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Amenaza anunciada. Por José Félix Lafaurie

Contundente el presidente Duque: “…no estamos ante el nacimiento de una nueva guerrilla, sino frente a las amenazas criminales de una banda de narcoterroristas (…) Quienes escojan la ruta de la criminalidad, sufrirán todo el peso de la Ley”.

lafaurieHoras antes, Iván Márquez, en una proclama sesentera, hacía el anuncio, a cual más anacrónico, del “comienzo de la segunda Marquetalia”, del regreso al monte y a las armas para luchar contra “la oligarquía excluyente y corrupta, mafiosa y violenta”, empezando con “la instalación en el Palacio de Nariño de un Nuevo Gobierno colocado allí por una gran coalición de fuerzas de la vida, de justicia social y democracia, que convoque a un nuevo diálogo de paz”.

Con razón, hasta sus excompañeros la calificaron de “equivocación delirante”. Sí que lo es, más no solo por el anuncio de retomar las armas, sino por su cinismo y amenaza. Un asesino acusando de violencia y hablando de “fuerzas de la vida”; un mafioso acusando a otros de mafiosos; un reclutador de niños, extorsionista y secuestrador hablando de justicia y democracia; el traidor al tal Acuerdo de paz, exigiendo nuevos diálogos. ¡Delirante!

La izquierda y sus socios del centro-santismo, perplejos, se limitan al rechazo protocolario, a la mezquindad de la mentira estigmatizante –el Gobierno y el Centro Democrático están de fiesta– y a echarles a ambos la culpa, al punto que un oscuro ex-viceministro afirmó en redes que “Iván Duque y Álvaro Uribe son los máximos responsables de la nueva guerrilla”. ¡Delirante!

¡Faltaba más! Márquez y Santrich, a quienes Maduro enalteció como “gestores de paz” en el Foro de Sao Paulo, sí gestionaban, pero negocios ilícitos. Márquez voló tempranito cuando su sobrino prendió el ventilador, y Santrich, cínico por antonomasia, se aprovechó de la impunidad de la JEP y la ligereza de la Corte Suprema, y hasta se posesionó como parlamentario antes de poner pies en polvorosa. Se burló de todo y de todos, ante la impotencia de un Gobierno convencido de su condición mafiosa, pero atado por su indeclinable respeto por las instituciones.

¿Conclusiones?

Primero: Era predecible, y eso acentúa la responsabilidad de la JEP y de la Suprema. El paisa se voló desde abril de 2018. En enero de 2019, ya desde la clandestinidad, Márquez publicó un video que es todo un avance de las acusaciones y anuncios de su proclama delirante, y por si fuera poco, la justicia de Estados Unidos tenía pruebas contundentes de los delitos de Santrich después de la firma del Acuerdo, y aun así lo dejaron volar.

Segundo: Confirma el engaño de las Farc detrás de las negociaciones, que no estaban preocupadas por las víctimas –¡mentira! –, sino por: 1) Total impunidad en la JEP, que ya la consiguieron todos, los que se volaron y los que no; 2) Socializar sus responsabilidades para no reparar a sus víctimas y, en cambio, juzgar a sus enemigos históricos en la misma JEP; 3) Lavar sus inmensos recursos; y 4) Mantener abierta la puerta de la ilegalidad. Por eso no entregaron todas las armas ni todas sus riquezas, y conservaron “sus negocios” a través de las disidencias.

Tercero: Mientras Maduro era garante del proceso, también lo era de proteger el negocio de sus socios: el narcotráfico que hoy sostiene su dictadura corrupta.

Cuarto: No se puede sobrestimar la capacidad de daño de estos delincuentes, frente a un Gobierno firme y una Fuerza Pública comprometida, pero tampoco se puede subestimarlos. Son una amenaza.

Nota Bene: Mientras tanto, el Nobel busca también impunidad en la Comisión de Acusaciones, cambiando de investigador a su antojo y conveniencia.

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