

Me llamó la atención el análisis de Rafael Nieto Loaiza sobre la estrategia electoral del Centro Democrático (1). A menos de que yo esté en un error, los elogios del sector de la “gran consulta” –donde la candidata designada por un “colegio electoral” del CD, Paloma Valencia, competirá con ocho precandidatos–, son ilógicos.
Nieto Loaiza dice que los 9 precandidatos de 9 movimientos distintos (Cárdenas, Dávila, Galán, Gaviria, Luna, Oviedo, Peñalosa, Pinzón y Valencia) suman “entre todos el 23,3% de las intenciones de voto” en la primera vuelta, según las encuestas, mientras que el candidato Abelardo de la Espriella tiene, él solo, una intención de voto de 20,5%. De ello Nieto deduce que Abelardo debería renunciar a su candidatura pues el vencedor de la “gran consulta” tendría más votos que él.
Comparar los votos de un grupo, con los de una persona es metódicamente cuestionable. Nada garantiza que el ganador de la “gran consulta” recupere los votos de los miembros de ese grupo y salga, él o ella, con un margen igual o superior al 23,3%, es decir, con un peso electoral superior al que puede tener hoy Abelardo de la Espriella.
Parece que el argumento de Rafael Nieto Loaiza tiene un solo objetivo: mostrar al abogado De la Espriella como inferior y al vencedor de la citada consulta como superior. Todos sabemos que ese artificio no tiene sentido. El dinamismo y el discurso de Abelardo de la Espriella, pese a no tener detrás un partido o grupos de apoyo experimentados, ha calado más en la opinión y más rápidamente que cada uno de los participantes en la “gran consulta”.
De la Espriella es el gran fenómeno político del actual proceso electoral. Muchos lo ven como el único adversario fuerte, irreductible, contra el comunismo y sus aparatos armados. ¿Alguno de los nueve de la “gran consulta” inspira tal entusiasmo? Ninguno.
La idea de que Abelardo de la Espriella debe renunciar lo antes posible es la cúspide del análisis de Rafael Nieto Loaiza. El vuelve una y otra vez a ese punto. “Hay que sumar al centro y la ‘Gran Consulta’ es el principal camino”. “Sumar al centro”, parece ser para él la única opción.
Entendamos lo que eso significa. Como Abelardo de la Espriella no es “de centro”, ni se posiciona electoralmente “en el centro”, es un obstáculo. Él debería apartarse, ceder el lugar en beneficio del ganador de la “gran consulta”. Nieto pone incluso en duda la honorabilidad de Abelardo de la Espriella. El debería renunciar, dice Nieto, “si en verdad su preocupación no es su aspiración personal sino la unidad de quienes se oponen a la continuidad de Petro y sus políticas”. Es decir, si es unitario debe alejarse. ¿Esa es una lógica perfecta? ¿Alejarse, además, para que los tibios se acomoden al continuador de Petro?
Nieto no le propone eso a ningún elemento de la “gran consulta”, pues ellos responden a su clasificación personal: son “de centro”. Su ideal es preferir el centro a una tendencia de resistencia y lucha. Eso quiere decir “sumar al centro”. Eso implica la necesidad de descartar otras corrientes y, peor, evitar que alguien caricaturizado como de “extrema derecha” pase a la segunda vuelta o gane la presidencia en la primera vuelta.
Ese falso maquiavelismo refleja la fragilidad política y sobre todo ideológica del CD y explica los errores graves que viene cometiendo ese partido desde 2010, sobre todo en materia de candidatos presidenciales: patrocinó a Santos, a Duque, y hasta toleró, con su línea de “oposición constructiva”, a Petro, y quiere seguir en lo mismo. Esos errores son sin duda el resultado de la intensa presión confusionista de siempre del bando marxista sobre el “social-liberalismo” colombiano. Hoy esa presión emerge de nuevo con Iván Cepeda.
Sobra decir que nada del programa de Abelardo de la Espriella podría ser catalogado, si el examen es riguroso, como de “extrema derecha”. En cambio, en el seno de la “gran consulta” campea una lamentable teoría, agitada por una precandidata, que recuerda la Rusia bolchevique: el abogado de un delincuente es un delincuente. Como el derecho leninista rompe con los principios del derecho romano, el abogado es visto como un culpable, el debido proceso no existe, el crimen no debe ser probado por el juez, el derecho a la defensa es una quimera, la justicia es sólo un instrumento de combate “del partido”.
El otro aspecto que produce escalofríos es el de la ausencia de libertad de los partidos y de los candidatos que intervienen en una consulta. Rafael Nieto escribe: “La ley sostiene que los candidatos que participan en una consulta tienen dos obligaciones. Una es apoyar al ganador de esta. No pueden no apoyarlo o apoyar a un candidato que no haya estado en la consulta. La otra es que el ganador inexorablemente debe ir a la primera vuelta. Quien triunfe en la consulta no puede renunciar a hacerlo o sumarse a un candidato que no estuvo en la consulta. Así, ninguno de los nueve participantes en la Gran Consulta podría apoyar a Cepeda, a Fajardo o a Abelardo. Solo pueden apoyar al ganador de entre ellos y, a su vez, quien consiga la candidatura tendrá que presentarse a la primera vuelta.”
La interpretación de Nieto es inexacta: va más allá del texto de ley, en unos casos, y va menos lejos de lo que dice esa curiosa ley (del senador Armado Benedetti en la época de JM Santos). Nieto no ve que esa ley coacciona la libertad de voto de los partidos, no solo de los candidatos que participan en una consulta. Esa ley dice que los partidos, las coaliciones y los movimientos políticos no podrán apoyar a un candidato distinto al que ellos apoyaron en una consulta. Es una norma liberticida.
Por ejemplo: ni el CD, ni los movimientos de Cárdenas, Dávila, Galán, Gaviria, Luna, Oviedo, Peñalosa y Pinzón podrá apoyar ni llamar a votar por Abelardo de la Espriella pues éste no hizo parte de la “gran consulta”. Esos movimientos están obligados a apoyar únicamente al candidato que fue designado por esa consulta, aunque el designado o designada demuestre, antes de la primera vuelta, que no cuenta con los votos necesarios para ganar la contienda electoral.
Nieto no ve que el peligro de excluir del juego político, del voto mismo, a partidos y movimientos enteros existe en esa ley antidemocrática. Nieto solo ve las obligaciones que incumben a los candidatos, es decir a unos individuos. No ve que lo que está en juego es el voto de multitudes.
Por eso repito: la solución que propone Nieto es “Abelardo, que no está atado a una consulta, sí podría renunciar a su candidatura y sumarse al ganador de la Gran Consulta, si en verdad su preocupación no es su aspiración personal sino la unidad de quienes se oponen a la continuidad de Petro y sus políticas y evitar una segunda vuelta.”
Esa es pues la situación: Nieto, y posiblemente el CD, tratan de obligar al candidato con mayores posibilidades de ganar en la primera y segunda vuelta a que renuncie antes de eso y en favor de otro candidato o candidata que carece del arrastre electoral de Abelardo. Eso es lo que significa la fórmula de Nieto de “sumar al centro”. Es una directiva sectaria, egoísta y peligrosísima. Es la máquina de perder en todo su esplendor. La máquina que ayudaría a ganar a Iván Cepeda. No olvidemos lo que decía Victor Hugo: “Los diablos son hechos de ángeles”.