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¿Y de las mujeres qué? Por: Ex magistrada, María Patricia Ariza Velasco

Nos estamos acercando vertiginosamente al 25N, fecha para recordar universalmente la no violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres, sin ninguna clase de distinción política, racial o étnica, convicción religiosa o sesgo social. Es el reclamo sin excepciones que surge cada año, pero que no denota cambios significativos, porque al igual que “las caderas” los índices no mienten. De hecho “Mujeres ONU”, en el reporte a noviembre del año 2024 informa cifras nefastas, de las violencias que son ejercidas contra la mitad del género humano, las cuales van en incremento, advirtiendo que se traducen en porcentajes, de tal forma que el argumento de que aumentan porque la humanidad crece, no sirve de excusa válida, lo cual es una forma de pereza para eludir compromisos que no solo recaen en cabeza de los Estados, también es responsabilidad de la sociedad en general, del tejido social que es formado a través de las células representadas en las familias (sin detenernos a considerar sus tipologías), esas representaciones básicas que desde hace décadas intenta el progresismo destruir, para socavar las libertades.

Resulta complejo, por ejemplo, en el caso Colombia, que se inviertan dineros para combatir el flagelo de las diversas clases de violencias, apareciendo en los presupuestos nacional y territoriales programados gastos para la prevención y solución de este fenómeno, dentro del item para erradicar las “violencias de género”, entrando en ese universo los compromisos  con la población LGTBXYZ…, centrando su atención casi exclusiva en la diversidad que ofrece dentro de las libres opciones de identidad, pero que en proporción matemática representan minorías, advirtiendo que no es que no ameriten o desmerezcan la atención, sino que se centra la prevención y atención en población también vulnerable, pero que en términos porcentuales no corresponde a la realidad que se requiere en un tratamiento más que justo, lógico dirigido a la protección real de niñas, adolescentes y mujeres y que por la concreción de tantas violencias, su incidencia en otros fenómenos sociales adquieren connotaciones mayores. Esto es calificado por expertos como “la tiranía de las minorías”.

Anteriormente, advertí sobre las “clases de violencias”, o categorías, las cuales poco a poco se identifican, porque muchas permanecen ocultas, no reconocidas, convirtiéndose en conductas de que vuelven paisaje o se hacen normales o normalizan, que lamentablemente adquieren la categoría de “costumbre”, trivializando comportamientos cotidianos, a través de chistes,  que después se traducen en las violencias más cruentas como el feminicidio o la violencia vicaria, esta última al interior de las familias, considerándola como una parte de la violencia doméstica, dirigida en contra de los hijos e hijas, desconociendo que también se concreta contra la mujer madre o  abuela, porque los hijos y nietos son tomados como botín de guerra, para lograr mayor vulneración en las progenitoras y sus madres para hacer realidad los deseos de venganza de compañeros, excompañeros, cónyuges o excónyuges y yernos. En España este fenómeno se identificó hace años, en Colombia hace poco, siendo visible gracias a la actividad mediática sensacionalista. Los fiscales, jueces y magistrados, aún no reaccionan ante la realidad de esta dicotomía y la mujer madre no es reconocida como víctima.

Pero hay más violencias, a groso modo se pueden identificar: física, sexual, psicológica-emocional, doméstica, simbólica, institucional, judicial, vicaria, epistémica, académica, escolar, religiosa, política, laboral,  económica, patrimonial, social, racial o étnica, digital, en el deporte, sanitaria gineco-obstétrica, por los ciclos vitales, por embarazo y lactancia, estética, de acceso al poder público, de la mujer contra la mujer, racial-migratoria, contra la mujer adulta mayor, contra la mujer suegra, el feminicidio como la máxima expresión de la violencia física y el suicidio inducido como el culmen el la violencia psicológica. Y se vislumbran más a medida que la humanidad crece, se desarrolla e investiga con real rigor. Hay necesidad de salir de las grandes categorías básicas, para poder identificar y lograr con ello planificar las actividades de contención y blindaje, identificando además los responsables para cumplir las tareas impostergables.

Hace poco el “primer influencer nefasto de la nación”, hizo patente públicamente su misoginia al manifestar que “una mujer libre hace los que se le dé la gana con su clítoris y con su cerebro”, rematando el señalamiento con la necesidad de “acompasarlos”. Extrañé las manifestaciones de descontento de las feministas radicales criollas, esas que creen que sus luchas se logran defecando en las puertas de la Catedral Primada o destruyendo estaciones de Transmilenio. No soy feminista por eso y por mucho más, porque luchar por causas nobles no implica degradarse, delinquir o declarar a la otra media parte de la humanidad (los hombres) como los enemigos natos y aún hoy, además, pasen deudas de cobro del pasado remoto, sin proponer acciones positivas altruistas y alejadas de todo sesgamiento político.

NOTA 1: Hace un año se publicó el libro de mi autoría “Violencias contra las mujeres, niños, niñas y adolescentes en Colombia, América Latina y el Caribe”, producto de varios años de investigación, validado por veinte mujeres de diferentes profesiones, edades y países, donde se evidencia las variables de las violencias. El texto fue presentado formalmente en la Universidad Autónoma de Chiapas (México), en el VI Congreso Iberoamericano sobre la erradicación de la violencia contra la mujer en Cali y formalmente también en marzo del año en curso en el Tercer Congreso Internacional 50+1 en Houston-Texas. Soñaba que se convirtiera en un insumo útil para diferentes corresponsables en la erradicación de las violencias contra la mitad de la humanidad, representada por niñas, adolescentes y mujeres. Aún no se logra eliminar y está lejos  el objetivo de al menor minimizar los índices de este cáncer de la humanidad y entre tanto el corazón llora, al ver como en Colombia, se incrementan las violencias diariamente, según reportes del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, además de diferentes observatorios y periodistas que trasiegan sobre estos temas, en tanto que el Estado en sus diferentes órdenes llegado el 25N conmemora una fecha más sin resultados positivos, solo con discursos o notas grandilocuentes pero sin seso.

NOTA 2: con ocasión de la conmemoración de las cuatro décadas de la toma del Palacio de Justicia o el reconocido holocausto autoría de los delincuentes del M19, se recuerda que fue una mujer magistrada inmolada en ese acto terrorista, quien en medio del fragor y las llamas, ante la inminencia de su muerte, deja una nota escrita para la historia. Honor y gloria para la magistrada Fanny González Franco, quien señaló que no había ido a la Corte a llorar o pedir clemencia, connotando que Dios estaba con ella, ayudando a conservar su dignidad como magistrada.

 

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