsalve a pensar que, como dicen los mamertos, Colombia no es una democracia, sino un gobierno tribal. Ese esquema lleva a Monsalve a plagiar el discurso de los fanáticos anti-Abelardo. La prueba: Monsalve relanza la parodia que lanzó hace unos días el petrismo, donde éste cree ver al presidente “patrullando armado las calles con un revólver al cinto, caminando entre cadáveres embolsados de bandidos dados de baja y amenazando públicamente, de manera frecuente a esos individuos y grupos, queriendo significar que está cumpliendo su palabra, siendo lo suficientemente duro para intimidar a los criminales, todo con el objeto de despertar la admiración y el temor”.
Esa caricatura busca paralizar la política de Abelardo y ayudar al petrismo. Parece que la facción de Monsalve quisiera que el nuevo presidente aplique una política engañosa, de medias tintas, en el combate contra los más violentos carteles de la droga del continente. También es una forma de decir que el gobierno de Petro fue como los otros y que su corrupción y delitos solo fueron errores perdonables.
La elección presidencial de 2025-2026 fue un acto heroico del pueblo colombiano. Un acto altamente respetable. Sin embargo, Monsalve la reduce a un acto de brujería. El cree insultar a Abelardo de la Espriella. En realidad, él insulta a los 13 millones de electores que votamos por El Tigre. El cree que su intento de frenar a ADLE le servirá al CD. Lo que hace es agravar la crisis de ese partido.
La campaña electoral fue el encuentro de un líder con un pueblo y a su vez una movilización extraordinaria contra el narco-comunismo que había penetrado y debilitado el país aprovechándose de los errores y de la corrupción de tres gobiernos anteriores y que había minado, a otra escala, las instituciones durante los 80 años de subversión sangrienta.
Lo de mayo-junio de 2026 fue una campaña épica, que encaró y venció los perversos trucos de fraude instalados, sobre todo el voto-fusil. La elección de Abelardo de la Espriella fue un salto cualitativo, un paso inmenso en la buena dirección, así no le guste a los angelistas de última hora.









