
Las encuestas a veces confunden cuando se leen sin rigor. La reciente medición de Atlas Intel ha generado interpretaciones apresuradas, especialmente en lo que tiene que ver con los resultados que involucran a Abelardo de la Espriella y a Paloma Valencia. Un análisis serio exige ir más allá del titular y comprender los universos consultados, los tipos de voto medidos y sobre todo, la dinámica real del electorado colombiano.
Cuando la pesquisa pregunta exclusivamente a los simpatizantes del Centro Democrático, los resultados son contundentes; el 71,8% manifiesta afinidad con Abelardo de La Espriella, frente a un marginal 6,1% que respalda a Paloma Valencia. Se trata de un núcleo ideológico del uribismo ampliado, un electorado exigente, politizado y emocional que vota por convicción y el liderazgo percibido, además del reconocimiento a la persona que encarna De la Espriella, firmeza y coherencia frente a un sistema político tradicional.
En contraste, la consulta interpartidista arroja una aparente paradoja: Paloma Valencia lidera con un 19, 1%, pero aquí el universo cambia radicalmente.
Se trata de votantes atados al partido Centro Democrático, no necesariamente uribistas, donde prima la recordación mediática por encima e la adhesión ideológica. Por eso ese resultado no refleja una fortaleza estructural sino un techo conocido. Si miramos al grupo de candidatos que participarían en la consulta interpartidista tenemos a 6 candidatos que entre todos ellos no suman mas del 11% mas un 2% que aportaría Paloma, el 19,1% se debe calcular sobre un 13%, lo que quiere decir, es que Paloma de ese universo tiene apenas el 3% del total auscultado.
La verdadera pregunta no es quien gana una consulta, sino quien puede ganar una elección presidencial. Allí es donde la incidencia de Paloma Valencia y de otros candidatos del espectro Centró-Derecha debe analizarse con frialdad. Su votación propia es limitada y su aporte decisivo no esta en competir, sino en trasferir respaldo político estructura y legitimidad.
Abelardo de La Espriella aparece bien posicionado en la medición general de Atlas Intel porque el Dr De la Espriella juega en otro terreno. No es un candidato de partido, es un catalizador del voto antisistema, del desencanto de millones de ciudadanos, del electorado de derecha huérfano, por eso compite con figuras de la izquierda dura como Iván Cepeda, mientras otros aspirantes, Fajardo, Pinzon y similares terminan fragmentando al electorado sin ampliar la base.
El mayor riesgo para Abelardo no proviene de la izquierda, sino de la dispersión de centro – derecha, de la unidad tardía, de los apoyos ambiguos o del cálculo individual. De ahí, que la única apuesta viable para ganar en primera vuelta es la consolidación de una candidatura unificada alrededor de Abelardo De la Espriella. Esa victoria es posible si figuras como Paloma Valencia, Juan Carlos Pinzon, Anibal Gaviria, Vicky Davila y David Luna entienden que su verdadero peso no esta en competir entre sí, sino sumar desde ya a un proyecto común de poder y gobernabilidad.