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Iván Cepeda y la técnica estalinista de la calumnia sorprendente. Por: Eduardo Mackenzie

Iván Cepeda Castro conoce los viejos trucos de la guerra electoral aprendidos en las escuelas de formación política del PCC. Miremos cómo los utiliza en estos días.

Siete días antes de que terminara la campaña presidencial con la elección del próximo jefe de Estado de Colombia, el candidato comunista Iván Cepeda convocó una rueda de prensa en Barranquilla. Único tema:  lanzar una serie de calumnias improvisadas contra su rival Abelardo de la Espriella, el candidato que los colombianos designaron, el 31 de mayo pasado, como vencedor de la primera vuelta de la elección presidencial.

En tono grave, Cepeda dio a entender que estaba molesto porque el candidato De la Espriella propone “un plan de choque para rescatar el sistema de salud”. En lugar de admitir que el presidente Gustavo Petro, su padrino principal, era quien había desbaratado el sistema de salud de los colombianos, Cepeda invirtió los hechos. Dio a entender que Petro había mejorado los servicios hospitalarios y de salud del país y que el programa alternativo de Abelardo de la Espriella sería un crimen.

Enseguida, esgrimió la técnica de la insinuación no verificable. Esta consiste en tomar un intrincado pleito penal viejo de varios años, donde supuestamente se habrían cometido infracciones, y amalgamar a eso, sin proveer prueba alguna, el nombre de la persona que es el objetivo de la sucia maniobra. Como en ese caso es casi imposible para la justicia reabrir el expediente y encontrar en pocos días pruebas o trazas que vinculen o no al calumniado con la comisión de un delito, la trampa queda montada.

El candidato del Pacto Histórico, tras su derrota del 31 de mayo, sacó del cubilete el caso de Saludvida, una empresa liquidada de Barranquilla, para amalgamarle al candidato del movimiento Defensores de la Patria uno o varios delitos, aunque éste no haya cometido ninguno ni ha sido objeto de reproches por recibir honorarios cuando era abogado de esa firma.

El objetivo es, pues, hacer que la prensa y los medios locales y las agencias extranjeras de prensa, retomen la narrativa de Iván Cepeda sin poder examinar el fondo del asunto, ni el expediente, ni la documentación básica, y la presenten como hechos verificados y contribuyan a transformar una ficción en realidad presunta.

Iván Cepeda sabe que esa operación, además, debe ser realizada como una pieza de teatro: con decorados, colores, signos y luces especiales. Cepeda lució una camisa blanca, cuello Mao, para evocar la serie de virtudes – decencia, decoro y transparencia–, que él quisiera encarnar pero que él mismo demolió en su caso personal desde que se dedicó a abusar de su condición de senador para recorrer durante años cárceles en Colombia y Estados Unidos con un sólo objetivo: buscar criminales y comprarles falsos testimonios, ofreciéndoles beneficios judiciales indebidos, gracias a las complicidades que él cultivaba dentro de algunos juzgados, para montar un proceso de venganza y desacreditar a Alvaro Uribe, quien había tenido el inmenso honor y el coraje como presidente de la República de derrotar a las Farc, sacarlas de sus campamentos, dispersar a sus cabecillas, quitarles en una sola operación de las Fuerzas Armadas sus 15 rehenes “políticos”, y atrapar y neutralizar a una parte de sus capos en países limítrofes, en el periodo de 2002 a 2010.

No es una casualidad que Cepeda, esta vez, haya desempolvado un caso de noviembre de 2018. Su interés no es que la Fiscalía se pronuncie al respecto, cosa imposible de hacer en siete días, sino tratar de enlodar al popular candidato de la derecha. Lo cual parece imposible dado el inmenso fervor despertado por su campaña a pesar de las intimidaciones que la población rural sufre a manos de grupos armados sobre todo en Cauca, Chocó, Nariño y Antioquia.

Conclusión, lo hecho en Barranquilla por Iván Cepeda es una muestra clásica de un delito que no existe, lamentablemente, en Colombia, aunque sí en otros países modernos: el abuso de las vías de derecho para arreglar cuentas personales o pleitos políticos.

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