
Tras el anuncio del presidente Abelardo de la Espriella de que el ministerio de Cultura no permitirá que continue la apología del terrorismo en los museos de Colombia fueron retiradas más de 30 obras que habían sido instaladas en el Museo Nacional de Bogotá para exaltar la memoria de los jefes del terrorismo comunista que ensangrientan desde hace décadas a Colombia.
En el ministerio de Cultura, con sede en el Claustro de Santa Clara, el presidente dijo: “Le he dado instrucciones a la señora ministra para que toda esa oda al terrorismo, en la que aparecen Pizarro y otros terroristas, desaparezca de los lugares públicos. No lo voy a aceptar y eso es precisamente lo que hemos venido a enfrentar. No acepto la apología del terrorismo. En este gobierno eso se acabó”. La orden fue acatada de inmediato.
Paola Holguín, la nueva ministra de Cultura, defendió el retiro de 30 “obras”, símbolos del M-19 que por orden del anterior presidente, Gustavo Petro, habían inundado el Museo Nacional. Ella dijo: “El Museo Nacional es uno de los centros culturales más importantes del país. Es la primera institución de este tipo en Colombia y una de las más antiguas de América; cuyo propósito es reflejar el alma de la Nación. El Museo Nacional, como parte del Estado, tiene el propósito de conservar, restaurar, proteger y socializar nuestra cultura. Su vocación institucional no consiste en servir como instrumento de adoctrinamiento político (…) el Museo Nacional no puede ser un espacio de apología al delito o revictimización. Tiene que observar los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición”.
Furiosa con la decisión del gobierno, la hija de Carlos Pizarro, María José Pizarro, exsenadora del Pacto Histórico, recurrió al insulto. Dijo que el gobierno actual decidió “asesinar nuevamente” al jefe terrorista, “como en los tiempos del fascismo paramilitar”. Otros exaltados de extrema izquierda se quejaron de la acertada iniciativa presidencial. Reducen el punto a una “guerra de símbolos” sin tocar el fondo del problema: ¿Es moral reverenciar el asesinato de decenas de miles de colombianos para imponer una dictadura socialista?
Petro había hecho instalar en el Museo Nacional, como “colección permanente”, imágenes de Carlos Pizarro y de Bernardo Jaramillo Ossa, un jefe comunista asesinado por paramilitares. El ministerio de Cultura, de ese cuatrienio llegó al ridículo de declarar como “patrimonio cultural” un sombrero usado por Pizarro, instigador como cabecilla del M-19 de atentados, matanzas y secuestros. El mes pasado, el Consejo de Estado había anulado la Resolución sobre el supuesto sombrero de Pizarro. “El Estado tiene el deber moral y político de impedir que los espacios culturales sean captados por el socialo-comunismo, enemigo de los valores fundamentales sobre los cuales se erigió Colombia”, reiteró el presidente De La Espriella.
Andrés Barrios Bernal, un padre de familia, criticó el 14 de octubre el deterioro moral e historiográfico en que se encontraba el Museo Nacional: “Hoy traje a mis hijas al Museo Nacional para enseñarles la historia de Colombia y me encontré con una sala llena de afiches de Carlos Pizarro y de relatos donde se atribuye el crecimiento de las guerrillas ELN, FARC y M-19 a los ‘gobiernos represivos’. ¿Cómo es posible que una galería presente mensajes que pueden alimentar el odio y el antisemitismo? ¿Qué les estamos enseñando a los niños? ¿A conocer nuestra historia o a adoptar la ideología de una exposición?”