COSTA NOTICIAS

Colombia y El Salvador. Por: Coronel (RA) Hugo Bahamón Dussán

Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar El Salvador y me impresionó el inmenso nivel de pobreza que observé a causa de la imperante corrupción gubernamental.

Desde hace 5 años, en mi labor como profesor bilingüe he estado enseñando inglés a jóvenes que recién llegan de ese país a los Estados Unidos de América.

A través de ellos y de sus familias, de primera mano, he logrado apreciar el positivo cambio que ha sufrido ese país y comprender la razón principal del éxito de su presidente Nayib Bukkele.

El presidente Bukkele le arrebató el control del país a la vieja política, responsable de la corrupción que generaba la pobreza.

Unió al país alrededor de objetivos nacionales y una esperanza de bienestar que, con un manejo acertado, eficiente y pulcro de la economía, ha logrado empezar a hacer realidad.

Finalmente, fortaleció no solo material, sino moralmente a la fuerza pública y recuperó el respeto de los ciudadanos a la autoridad que solo puede provenir de la legitimidad que emana cuando la sociedad se siente verdaderamente representada por el gobernante.

Eso le ha permitido acometer una misión que parecía imposible:

Acabar con la pesadilla de la “mara salvatrucha” y devolver la tranquilidad a sus compatriotas.

A este día, El Salvador se acerca a su sexto mes sin homicidios.

¿Cuál es, entonces, la enseñanza para Colombia?

La legitimidad de la fuerza pública proviene de una sola fuente: saber que está  siendo comandada por un gobierno que es la genuina representación de la sociedad y que sus integrantes son los mejores, los más honestos, los más capaces y los más comprometidos.

Si esto falla, la autoridad se derrumba y cualquier grupo que enarbole banderas de rechazo, justificadas en la ineptitud, la corrupción y la indolencia del gobierno, la puede confrontar.

La solución, entonces, no está en permitir que sigan colocando a la fuerza pública como carne de cañón contra esos grupos que se manifiestan contra esa “caterva de descastados”, para que esa “caterva de descastados” permanezca en el poder o peor, para que la otra “caterva de descastados” que nos ha traído a este lamentable estado de cosas, vuelva al poder.

La solución está en relevar del poder a esa “caterva de descastados” pero no para reemplazarlos por la vieja “caterva de descastados” sino para colocar en el gobierno a representantes legítimos de la sociedad, verdaderamente comprometidos con el bienestar de todos y no con su propio bolsillo.

Una vez se haya logrado eso, tal y como sucedió en El Salvador, toda la sociedad buena de Colombia, que representa más del 99% arropará al gobierno, elegido en verdadera democracia, no en pseudodemocracia de coimas, puestos y contratos, y como una sola nación, a través de su Fuerza Pública, fortalecida material y moralmente, derrotarán a ese 1% de criminales violentos que nos está robando la tranquilidad.

Ese sí es el verdadero camino.

Lo otro es volver a los mismos con las mismas.

Estudios recientes de la Universidad de Princeton dicen que esta famosa frase no es de Einsten:

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”.

Yo estoy de acuerdo, pues eso, evidentemente no es locura, es la más soberana imbecilidad.

Para su gentil reflexión.

Fuerte abrazo.

Comparte esta entrada:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore