
Las relaciones diplomáticas entre Colombia e Israel serán restablecidas, según el anuncio hecho por Omar Bula Escobar, el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Colombia designado por el presidente electo Abelardo de la Espriella.
Esas relaciones habían sido rotas por decisión unilateral del presidente Gustavo Petro el 1 de mayo de 2024. Petro –quien nunca criticó la matanza antisemita perpetrada en el sur de Israel por las organizaciones terroristas Hamas y Hezbolá, el 7 de octubre de 2023, en la cual asesinaron a 1.219 personas que se encontraban en un festival musical, y secuestraron a 251 otras, originarias de 27 países–, afirmó que Israel tenía “un gobierno y un presidente genocida”, que no quería cesar el “genocidio palestino” denominación adoptada por la propaganda de Petro para falsear los combates defensivos que libra Israel desde el 7 de octubre de 2023, en la franja de Gaza, contra Hamas y Hezbolá y su creador, la república islámica de Irán (1).
Con esa decisión, Gustavo Petro torció dramáticamente el eje de la diplomacia tradicional colombiana y dio el primer paso para poner a Colombia en la órbita de Hamás, de Irán y de los poderes antioccidentales. La más pavorosa masacre antijudía cometida desde el fin de la Shoah durante la segunda guerra mundial fue seguida del lanzamiento de 2.000 misiles iraníes contra civiles y objetivos militares israelíes. Todo ello estaba destinado a poner en juego la existencia misma del Estado de Israel, la única democracia del Medio Oriente.
La respuesta del ministro de Relaciones Exteriores israelí, Israel Katz, a la ruptura de relaciones, fue inmediata: en un mensaje en español recordó que las relaciones entre Israel y Colombia siempre habían sido cálidas y deploró que el presidente colombiano fuera un “antisemita lleno de odio”. Y agregó: “La historia recordará que Gustavo Petro decidió ponerse del lado de los monstruos más despreciables conocidos por la humanidad que quemaron bebés, asesinaron niños, violaron mujeres y secuestraron a civiles inocentes”.
El 9 de octubre de 2023, el mandatario colombiano pidió que Tel Aviv cesara toda acción militar y agregó que las acciones de Israel en Gaza podrían constituir “crimines de lesa humanidad”. Horas más tarde, la embajada de Israel en Bogotá fue vandalizada por una veintena de encapuchados que pintaron suásticas en el edificio y quemaron banderas israelíes.
En vista de que el presidente de Colombia esgrimió desde el principio la tesis de que lo ocurrido el 7 de octubre era simplemente “el estallido de la guerra entre Hamas e Israel”, Marcos Peckel, director de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia, le recordó: “Presidente Gustavo Petro, la guerra no ha estallado. Israel fue atacada por terroristas palestinos que se infiltraron desde Gaza a Israel, han masacrado decenas de civiles israelíes en sus casas y mantienen gran cantidad de rehenes. Eso debe ser repudiado y condenado”.
Petro no hizo nada. Por el contrario, el 1 de mayo de 2024 declaró rotas las relaciones diplomáticas entre Colombia e Israel y el 18 de agosto de 2024 decretó el cese de las exportaciones de carbón a Israel, orden que no fue cumplida ante la protesta de las empresas involucradas y la existencia de tratados internacionales que impiden tales abusos del poder. E1 de octubre de 2025, expuso de nuevo su agresividad anti-Israel: volvió a acusar a Tel-Aviv de cometer un “genocidio contra el pueblo palestino” en Gaza y anunció la expulsión de Colombia de los miembros de la delegación diplomática de Israel que quedaban en Bogotá. Esta vez, el colombiano invocó el subterfugio de la captura de la flotilla pro-Hamas que se dirigía hacia la franja de Gaza, en la que se encontraban dos activistas colombianas, Manuela Bedoya y Luna Barreto. El gobierno israelí acusó a Petro de estar del lado de Hamás.
Mientras Petro gesticulaba en dirección a Israel que el gobierno colombiano “está comprometido con el respeto a la vida y la promoción de la paz” la política petrista de “paz total” producía la desmovilización de las fuerzas de defensa y seguridad de Colombia y la rápida expansión territorial de las peores bandas y carteles narcoterroristas los cuales, para proteger sus sucios negocios, aumentaron sus actos de barbarie contra las autoridades y poblaciones de enormes regiones rurales de Colombia.
El 13 de octubre de 2025, Petro escandalizó de nuevo a los colombianos cuando insultó los acuerdos de paz entre Israel y Hamas que permitieron la entrega de los últimos despojos de rehenes israelíes muertos en cautividad y la puesta en libertad de los rehenes israelíes que quedaban en poder de los islamistas de Hamas, así como la puesta en libertad de cientos de palestinos, algunos condenados de por vida. Petro afirmó en esa ocasión que entregaría la Cruz de Boyacá, la máxima distinción colombiana, a Hussam Abu Safiya, un coronel del servicio médico de Hamas, ex director del Hospital Kamal Adwan, al norte de la Franja, encarcelado en Israel en diciembre de 2024 “por su presunta implicación en actividades terroristas y ostentar un cargo en Hamás”, según la BBC de Londres.
Las relaciones diplomáticas entre Colombia e Israel habían comenzado, sin interrupción alguna, en 1957. Desde entonces los dos países firmaron decenas de acuerdos políticos, educativos, económicos -incluido un tratado de libre comercio-, y de cooperación técnica-militar.
Colombia adquirió cerca de 22 aviones israelíes de combate Kfir, que hicieron parte central de la defensa aérea de Colombia desde los años 1980. Las fuerzas armadas de Colombia utilizan fusiles Galil calibre 5,56 mm. de fabricación israelí. Colombia adquirió los derechos para fabricar y comercializar esa arma de infantería. También Colombia disponía de convenios de ciberseguridad y de material militar para la protección de sus fronteras. Todo ese sistema de defensa fue debilitado por Petro y su ruptura intempestiva de la relaciones entre los dos Estados.
Colombia exportaba a Israel carbón, café, flores, dulces y piezas para aviones y helicópteros. Un año después de la ruptura diplomática las ventas de Colombia a Israel cayeron un 53% frente al año anterior y llegaron únicamente a 499 millones de dólares. Colombia compraba además a Israel maquinaria, material eléctrico, plásticos, abonos y manufacturas. En mayo de 2023, esas compras cayeron un 54% respecto de 2022.
Finalmente, para no tener que acudir a fabricantes de Estados Unidos, Francia e Israel, Petro anunció la renovación de la flota de los Kfir mediante un contrato con la firma sueca Saab: la adquisición de 17 aviones de combate Gripen (de los cuales sólo 2 serían biplaza), por un valor de 3.135 millones de euros (13,6 billones de pesos) pagaderos a 7 años desde 2027 y si Colombia logra firmar un crédito de esas características en el mercado mundial (sin protección contra una eventual valoración del euro frente al peso colombiano). Otros dos factores generan dudas sobre la conveniencia de ese negocio: los aviones Gripen, no probados aun en combate, no serían fabricados en Suecia sino en Brasil, donde Saab tendría una sucursal, y que los aviones ensamblados en Brasil no dispondrían todavía de los certificados de calidad de sus misiles aire-aire y aire-tierra (2). Una negociación inicial de compraventa de 16 aviones Rafale, por valor de 3.150 millones de dólares (15 billones de pesos) fue descartada por Petro por razones no reveladas. En estos momentos, la FAC (Fuerza Aérea de Colombia) sigue sin el material bélico indispensable para defender las fronteras y el espacio aéreo colombiano.