
Resulta difícil elegir el tema de una columna por las noticias rápidas, por un lado, la política, por otro lado, el fútbol, temas sensibles para la mayoría de los colombianos. Pero hay un tema en común, que es transversal para los dos. Es el relacionado con la disciplina y el respeto, para poder determinar la diferencia entre figuras que resonaron internacionalmente con ocasión del mundial y la comparación aun cuando un poco engorrosa, pero que lamentablemente hay que hacer, de cara a los logros, en primer lugar, del deporte que une amores y desamores, alegrías y frustraciones, teniendo como patrón la esperanza, la ilusión de llegar a una final mundial. No perdimos ningún partido y solo la suerte de los goles definió el futuro la Selección Colombiana que debió viajar por tres países, el único equipo que lo hizo, con la maleta en la mano, agotándose físicamente, porque volar en sí mismo significa un inmenso desgaste físico y emocional.
Además de lo anotado anteriormente, hay que tener en cuenta el caso del jugador que lidera nuestra Selección. En el caso de James Rodríguez quien recientemente permitió que Netflix transmitiera una producción acerca de su joven vida, obliga examinar la afirmación de que solo tenía compromiso con los tiempos de entrenamiento del deporte, sin tener que practicar otras rutinas como la bicicleta estática, con la excusa que no iba a participar en eventos de ciclismo. Significa que James se ha formado con el criterio de burócrata de escritorio, no hizo lecturas con mayor trascendencia, porque desde muy niño no le fue inculcada en el hogar la importancia de la disciplina y el sacrificio que son necesarios, puesto que el talento no es suficiente. Esa ha sido la razón por la cual entró en conflicto con los directores técnicos de los equipos profesionales a los que ha perteneció, sufriendo las “banqueadas”, restando experiencia práctica en la cancha que, además se traduce en el denominado “físico”, por lo que era imposible resistiera en su condición de capitán los dos tiempos de un partido. Triste. Estas carencias se reflejaron en el mundial. No puede negarse que fue elegido el goleador de un certamen, pero de glorias no se vive.
De frente vemos tres figuras totalmente opuestas, con férrea disciplina, una de ellas practica varios deportes, se fortalece física y espiritualmente, aumentando las rutinas diarias. Se llama Erling Haaland que se vislumbró como un fenómeno justo cuando se despiden de mundiales Messi y Ronaldo. El primero desde pequeño iniciado en varios deportes, padres deportistas, pero con mayor influencia de su progenitora exatleta de heptatlón, Gry Manta Braut quien le enseñó tres lecciones inamovibles a este vikingo: 1.-No uses la violencia para resolver conflictos, 2.- Respeta a todas las personas y 3.-Nunca dejes de ser humilde y por ello en una ocasión lució en la camiseta el apellido de ella. Messi ha sido ejemplo de disciplina, al llegar a Barcelona, la demostró apareciendo en el lugar del entrenamiento mucho antes de la hora de convocatoria y siempre actuando con enorme humildad. Su progenitor marcó su disciplina y la madre en la sombra fue el referente de la humildad. Ronaldo no se queda atrás, donde la mentalidad, disciplina y ambición fueron determinantes para su brillante carrera y el ejemplo que significó para tanto joven en el mundo. Ellos, los antes mencionados aprendieron estos principios en el hogar.
En la política también hay contrastes, por un lado, tenemos a Gustavo Petro, que ha mostrado indisciplina permanente y un espíritu subversivo que jamás depuso. No fue determinante ni siquiera en su paso por el M19 en su lejana juventud, no era algún arrojado joven dispuesto a morir por sus “ideales”, sino un ser rastrero, desleal y perverso, sin amigos. Según la exsenadora Paola Holguín, como congresista fue un verdadero fiasco, jamás ponente de alguna ley, hacía presencia eventualmente en el Congreso, para realizar alguna diatriba altisonante y nada más, señalando que realmente el indisciplinado genio y figura de este personaje fue una creación periodística. En alguna ocasión, cumpliendo tarea en el Congreso, alguien me relató que cuando incendiaba con su palabrería en algún debate, aducía que tenía las pruebas y agitaba un legajo de papeles, los cuales jamás dejaba a disposición de la secretaria del Senado, porque no eran documentos probatorios. En estos últimos días, ante la inminencia de la entrega del poder que no creyó perdería su partido político, pues mediaba el voto fusil como último recurso significando más de cuatro millones de votos, que habían sido negociados entregando territorio nacional y haciendo genuflexión a la impunidad, favoreciendo a la delincuencia organizada en sus diferentes variables, por supuesto desatornillarse del poder ha sido un baldado de agua, porque los cálculos les salieron mal (los zurdos son malos en todo y en matemáticas) y por tanto, ha reafirmado que es un gamín nato, un patán, un ser sin escrúpulos, sin los valores que debió aprender en el hogar que es posible no le inculcaron, incluyendo los relacionados con la civilidad. Será inolvidable, si, por el deshonor y la indignidad que siempre han sido su impronta, sin hogar respetable, sin vida ejemplar, la antítesis de las virtudes. Que martirio soportar a este hombre.
Ahora hemos entrado en la era del Tigre. Los orígenes de Abelardo De La Espriella están en una pareja de costeños del Sinú, que debieron formar en valores a su hijo, quien lanza en ristre considera la familia como un baluarte importante. Funda su propio hogar con otra bella costeña administradora de empresas, madre de sus cuatro hijos. Ambos muestran estilo y gusto refinados, donde la disciplina se intuye como la base de su éxito económico y espiritual. No tendremos motivo para sentirnos abochornados por los osos nacionales e internacionales. Será motivo de orgullo, la pareja presidencial.