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Victoria de la derecha: Laura Fernández obtiene la presidencia en Costa Rica

Su llegada al poder confirma el retorno de una forma de pensar que defiende instituciones sólidas y disciplina estatal.

En un continente marcado por crisis de seguridad y economías frágiles, el país caribeño se une al giro conservador que prioriza control del territorio, legalidad y recuperación del Estado con firme respaldo ciudadano y político.

Valledupar, 1 de febrero de 2026.- La ola conservadora que recorre América Latina sumó un nuevo capítulo este domingo con la victoria de Laura Fernández, candidata del Partido Pueblo Soberano, quien ganó la Presidencia de Costa Rica en primera vuelta con un 53,01 % de los votos, superando por amplio margen a su contendor más cercano, Álvaro Ramos (30,05 %).

Fernández politóloga de 39 años, se convierte así en la segunda mujer en la historia del país en llegar al poder y en la figura más representativa del giro ideológico que vive la región. Con un discurso centrado en el orden, la soberanía y la restauración de la autoridad del Estado, su victoria encarna el regreso de una derecha que se asume como alternativa real frente al desgaste de los proyectos progresistas.

“La democracia ha hablado. Costa Rica ha votado por la continuidad del cambio, un cambio que rescate las instituciones y las devuelva al pueblo soberano para generar bienestar y prosperidad. Hemos dado ejemplo de cómo las urnas pueden alentar una auténtica revolución política”, dijo la presidenta electa ante una multitud en el Hotel Aurola, en San José.

Entre sus principales propuestas está la suspensión de garantías individuales en zonas específicas para capturar delincuentes vinculados al narcotráfico, medida que ha generado críticas en sectores opositores, pero que Fernández defiende como necesaria para “liberar territorios capturados por el crimen”.

También propone fortalecer el aparato judicial, elevar las penas contra el crimen organizado y concluir la construcción de una cárcel de máxima seguridad, que será, según su equipo, “el primer paso hacia la reconquista del orden en zonas donde el Estado ha sido desplazado”.

Sus ideas se distancian de la corrección política habitual en campañas presidenciales y conectan con un electorado harto de la violencia, la impunidad y el deterioro de los valores cívicos. En Costa Rica —país históricamente visto como un bastión de centro moderado— la contundencia de la propuesta de Fernández marca una ruptura simbólica con el gradualismo institucional.

A nivel regional, su victoria es leída como un síntoma claro: el péndulo político latinoamericano volvió a girar, y lo hace en favor de opciones que prometen autoridad, seguridad y un nuevo pacto con la ciudadanía basada en orden y resultados. Laura Fernández gobernará entre 2026 y 2030, con mayoría política, legitimidad electoral y una narrativa que no teme nombrar al adversario: el crimen, el relativismo ideológico y el debilitamiento del Estado.

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