

Sincelejo, 13 de mayo de 2026.- En tiempos donde la política colombiana se ha acostumbrado a medir el éxito de una convocatoria por la cantidad de buses contratados, tamales repartidos, billetes entregados o promesas burocráticas sembradas en cada esquina, lo ocurrido en Sincelejo durante la convención de coordinadores regionales del movimiento Defensores de la Patria merece una lectura distinta. No fue una reunión cualquiera. Fue una demostración espontánea de respaldo popular que rompe el libreto tradicional de la politiquería costeña.
La frase que más se escuchó entre los asistentes no fue un eslogan publicitario ni una consigna fabricada por asesores de marketing político. Fue una expresión sencilla, directa y poderosa: “Yo vine porque quise, a mí no me pagaron.” Y quizás allí radica el verdadero fenómeno que hoy comienza a llamar la atención en el departamento de Sucre y en otras regiones del país.
La llegada de comunidades provenientes de La Mojana, el Golfo de Morrosquillo, la Sabana, Montes de María y las diferentes subregiones sucreñas dejó una imagen imposible de ignorar. El auditorio lleno, la gente de pie, el entusiasmo genuino y la participación masiva reflejan algo que muchos sectores políticos tradicionales no quieren aceptar: existe un cansancio evidente frente a las viejas maquinarias y un deseo creciente de respaldar proyectos que conecten emocionalmente con la ciudadanía.
La visita de Juan Daniel Bernal, coordinador nacional de regiones del movimiento Defensores de la Patria, terminó convirtiéndose en un acto político de gran significado para la estructura organizativa del departamento. Más allá del protocolo, lo que se observó fue una militancia convencida, motivada y decidida a construir una alternativa política desde las bases sociales y no desde las oficinas burocráticas.
Uno de los momentos más simbólicos de la jornada fue la entrega oficial de la camiseta de la selección Defensores de la Patria del departamento de Sucre a la doctora Ludmila Vergara Rosales. El aplauso cerrado de los asistentes no fue casual. Representó el reconocimiento a un liderazgo femenino que ha venido consolidándose con trabajo silencioso, disciplina y cercanía con las comunidades.
Pero lo realmente llamativo del evento no fueron las fotografías ni los discursos. Fue el ambiente. En Colombia estamos acostumbrados a que las grandes concentraciones políticas se expliquen por la logística pagada. Aquí no hubo chivas repletas de asistentes obligados, ni listas de mercado, ni refrigerios usados como mecanismo de presión electoral. No hubo tamales, ni pasteles, ni sobres escondidos bajo las sillas. Hubo gente. Simplemente gente.
Y eso, en el contexto político actual, tiene un enorme valor. Porque cuando un ciudadano decide asistir por voluntad propia a una reunión política, sacrificar tiempo familiar, gastar de su bolsillo el transporte y permanecer durante horas escuchando propuestas, significa que algo diferente está ocurriendo. Significa que existe identificación con una causa, con un discurso o con una esperanza colectiva.
Muchos sectores intentarán minimizar lo sucedido en Sincelejo. Dirán que fue un acto más, una reunión pasajera o un simple encuentro regional. Pero las imágenes y el ambiente vivido cuentan otra historia. La política colombiana está entrando en una etapa donde el respaldo auténtico empieza a pesar más que las estructuras tradicionales financiadas con contratos y favores.
Defensores de la Patria parece estar entendiendo algo que otros movimientos olvidaron hace años: la gente no solo quiere políticos; quiere sentirse escuchada, valorada y representada.
La multitudinaria asistencia en Sucre deja un mensaje claro. Cuando un proyecto político logra movilizar ciudadanos sin necesidad de comprar conciencias, estamos frente a un fenómeno que merece atención. Y aunque algunos todavía no quieran admitirlo, el crecimiento de este movimiento empieza a sentirse en las regiones.
Porque al final, la frase más poderosa de la jornada resume el espíritu de lo ocurrido: “Yo vine porque quise, a mí no me pagaron”