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COSTA NOTICIAS

La revolución de octubre en Francia. Por: Eduardo Mackenzie

El partido de extrema izquierda pro islamista LFI (La Francia Insumisa), después de haber lanzado a las calles de Francia, el 5, 17, 18, 24 y 31 de octubre, a sus huestes más violentas, con la ayuda del sindicato CGT y de grupos ecologistas y comunistas, y de veteranos del movimiento “chalecos amarillos”, está tratando de lavarse la cara mediante el conocido ardid de transferir la responsabilidad de esos graves motines a sus adversarios.

Jean-Luc Melenchon, el belicoso jefe de LFI, reunió a las carreras un puñado de sus adeptos el 20 de octubre, para gesticular ante las cámaras que él es un pacifista convencido y que no ha dado a nadie la orden de pillar, incendiar y atacar con piedras, morteros y granadas incendiarias a los policías y gendarmes que tratan de contener a los devastadores en las recientes jornadas insurreccionales.

El cabecilla de LFI invitó enseguida a las formaciones de izquierda a alinearse con él para luchar contra el gran peligro del “nazismo” en Francia, es decir redoblar la campaña de re-diabolización del partido de Marine Le Pen, candidata presidencial de derecha (39% de las intenciones de voto) que dispone de un notable margen en las intenciones de voto respecto de Mélenchon (17% de las intenciones de voto) y de los otros candidatos presidenciales (1). Mélenchon insiste, además, en estigmatizar y aislar a los periodistas y a la prensa escrita y audiovisual que combaten los planes de la extrema izquierda y del islamismo en Francia. Un comando de encapuchados intentó irrumpir en CNews, un canal televisivo de informaciones continuas y en la radio Europe 1, el 17 de octubre. Gracias a la reacción de la policía varios asaltantes fueron capturados.

Mélenchon está lejos de convencer a los franceses. Por el contrario, muchos se preguntan cómo el jefe de LFI sigue sin ser llamado por la justicia a rendir cuentas por su instigación subversiva y racista permanente y por su responsabilidad en las cuantiosas pérdidas materiales —más de un millar de euros– que dejan los motines de las “manifestaciones estudiantiles” de octubre que él convoca y orienta. El mismo presidente Macron admitió que el objetivo de los disturbios del 17 de octubre “organizados por la ultraizquierda” fue “hacer caer la República”. Macron dijo eso al final de una reunión en el Elíseo con los servicios de inteligencia.

Sintiéndose inmune, Mélenchon anunció que habrá nuevas manifestaciones los tres sábados que vienen.

Emmanuel Grégoire, el alcalde socialista de París, es de los que afirma sin sonrojarse que el partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional (RN), el mayor de Francia, es culpable de los desórdenes de octubre. Gregoire niega el papel decisivo en el desmadre actual de la odiosa retórica de la extrema izquierda y del partido antisemita.

A pesar de las destrucciones causadas por los vándalos en la capital francesa, el burgomaestre se unió a la operación difamatoria y repitió que los partidos de derecha realizan manifestaciones “nazis” y que las protestas que vemos son necesarias. Él es incapaz de captar el desaliento y la cólera de sus compatriotas que ven cómo esas feroces asonadas están degradando sus ciudades, la belleza de sus avenidas, la prosperidad de sus comercios, la modernización del mobiliario urbano, la cordialidad entre la gente, y que, además, los que tendrán que pagar las reparaciones son, una vez más, los contribuyentes y no los que instigan tales vilezas.

El sentimiento de ras-le-bol crece rápidamente hasta el punto de que los diputados sacaron del olvido una norma que gobiernos anteriores habían abandonado y que obligará a los vándalos a pagar sus destrucciones. Si no son solventes sus familias sufrirán: les retirarán los subsidios y ayudas que reciben de la municipalidad o del Estado. La cuestión es saber cómo los jueces rojos aplicarán la norma.

Los partidos de la derecha patriótica, así como una parte de los medios, asumen posiciones cada vez más críticas frente a la actividad de las falanges de ultraizquierda y de delincuencia común que realizaron, el 31 de octubre, una nueva “jornada infernal” en todo el país, aunque sin superar las del 17 y 18 de octubre. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, logró esta vez limitar la barbarie tras ordenar el despliegue de 70.000 policías y gendarmes en el país, con vehículos especiales antimotines, para encarar los actos de vandalismo más extremos.

Pese a ello, los motines de anoche dejaron 565 policías y gendarmes heridos y más de 500 exaltados detenidos en el país. Dos gendarmes sufrieron quemaduras cuando, en Porte de Charenton, París, recibieron una granada explosiva que estalló y les lanzó, en un segundo, llamas de dos metros de alto, lo que fue calificado por Nuñez y varios políticos como una “tentativa de asesinato” de dos guardianes del orden.

Diputados de LFI en la Asamblea Nacional, a través de un comunicado, habían lanzado dos días antes esta calumnia: “Pocos días después del atentado racista de Trappes, que costó la vida a Pengo Bossio Wangi (2), el gobierno permite que se organice un fin de semana neonazi entre París y Plessis-Robinson”.

El tal “fin de semana nazi” consistía en dos actos para discutir con un ensayista austriaco y escritores y figuras políticas francesas el problema de la inmigración en Europa.

Según los jefes de LFI, discutir sobre la inmigración es “incitar al odio” y equivale a proponer la expulsión de todos los extranjeros (3). En consecuencia, LFI, los ecologistas y el PCF (5 % de las intenciones de voto) proponen que toda deliberación sobre el fenómeno de la inmigración debe ser impedido en los medios y en asambleas en el actual periodo electoral.

El alcalde de Trappes, Ali Rabeh, quiere ir más lejos. Afirma que las normas que sancionan la incitación al odio racial son insuficientes y pide que la teoría del “gran reemplazo”, del escritor Renaud Camus, sea “ilegalizada”. Rabeh no quiere que los franceses discutan sobre un fenómeno que está cambiando la demografía de su país y agravando de manera dramática la criminalidad y la pobreza en las ciudades.

Por su parte, Ian Brossat y Pierre Ouzoulias, dos senadores del PCF, lograron que un prefecto de policía prohibiera el coloquio del 31 de octubre dedicado al tema de la inmigración, con escritores y actores políticos liberales como Éric Zemmour, Alice Cordier y Jean-Yves le Gallou. También impidieron la sesión de firmas del ensayista austriaco Martin Sellner, quien iba a presentar en la librería Logos de París, el 30 de octubre, su libro Remigration. La víspera, Martin Sellner fue notificado por la policía, a la salida del avión, en el aeropuerto de Beauvais, que tendría que regresar a Austria. Este obedeció, pero respondió en una red social: “Es inaceptable que hablar de nuestro reemplazo étnico y exigir la remigración sean tratados como un acto criminal”.

“Tenemos un gobierno fabuloso”, ironizó el exdiputado del Parlamento Europeo Jean-Yves le Gallou, quien denunció la represión macronista “contra toda forma de resistencia ante la permisividad migratoria”. Y agregó: “Este gobierno permite la entrada de cientos de miles de inmigrantes ilegales en nuestro país cada año y es incapaz de detener a los Black Blocs que llegan a Francia antes de las manifestaciones. En cambio, es perfectamente capaz de detener a un ciudadano europeo”.

Para los caciques de la minoritaria ultraizquierda sus antagonistas son todos “neonazis” que no deben poder expresar sus puntos de vista. Uno de ellos, Balli Bagoyoko, alcalde de Saint Denis, que está en vía de arrebatarle a Mélenchon el estrellato por haber proclamado “la violencia es legítima”, lanzó hace cinco días en el plató de LCI otra gran idea: prohibir la presencia mediática del partido RN de Marine Le Pen durante la campaña presidencial y privar de la palabra a todo líder político que él designe como “racista”.

La respuesta espontánea de los comerciantes a la serie de pillajes es ejercer el derecho a la autodefensa frente a los saqueadores. Este viernes 30 de octubre de 2026, un sondeo de CSA para CNews y Europe 1, indica que el 79 % de los consultados reclama el derecho a la autodefensa. No sin razón: la prensa explica que en las movilizaciones de octubre 1.161 establecimientos fueron degradados y pillados.

Esta cascada de intimidaciones, violencias y propuestas lunáticas y liberticidas y el odio con el que decenas de gamberros y antifascistas de pacotilla devastaron las librerías de la Fnac de Nantes y Lille y atacaron y destrozaron en París, Grenoble y Estrasburgo pequeñas librerías para niños y pillaron varios comercios de mangas, de figurines, juegos video y cartas para coleccionar, especialmente de Pokemon y One Piece, al margen o al final de las manifestaciones (4), muestra bien dónde se esconde verdaderamente el proyecto nazi-bolchevique de nuestro tiempo.

(1).- “En la segunda vuelta, Marine Le Pen vencería ampliamente a Jean-Luc Mélenchon (68 % frente a 32 %) y también se impondría en todos los demás escenarios analizados. La diferencia más reducida se produciría en un duelo con Édouard Philippe, aunque incluso entonces Marine Le Pen ganaría con una ventaja de 12 puntos (56 % frente a 44 %), según Radio France International, 21 oct 2026: https://www.rfi.fr/es/francia/20261021-francia-probable-duelo-entre-los-extremos-en-las-presidenciales-seg%C3%BAn-los-sondeos

(2).- Pengo Bossio Wangi fue asesinado el 24 de octubre por los disparos efectuados desde un vehículo en Trappes por un individuo, Kevin T., de 39 años, que dijo querer vengarse del vandalismo del 17 de octubre. El agresor hirió a otras cinco personas, entre ellas una niña de 12 años que sufrió graves heridas. Kevin T.  fue capturado por la policía horas después de la sangrienta incursión y acusado por la justicia de asesinato y tentativa de asesinato racista.

(3).-  Sobre el concepto de remigración, Eric Zemmour señaló: “No es un acto de brutalidad. Ni un desvarío. Es, sencillamente, la aplicación de la ley. Se trata de la expulsión efectiva de los inmigrantes en situación irregular, de los delincuentes y criminales extranjeros, de quienes han visto denegada su solicitud de asilo, de los extranjeros desempleados; en definitiva, de todos aquellos que viven de las ayudas sociales sin trabajar.”

(4).-  https://actualitte.com/article/134705/librairie/apres-les-violences-du-17-octobre-le-bilan-s-alourdit-pour-les-librairies

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