
Después de tres días de vacilación y negacionismo, el espacio mediático y la clase política comienzan a reaccionar de alguna forma contra la violencia cada vez más brutal y visible de las organizaciones de extrema-izquierda en Francia.
La muerte el sábado pasado de Quentin, un estudiante de matemáticas de 23 años que fue linchado el jueves anterior en una calle de Lyon, con otros dos jóvenes, por una escuadra de “antifascistas”, conocida como la “Jeune Garde” (la joven guardia) por el hecho de que protegían una manifestación de 15 feministas, se transformó, por fin, en un escándalo nacional.
Un número importante de ministros, parlamentarios, políticos, periodistas y universitarios exigen una investigación rigurosa de lo que ocurrió en Lyon. El presidente Emmanuel Macron, durante una entrevista el domingo, calificó a La France Insoumise (LFI) como un movimiento de “extrema izquierda” en el que surgen “expresiones antisemitas” que “hay que combatir”. Algunos piden que el gobierno tome medidas contra LFI y sus diputados si se comprueba su participación directa o indirecta en la muerte de Quentin. Al respecto, Macron anunció que presentará un proyecto de ley que permita “destituir a los diputados que sean condenados por racismo, antisemitismo y discriminación”. Pero tal ley sólo estará vigente en 2027.
En junio pasado, la “Jeune Garde” había sido ilegalizada por el ministro del Interior por sus actos de violencia, pero fue reconstruida y sigue operando bajo otro nombre. Raphaël Arnault, diputado de la Asamblea Nacional y miembro de LFI, es el fundador e ideólogo de la “Jeune Garde”. Jacques-Elie Favrot, presunto autor de los golpes que cegaron la vida de Quentin, es asistente parlamentario de LFI. El niega la acusación. Rafael Arnault debe renunciar, pide Némesis.
La bajeza del espacio mediático que justificó prácticamente la muerte de Quentin diciendo que era un activista de “derecha” o de “ultraderecha”, también genera descontento. Algunos explican que mientras ocultaban lo ocurrido en Lyon esos medios omitían revelar que el agresor de un policía el viernes por la noche en el Arco del Triunfo de París era un musulmán.
La atrocidad que le costó la vida al joven católico y pacifico Quentin había sido ejecutada por gente cercana a LFI que dirige un ex socialista, Jean-Luc Melenchon (1). De hecho, Quentin fue atacado cerca del Instituto de Estudios Políticos de Lyon donde Rima Hassan, la principal agitadora propalestina y eurodiputada de LFI, realizó un happening. Los 15 esbirros de LFI persiguieron por las calles a los tres activistas con el objetivo de lincharlos. El video difundido por TF1 mostró claramente la escena de horror.
Empero, durante dos días, el espacio mediático –excepto el principal canal de televisión CNews–, soslayó los hechos que rodearon tal atrocidad. Como es habitual, la infame ley no escrita del “privilegio rojo” trató de imponerse. Los medios ocultaron la cercanía de los matones con LFI y mintieron al decir que la víctima era de “extrema derecha” y había sido herido en una “riña callejera”.
Pero las imágenes que presentó Alice Cordier, directiva del grupo feminista Némesis, y la agilidad de los periodistas de CNews, evitaron que ese crimen fuera atribuido a otros.
Obviamente, Mélenchon apeló a la guerra de información. Trató de reescribir los hechos y hacer tragar a su clientela una sopa surrealista. En un mitin en Montpellier, repitió en tono desesperado lo de la “riña”, dijo que en lo de Lyon no estuvo la “Jeune Garde” y estalló al insistir en que la víctima no era Quentin sino ellos, LFI, pues el mitin de Rima Hassan había sido “atacado” por los fascistas. “¿Atacado por 15 mujeres y unas pancartas?”, le respondió Alice Cordier.
En todo caso el Partido Comunista Francés, experto en desinformación, salió en defensa de LFI. Elsa Faucillon (ese apellido no es inventado) declaró: “No hay nada de violento en LFI”. El jefe del Partido Socialista, Olivier Faure, consideró “inaceptable” el “nivel de violencia alcanzado” pero no tuvo el valor de designar la responsabilidad de la extrema izquierda en esa ola de violencia. Hace unos meses Faure hizo una escandalosa alianza electoral con LFI.
El abogado de la familia de Quentin, Fabien Rajon, denunció por su parte que, sin perjuicio de lo que verifique la investigación oficial, “la emboscada meticulosamente planeada podría haber sido preparada por individuos organizados, que superaban considerablemente en número [a los estudiantes atacados] y, en ocasiones, portaban máscaras”.
Las autoridades investigan y la opinión pública espera que la organización de Mélenchon reciba la sanción administrativa y política que merece por lo ocurrido el 12 de febrero. Mientras tanto, muchos piensan que es indispensable impulsar una fuerte discusión sobre la ética de los medios para que el espectáculo indigno de disimulación y mentiras que vimos en estos días no se repita. Nunca como ahora había tenido más vigencia la famosa frase de Albert Camus: “Nombrar mal las cosas es aportar desdicha al mundo”.
(1).- Jean-Luc Melenchon y el presidente Gustavo Petro son amigos y comparten una mutua adoración por el difunto dictador venezolano Hugo Chávez. Socialistas multicarta, caudillos intratables, ellos coinciden ideológicamente en muchos otros temas sobre todo en su odio visceral contra Israel y la civilización occidental.