
Son tantas las babosadas que se han escuchado a través de los años, de los congresistas en Colombia, lo cual obliga a repensar los requisitos que exige la Constitución Política. Hemos escuchado a una congresista afirmar sin ninguna pena, que algunos colombianos trabajan sesenta horas al día. De otra, al inicio del periodo que recién terminó, afirmó sin ruborizarse que no sabía cual era la labor que cumpliría en la cámara para la que había sido elegida, persona que solo la conocía su mamá y compañero permanente, que en alguna ocasión dejó filtrar el desaseo y desorden de su habitación, obvio elegida por los quereres en una lista cerrada, por lo que la ley de gravedad la aplastó en una curul. Creo que esta última salió con la cereza en el helado cuando manifestó: “obligar a un niño a asistir al colegio es una forma de violencia y adoctrinamiento”. ¡No hay derecho! Me recuerda la canción de Molotov titulada “pendejo”, pues por la edad los hechos diarios me llevan a ubicarme en canciones de diferentes géneros.
Algunos han sido osados al realizar afirmaciones en contra de las leyes físicas o químicas. No ha faltado quien desconozca la geografía y la historia nacional, al punto que pretendió posesionar como vicepresidente de la Cámara de Representantes a Simón Bolívar y obliga a exclamar: ¡ubícate! Tampoco ha sido raro que alguien haya realizado afirmaciones contrarias a tratados que invocan para aparentar que son genios en materia de derecho internacional. A otros ni siquiera se les conoce la voz. No han faltado quienes han osado hablar de derechos humanos, cuando fueron actores directos de delitos de lesa humanidad y alguno se “delicó”, porque en un lugar le recordaron su estatus delictivo.
No hay derecho. Desconocen lo mínimo que debería conocer quien aspire a ser legislador, la Constitución Política, mucho menos la historia de nuestras constituciones o Cartas de Batalla como las denominó un ilustre académico. Las exigencias constitucionales son tan mínimas que ya es hora que se entre a colocar condiciones de formación a fin de que cumplan la labor tan delicada, que evité la llegada de sombríos personajes que por ejemplo el único proyecto de ley fue postular como emblema nacional la arepa de huevo. Huevo si tenía ese congresista que gastó una de las tres neuronas que retumbaban en la cavidad craneana. No hay derecho que se ganara mensualmente más de cincuenta millones de pesos, por ir a calentar banca en los salones del Congreso y que por echar de menos ese platillo costeño, quisiera convertirlo en un símbolo más de la patria, inaplicando el principio de igualdad, porque en Colombia casi que, según el número de departamentos, existen arepas. Para reír y escribiendo no puedo evitar sonreír de ese folclor por el cual pagamos a ineptos en el Capitolio, quienes a veces solo acuden para negociar sus votos a fin de apoyar proyectos que sin son de interés o desinterés nacional.
Hay que repensar y a través de acto legislativo, colocar más requisitos para las aspiraciones al Senado o Cámara de Representantes, pues en el país en que vivimos hay dinámicas que deben admitirse, como por ejemplo que el nivel de preparación intelectual ha cambiado de 1991 hasta estas fechas. Por entonces asomaban pocos especialistas en diferentes disciplinas, después lenta, pero con ambición académica las universidades criollas ofrecieron programas de maestrías y hoy por hoy doctorados o PHD, para abogados, ingenieros, economistas, etc. lo que definitivamente marca la diferencia. Incluso entre las minorías étnicas y raciales hay profesionales competitivos, los cuales deberían estar legislando y no algunos como la fórmula indígena vicepresidencial de Cepeda que a duras penas llegó a octavo en educación media.
Colombia ha evolucionado culturalmente y al Congreso de la República deben ir los más preparados, a fin de que inviertan su tiempo en favor de los colombianos y no en espera que como consecuencia de la nómina que los cobija, recibir el sueldo mensual, además de otra serie de beneficios, como si fueran la elite de una monarquía hereditaria (escoltas, carros, celulares, pasajes, etc.). Es hora, para evitar tanto inepto. Los brutos con poder son peligrosos. Bien por las renuncias de beneficios por Daniel Briceño. Deberían los futuros congresistas, presentar un examen obligatorio previa su inscripción, sobre derecho constitucional, porque es la ruta para cumplir sus labores, así como de la Ley 5ª /92 o la que estuviera vigente, además del régimen de inhabilidades e incompatibilidades o temas directamente relacionados con el Congreso, a fin de que haya un mínimo de rigor en la política legislativa, porque como dicen en Antioquia “eh Ave María, la manada de taparos que legislan”. O como alguna docente en posgrados afirma: “hay tanta carencia de política legislativa, que por eso sufrimos de diarrea de normas jurídicas”, y si, hay normas que perviven por obra de la estupidez, generando carcajadas, pero no hay derecho que los colombianos paguemos por ese circo.
Si el acto legislativo que está en mora de generarse en torno a este tema no logra el cometido, lo ideal sería un referéndum, de tal suerte que los padres y madres de la patria, no tengan otra salida. A propósito, ni Petro, ni Cepeda durante su paso por el Congreso, generaron ni un solo proyecto de ley, se dedicaron a incendiar con ofensas, hablar de mafias, llegar tarde a las sesiones o ausentarse. Aun así, colombianos ignorantes eligieron al primero para regir los destinos de la nación y casi que se gana la lotería el segundo.