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Alfonso Lizarazo: se apaga la voz que enseñó a Colombia a reír. Por: Silverio José Herrera Caraballo.

La televisión colombiana perdió este martes 4 de agosto a uno de sus arquitectos más influyentes. En Barranquilla, ciudad donde residía desde hace varios años, falleció a los 85 años Alfonso Lizarazo Sánchez, comunicador bumangués cuya trayectoria ayudó a transformar para siempre la radio, la música juvenil y el entretenimiento en el país. Su muerte, ocurrida hacia las seis de la tarde en su residencia del barrio El Golf, fue confirmada por allegados y miembros del elenco de Sábados Felices, programa que él concibió, bautizó y condujo durante más de un cuarto de siglo. En los últimos meses afrontaba diversos quebrantos de salud.

Con su partida desaparece una figura irrepetible de la televisión nacional. Lizarazo no fue únicamente un presentador exitoso; fue un innovador de los medios de comunicación colombianos, un descubridor de talentos y un hombre que entendió, mucho antes que otros, que la radio y la televisión debían evolucionar al ritmo de las nuevas generaciones.

Su historia comenzó lejos de los estudios de televisión. Nacido en Bucaramanga el 29 de diciembre de 1940, llegó a Bogotá con apenas 18 años cargando sueños muy distintos a los que finalmente marcarían su destino. Aspiraba a estudiar ingeniería, derecho o abrirse camino como vendedor. Sin embargo, el azar (o quizá la intuición de quienes reconocieron tempranamente su talento) lo llevó hasta Caracol Radio gracias al respaldo de su paisano Julio Nieto Bernal, entonces gerente de la cadena.

Ingresó realizando turnos en los controles de las emisoras. Era un trabajo silencioso, detrás de los micrófonos, pero suficiente para demostrar disciplina, capacidad y una extraordinaria comprensión del lenguaje radiofónico. No tardó en convertirse en reemplazo de locutores y posteriormente en director de Radio 15, una emisora que terminaría siendo referente de la juventud colombiana en plena explosión de la llamada Nueva Ola.

Desde allí compartió escenario con artistas como Lyda Zamora, Óscar Golden y el dúo Ana y Jaime, al tiempo que, junto con Carlos Pinzón, impulsó el primer sistema nacional de emisoras dedicadas exclusivamente a la música juvenil, con presencia en Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla. Aquella iniciativa representó una verdadera revolución para la radio nacional, acercando nuevas tendencias musicales a miles de jóvenes colombianos.

Su visión trascendió las cabinas. Fue también el creador y organizador de la recordada gira “Milo a gó-gó”, patrocinada por Cicolac, considerada uno de los primeros grandes circuitos nacionales del rock colombiano. Cerca de sesenta presentaciones recorrieron las principales ciudades del país llevando a agrupaciones emblemáticas como Los Speakers, Los Ampex, Harold, Óscar Golden y el Ballet de Katy Chamorro a escenarios que hasta entonces pocas veces habían recibido espectáculos de esa naturaleza. Aquella gira demostró que el entretenimiento también podía convertirse en un fenómeno nacional.

Como muchos pioneros, conoció igualmente los tropiezos. Entre 1981 y 1983 fundó Lizarazo TV, una programadora con la que buscó consolidarse como empresario audiovisual. El proyecto no logró mantenerse tras la licitación de ese período, pero el revés jamás significó el final de su carrera.
Poco después regresó con fuerza a la televisión dirigiendo Estudio 15, espacio musical que obtuvo el reconocimiento como el mejor programa de su género y que confirmó su extraordinaria capacidad para producir contenidos de calidad.

Sin embargo, su nombre quedó definitivamente inscrito en la historia el 5 de febrero de 1972. Ese día debutó Campeones de la Risa, formato que muy pronto evolucionaría hasta convertirse en Sábados Felices, el programa humorístico más longevo de la televisión colombiana y uno de los más antiguos del mundo aún vigente. Fue el propio Alfonso Lizarazo quien propuso el nombre con el que varias generaciones identificarían las noches de los sábados en millones de hogares colombianos. Durante más de 26 años condujo el espacio y abrió las puertas a humoristas que terminarían convirtiéndose en referentes nacionales, entre ellos Hugo Patiño, Jaime “El Flaco” Agudelo, Carlos “El Mocho” Sánchez, Enrique Colavizza y Heriberto Sandoval.

Su verdadero legado, sin embargo, va mucho más allá de los índices de audiencia. Lizarazo comprendió que el humor era un lenguaje capaz de reunir a las familias alrededor del televisor en un país marcado durante décadas por la violencia, la incertidumbre y las dificultades sociales. Mientras Colombia atravesaba algunos de sus momentos más complejos, él insistía en ofrecer dos horas de risa, encuentro y esperanza.

Las nuevas generaciones quizá no alcancen a dimensionar la influencia que tuvo sobre la cultura popular. Durante décadas fue una de las figuras más familiares del país. Su voz anunciaba el comienzo del fin de semana para millones de colombianos y su estilo, siempre elegante, cercano y respetuoso, marcó una época en la que el entretenimiento privilegiaba el talento por encima del escándalo.

Con Alfonso Lizarazo desaparece uno de los últimos grandes pioneros de la televisión nacional. Pero su obra permanece viva en la memoria colectiva, en cada humorista que encontró una oportunidad gracias a él, en cada artista que impulsó desde la radio y en cada familia que convirtió los sábados en un espacio para compartir frente a la pantalla.

Hoy Colombia no despide solamente a un presentador. Despide a un hombre que ayudó a escribir buena parte de la historia de sus medios de comunicación. Su voz se ha apagado, pero su legado seguirá resonando allí donde una sonrisa recuerde que hubo un tiempo en que Alfonso Lizarazo hizo de la alegría un patrimonio nacional.

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