no solo desde lo politico e incluso con las armas tal como es conocido de auto, sino también la manera como el comunismo, los grupos terroristas y sus simpatizantes urbanos, han venido imponiendo con la promoción de sus símbolos, por lo que el mandatario ordenó recuperar el nombre de Ministerio de Cultura y Patrimonio y anunció una lucha frontal contra lo que es conocido en Estados Unidos como la cultura woke, o wokismo. Esto es, la imposición de un ideologia comunista y degenerada en la confluyen muchos factores como la ideología de género, el aborto, la liviandad con los vicios y drogas, los supuestos derechos reproductivos de laa mujeres, la asociacion de mujer con lesbianismo y homoxesualismo, todo por supuesto proveniente de las antiquisimas filosofias comunistas hambreadoras que no han dado resultado en ninguna parte del mundo.
Constituyéndose la promoción de estos antivalores es uno de los grandes cánceres que amenazan la sociedad
Juan Daniel Oviedo, excandidato vicepresidencial abiertamente gay, pidió explicaciones: “La historia de las personas LGBTIQ+ porque según él, eso “es historia de Colombia”. “El Museo Nacional debe explicar qué retiró, por qué y cómo garantizará que estas memorias sigan representadas. El pluralismo se defiende también en las decisiones del Estado”.
María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro, criticó que se intente borrar el legado de una supiesta paz de su padre.
Desde el activismo, David Pérez calificó la medida como “un acto profundamente violento” y parte de la “batalla cultural” que impulsa el Gobierno. “Retirar estos símbolos no solo deja paredes en gris, intenta censurar una parte importante de nuestra historia. Esto no elimina nuestras luchas, impide que otras generaciones las reconozcan”, dijo.
El analista Franco Montoya advirtió que el mensaje que se envía es un “borrado simbólico que se traduce en violencia” para comunidades históricamente vulneradas.
El Museo Nacional no ha informado aún cuál será el destino final de las piezas retiradas.
El desmonte de la basura fue ejecutado directamente por orden del Ministerio, con participación del secretario general Julián Sterling y la directora encargada del Museo, Katia González.
La acción coincide con el anuncio del presidente De La Espriella de una “contrarrevolución cultural” y su guerra declarada al “wokismo”, que calificó como “uno de los grandes cánceres que amenazan la unidad nacional”. El mismo día ordenó retirar toda imagen de Carlos Pizarro de espacios públicos.
QUÉ DICEN LAS ORGANIZACIONES
Para activistas y académicos, no se trata de curaduría sino de censura.
Organizaciones LGBTIQ+ y de víctimas advierten que retirar estos símbolos envía un mensaje de borrado histórico. El activista David Pérez lo llamó “un acto profundamente violento” que impide que nuevas generaciones reconozcan luchas que costaron vidas.
El excandidato Juan Daniel Oviedo pidió transparencia: “La historia de las personas LGBTIQ+ es historia de Colombia. El Museo debe explicar qué retiró y cómo garantizará que esas memorias sigan representadas”.
Por ahora, el Ministerio no ha entregado el inventario oficial de las 30 piezas retiradas ni ha informado dónde están.