Los últimos sucesos políticos, en especial lo ocurrido en la elección de las directivas del Congreso, comprueban lo afirmado desde hace varios meses por diferentes personas, entre ellas María Fernanda Cabal, quien, de manera concreta, sin duda alguna, señaló que Álvaro Uribe Vélez (AUV) no era de derecha, sino un social demócrata, con aversión al término “derecha”. Le cayeron truenos y centellas, pues consideraron incurría en sacrilegio político. Obvia reacción apenas natural, de quienes pontifican conocer de política y de ideología, pero solo tienen visos o ideas gaseosas de conocimientos sin profundidad que amerite respeto. La misma enfermedad que experimentamos del primer payaso de la nación en estos desgraciados cuatro años, es decir un mar de conocimientos, pero un milímetro exagerado de profundidad, en peroratas que culminaron con la afirmación de la fabricación de carros eléctricos en Colombia. Ella la dra. Cabal, experta en la materia, conocía los caminos traviesos de AUV desde su incursión en la política, cuando pareciera que fue también un outsider, tal como aconteció con Abelardo De La Espriella (ADLE), con la diferencia ideológica que ha sido posible entrever, además del paso del AUV por el senado.
¿Qué es una social democracia? Se trata de una mixtura de ideología inspirada en los países nórdicos, para mi un mal remedo porque no hay punto de comparación con estas economías europeas que, si bien buscan o pretenden Estados Bienestar, tienen con que hacerlo, a partir de una disciplina muy fuerte de respuesta a los impuestos por sus ciudadanos y, el deber de controlar o responder por cada céntimo de sus monedas entregados confiadamente para la administración estatal. Por eso, estos países muestran respuestas concretas, no existe la evasión impositiva y en cambio el Estado atiende los intereses de cada ciudadano, interviniendo la intimidad, cuando pueden observar algún comportamiento que deduzca está enfermo. La social democracia en un país en vía de desarrollo es precaria y utópica, en tanto que por un lado no existen la disciplina impositiva, ni la disciplina social, mucho menos la cívica y el adorno de la corrupción que no existe en la cultura nórdica. El pretendido en Colombia ha sido a partir de la defensa de la propiedad privada y la libre empresa, pero bajo una estricta regulación estatal para evitar monopolios y abusos, tal como se advierte en la Constitución Política, pero teniendo como base la recaudación de impuestos a “fin de distribuir la riqueza y crear una seguridad social que está direccionada a la protección de los más vulnerables”. Duele admitirlo, una cultura de no trabajo.
¿Existe acaso, diferencias entre la Social Democracia y la Derecha? Parecería una pregunta retórica, para una respuesta de la misma naturaleza. Pero no, las diferencias son importantes, pues la principal se encuentra en el papel del Estado y el mercado, en el caso de la socialdemocracia defiende la intervención gubernamental para mitigar la desigualdad y garantizar servicios públicos, en tanto que la derecha intenta priorizar el libre mercado, la propiedad privada y la mínima intervención del Estado en la economía. Creo que esto es suficiente, para marcar la diferencia ideológica.
Los inicios de AUV, en la política, fue el paso de 8 años por el Senado de la República en representación del partido liberal, jamás tomó las banderas del conservatismo. Fue postulado por firmas por una disidencia del liberalismo que se denominó “Primero Colombia”. Durante su paso por el Congreso de la República, abanderó leyes con sentido social entre ellas la Ley 100/93 que impuso la salud subsidiada. Pero también fue cabeza de las leyes 77/89 que permitió el indulto, es decir la impunidad del M19 y lo más grave la Ley 7/92 que eximió penalmente a sus militantes por los delitos conexos con la toma del Palacio de Justicia. Espantoso, una burla a la institucionalidad y sobre todo a la Justicia representada por sus más valiosos magistrados. Ahí es donde surgen preguntas que vuelven a repetirse esta semana. ¿Por qué, esa rara tendencia de AUV a blindar a lo que huela a M19?, porque no solo se puede hablar hoy de la presidencia del senado que a su vez en la presidencia del Congreso de la República, ya que esa decisión tuvo eco en la conformación de la Comisión de Acusaciones o absoluciones, ya que su mayoría fue conformada mayoritariamente con parlamentarios del Pacto Hampónico, con un fuerte olor impregnado por el primer batracio de la nación, que ha enarbolado nuevamente las banderas de ese movimiento de no muy grata recordación, por los actos que cometieron y ellos mismo calificaron posteriormente como “errores políticos”. Esto blinda a Petro, al menos durante un año, lo cual es promesa de AUV.
También fue coherente AUV, cuando dio la orden a sus militantes de dejar que el primer payaso de la nación terminara su periodo presidencial, tal como dio la orden a través del director del partido de no abuchear a Petro durante su última intervención ante el Congreso el pasado 20 de julio. Sin embargo, su posición cambio ligeramente con ocasión a la activación del juicio en su contra.
Paloma Valencia salió a ratificar que AUV no es de Derecha. El CD se fortaleció muchos años con conservadores que creyeron equivocadamente al huir de las huestes azules que tomaron variopintos colores sobre todo apuntalados en el lentejismo, olvidando la doctrina de Caro y Ospina. Ahí se cifra ahora parte del fenómeno de los Defensores de la Patria, quienes retoman los valores y principios urgentes en una sociedad, la derecha huérfana que había sido seducida por el partido de la U, que en principio era el partido de Uribe y por azares de la política se transforma en el CD. Paloma fue protagonista, al mostrar la realidad en su campaña. Lo que no se entiende es como, María Fernanda Cabal insistió en dos oportunidades ser candidata a la presidencia, siendo conocedora excepcional del fastidio de AUV por la “derecha” y sus maniobras maquiavélicas. Ahora, atando otros cabos, comprendemos a este señor y entendemos sobre todo su coherencia. Nieto se hundió, porque una imagen que se repetirá muchas veces, vale más que mil palabras.