
En este país tenemos el gran problema de restarle importancia a temas de gran trascendencia. En estos últimos años se agudizó por causa de todos los escándalos casi que diarios generados principalmente desde de la carpa de Nariño. Se permitió que la indignidad fuera el patrón de comportamiento del primer gamín y alguien dio la orden que debería dejársele terminar el periodo presidencial. Por tanto, la oposición bajó la guardia y dejaron solo al doctor Manuel José Abuchaibe, en su denodada lucha al demostrar que Petro había incurrido en una causal autónoma constitucional, que no se encasillaba en problemas de ilícitos del Código Penal, porque entre otras cosas, la perversidad se hizo carne e impuso la idea que quitando la “i” se convertía en lícita la conducta y la Comisión de Absoluciones de la Cámara de Representantes no actuó prevaricando durante su periodo, excepto cuando la tramoyera Arizabaleta montó un sainete, cumpliendo obviamente su tarea y consideró debía suspender al batracio.
Volviendo al tema, el tema del voto fusil no es cuestión menor, se trata de una compleja artimaña que se observó desde los albores de la campaña de Petro, cuando el hermanito del batracio mayor, con todas las competencias para realizar acuerdos, recibir plata y tirar estrategia, acude a la cárcel de la Picota a entrevistarse con los grandes delincuentes, cabezas de grupos dedicados al crimen organizado, de lo cual posteriormente se ufanó. Era su tarea y cumplió su cometido en el otorgamiento de votos para beneficiar a quien, con otra suerte de artimañas o triquiñuelas no santas, accedió al poder; lo demás ya es historia nefasta.
Todo fue un engranaje complejo, el país fue entregado a las narcoguerrillas, la inteligencia militar fue desmontada y lo que quedó penetrada por personajes desmovilizados del M19 o de las FARC. Conforme a los audios publicados por una cadena de radio y televisión, solo con un grupo de paramilitares (causa hilaridad, porque la palabra paraco, fue un término utilizado desde que ingreso a la civilidad Petro en contra de la derecha) fue objeto de negocios y de jugar a los congelados, el punto neurálgico de dar de baja a una serie de oficiales de alto rango, por tanto, de experiencia y conocimiento. Cada uno de esos oficiales tuvo un costo en temas de inteligencia y de formación, que se tradujeron en la merma de la seguridad nacional y perdidas de carácter económico.
Gravísimo, se incrementó el secuestro, los ataques al Ejército, la Armada y la Policía Nacional, dejando estela de muertos. Los lideres sociales también murieron y la voz de alarma #nosestanmatando, dejo de funcionar. ¡Que doble moral la que campea en el país! Los niños continuaron siendo el blanco para el reclutamiento forzado en las narcoguerrillas y paramilitarismo. Las invasiones, el abigeato siguieron siendo un comportamiento normal y la minga venía a iba por todo el territorio de esta patria que tanto ha soportado, dejando su impronta de desorden y suciedad. Las carreteras perdieron la seguridad y la delincuencia de las ciudades hicieron lo propio.
Dos organizaciones no gubernamentales la Misión Colombia Transparente y la Fundación Ideas Para la Paz, se dieron a la tarea de examinar cuidadosamente, a partir de los formularios E-14 publicados por la Registraduría Nacional del Estado Civil, después de la segunda vuelta electoral para la presidencia, el fenómeno que hoy se denomina “el voto fusil”, que es el constreñimiento electoral, conducta descrita como delito en el Código Penal. Otras organizaciones lo hicieron también, pero las que realizaron investigación seria, tomando como referente las zonas advertidas como de riesgo por la MOE y la Defensoría del Pueblo, y, sobre la base de cruce de datos, visibilizaron que aproximadamente 4 millones de votos, por las amenazas en 5.644 mesas, donde no aparecen votos nulos, en blanco, todos por Cepeda y en algunos lugares el 100% de los votos de la mesa, asunto más que atípico, insólito, algo que no puede ocurrir en un país donde no existe cultura electoral.
El beneficiado es Iván Cepeda, hoy auto -declarado en desobediencia civil, pero que cobrará con su ilustrada fórmula electoral los sueldos como congresistas. Los pájaros tirándole a las escopetas o tras de cotudo con paperas dirían mis ancestros. Dos mujeres periodistas de una emisora radial, dicen que esto calificado como voto fusil no existió, pero que las brujas existen, existen y ellas las aplauden.
Lo anterior que puede ser comprobado con los estudios realizados técnicamente, según informe en las redes sociales, sobre los formularios E-14 que se constituyen en pruebas documentales, ha sido objeto de denuncia penal, pero si no hay seguimiento de la actividad investigadora por cuenta de la Fiscalía General de la Nación y de los jueces penales, al tratarse de un ataque real a la democracia colombiana de enormes connotaciones, pasará a ser solo un número más dentro de los expedientes. Acá se pueden deducir esos 4 millones de votos producto del constreñimiento, del guarismo electoral a favor de Cepeda, porque el resto producto de las amenazas de perder empleos, o contratos, los que recibieron a cambio sumas de dinero, tamales o lechona, botellas de aguardiente, tejas, mangueras para conducir agua, pues bien, difícil que es. Acá debe procurarse la declaratoria de nulidad de los votos de esos puestos de votación distribuidos en las zonas de alto riesgo. Esto segunda competencia de la Jurisdicción Contencioso Administrativa.
Desconozco si ya emprendieron las acciones, para preservar la democracia.Un punto que queda huérfano, es la lectura de lo acontecido en las elecciones para el Congreso de la República, donde el voto fusil también tuvo mucha tarea y resultados, que por supuesto pudieron abultar la presencia del Pacto Hampónico en el Hemiciclo.
Los llamados “Acuerdos de Ralito” entre 2001 y 2003, realizados en Córdoba, llevaron a algunas personas a la cárcel y el escándalo que ya es cuestión de olvido, fue por algo de menor dimensión a lo que ha acontecido.