Skip to main content

COSTA NOTICIAS

De productor a empresario: tecnología para producir más y mejor. Por: Miguel Ángel Lacouture

En las entregas anteriores de esta Agenda para la Competitividad y Modernización del Sector Agropecuario hablamos de agua, vías, crédito, mercados e infraestructura productiva.

Pero sería un grave error creer que, construidas esas condiciones, ya tenemos un campo competitivo.

La infraestructura permite producir. La tecnología permite producir más, mejor y a menor costo.

Y Colombia tiene aquí otra brecha que debemos cerrar.

No es discurso. Se mide.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo encontró que entre 2015 y 2023 la productividad agrícola colombiana creció apenas 0,65 % anual. Y lo más preocupante: el 72 % del crecimiento del valor de la producción durante ese período estuvo explicado por un mayor uso de insumos, menos de una tercera parte obedeció a mejoras en productividad.

En lenguaje de finca: estamos produciendo más a punta de fuerza bruta, más tierra, jornales, fertilizantes e insumos, poco por cada peso y cada hora de trabajo.

Eso no es sostenible.

Modernizar no significa llenar los predios de computadores, sensores o drones, ni convertir al productor en ingeniero de sistemas.

Significa algo mucho más práctico: poner conocimiento y tecnología al servicio de quien trabaja la tierra.

Saber qué sembrar, cuándo hacerlo, cuánto fertilizar, cuándo regar, cómo manejar el suelo, cómo anticipar una enfermedad, cómo mejorar la genética, cómo alimentar mejor el ganado, cuándo cosechar y, finalmente, dónde vender.

Agricultura de precisión, información climática, imágenes satelitales, monitoreo de suelos, mecanización, genética, reproducción, sanidad, trazabilidad e inteligencia artificial ya no son ciencia ficción.

Son herramientas para producir más y gastar menos.

Pero aquí debemos evitar el autoengaño.

Hablar de inteligencia artificial en el campo mientras miles de productores todavía no cuentan con asistencia técnica suficiente es poner el techo antes que los cimientos.

La tecnología necesita conocimiento, el conocimiento necesita llegar a la finca.

La propia ENA del DANE incorporó un módulo específico de ciencia, tecnología e innovación y preguntó por innovación, mecanización y asistencia técnica, justamente porque la transferencia de conocimiento es una pieza esencial de la competitividad agropecuaria.

Por eso una de las grandes tareas de la política agropecuaria debe ser fortalecer la extensión rural. No basta con que Agrosavia investigue, que las universidades formen profesionales o que el Estado diseñe programas.

El conocimiento tiene que recorrer el último kilómetro: llegar al productor y convertirse en una decisión productiva.

La tecnología que no llega a la finca no es innovación; es conocimiento encerrado.

Colombia tiene instituciones para cerrar esa brecha: Agrosavia, ICA, SENA, universidades, gremios y centros de investigación. Lo que necesitamos es conectarlas alrededor de un objetivo concreto: aumentar la productividad del productor colombiano.

Y aquí aparece otra contradicción.

La inversión en ciencia, tecnología e innovación agropecuaria sigue siendo insuficiente frente al tamaño del desafío. No podemos exigirle al campo competir con países que llevan décadas invirtiendo en investigación aplicada, genética, mecanización y transferencia tecnológica mientras nosotros seguimos tratando el conocimiento como un gasto y no como una inversión.

Brasil entendió esto hace tiempo. Su transformación agropecuaria no ocurrió solamente porque tenía grandes extensiones de tierra. Hubo investigación, genética, mecanización, crédito, infraestructura y transferencia tecnológica.

Chile hizo lo propio en sectores donde logró conectar conocimiento, producción, logística y mercados internacionales.

No se trata de copiar modelos. Se trata de aprender de quienes ya recorrieron parte del camino.

Pero hay otro problema: la escala.

Un pequeño productor difícilmente puede comprar individualmente un tractor moderno, una cosechadora, maquinaria para procesamiento, un sistema de riego tecnificado o herramientas de agricultura de precisión.

Pero varios productores organizados sí pueden hacerlo.

Por eso la asociatividad debe dejar de ser únicamente un mecanismo para recibir subsidios y convertirse en una herramienta empresarial para comprar, producir, transformar y negociar juntos.

Eso también es modernización.

Y aquí aparece la verdadera razón para incorporar tecnología: la rentabilidad.

No necesitamos tecnología para presumir de modernidad. La necesitamos para reducir costos, aumentar rendimientos, mejorar calidad, disminuir pérdidas, anticiparnos al clima y abrir mercados.

En ganadería significa genética, reproducción, nutrición, sanidad, manejo de pasturas, agua, trazabilidad y gestión.

En agricultura significa semillas adecuadas, mecanización, manejo eficiente del agua, fertilización racional, control de plagas, información climática y agricultura de precisión.

En todos los casos el objetivo es el mismo:

producir más con menos y vender mejor.

Y aquí la tecnología se conecta con algo que hemos repetido desde el comienzo de esta Agenda: el productor no puede seguir siendo visto como un receptor permanente de subsidios.

Tenemos que ayudarlo a convertirse en empresario rural.

Un empresario que conoce sus costos.

Que mide su productividad.

Que utiliza información.

Que invierte.

Que innova.

Que negocia.

Y que participa cada vez más del valor que genera.

Pero todo esto requiere algo que también hemos repetido desde el comienzo: seguridad y reglas claras.

Nadie realiza una inversión tecnológica importante si no sabe qué ocurrirá con su tierra, con su inversión, con la seguridad de su finca o con las reglas del mercado.

El productor necesita poder invertir hoy y tener la tranquilidad de que podrá cosechar mañana.

Desde el barro y la bosta, la conclusión es sencilla:

Modernizar el campo no significa sacar al productor del campo. Significa darle las herramientas para quedarse, producir más y vivir mejor de lo que produce.

Colombia tiene tierra, productores, conocimiento, instituciones y mercados.

Lo que necesitamos es conectar todo eso alrededor de la finca.

Porque el productor colombiano no necesita que le digamos que es pobre.

Necesita las herramientas para dejar de serlo.

Y cuando una tecnología reduce costos, aumenta la productividad, mejora la calidad y abre un mercado, deja de ser una sofisticación.

Se convierte en riqueza.

Ese es el verdadero sentido de modernizar el campo colombiano.

@lacoutu

Comparte esta entrada:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore