

Colombia tiene razones para sentirse orgullosa de su ganadería. Durante más de dos décadas hemos demostrado que producir carne y leche, conservar la biodiversidad y recuperar los recursos naturales son propósitos compatibles. Hoy esa experiencia nos permite participar con autoridad en los grandes escenarios internacionales de la ganadería sostenible.
Esa fue la razón de mi invitación especial al Sommet de l’Élevage 2026, celebrado en Clermont-Ferrand, Francia, una de las ferias ganaderas más importantes del mundo, con 1.800 expositores, 2.000 animales de 70 razas y una asistencia prevista de 120.000 visitantes.
En esta edición, dedicada especialmente al pastoreo y al pastoralismo, Colombia tuvo un lugar destacado. No llegamos solamente a conocer los avances europeos, sino a compartir experiencias desarrolladas en nuestras condiciones tropicales.
Participé como presidente de Fedegán y como productor que durante más de veinte años ha impulsado los sistemas silvopastoriles, convencido de que es posible producir más y mejor, en armonía con la naturaleza.
No hablamos de promesas, sino de resultados. El proyecto Ganadería Colombiana Sostenible, liderado por Fedegán con aliados nacionales e internacionales, benefició a 4.100 familias, intervino cerca de 160.000 hectáreas y estableció más de 34.000 hectáreas de sistemas silvopastoriles, con incrementos del 23 % en capacidad de carga y del 36,2 % en producción de leche.
Estas cifras desvirtúan el señalamiento de quienes presentan la ganadería como enemiga del medio ambiente. Los sistemas silvopastoriles permiten recuperar suelos, incorporar árboles y arbustos forrajeros, favorecer la biodiversidad y elevar la productividad. Son tecnologías probadas que Colombia puede mostrar al mundo.
Francia también nos deja enseñanzas. Su tradición agropecuaria se ha convertido en una poderosa cadena de valor mediante genética, investigación, asociatividad, transformación industrial y denominaciones de origen.
Me llamó especialmente la atención la organización de productores mediante las agrupaciones agrícolas de explotación en común —GAEC—, que permiten compartir maquinaria, instalaciones y recursos, generando economías de escala. Lo podríamos ensayar con los ganaderos vecinos de nuestras fincas, de la misma manera como logramos organizar las Brigadas Solidarias o los Frentes de Seguridad.
Las cifras ilustran otra diferencia. Mientras el agro representa cerca del 9,3 % del PIB colombiano, en Francia apenas alcanza el 1,3 %. Sin embargo, su industria agroalimentaria produjo más de 203.000 millones de euros en 2024. Francia ha sabido transformar su producción primaria en industria, marcas y mercados.
¡Qué lección para Colombia! No necesitamos copiar su modelo, sino aprovechar nuestras ventajas tropicales y convertirlas en productividad y valor agregado.
Pero hay una condición: no podemos exigirles a nuestros ganaderos estándares internacionales sin ofrecerles instrumentos para alcanzarlos. La modernización requiere financiación, asistencia técnica, investigación, infraestructura y políticas públicas de largo plazo.
El Sommet de l’Élevage me ratificó que sostenibilidad y competitividad no son objetivos contrapuestos. Y me dejó la satisfacción de comprobar que los esfuerzos impulsados desde Fedegán, y que personalmente he desarrollado como ganadero, tienen reconocimiento internacional.
Tenemos mucho que aprender del mundo, pero también mucho que enseñarle. Porque no basta con que Colombia marque el camino de la ganadería sostenible ante el mundo. Tenemos que lograr que nuestros ganaderos puedan recorrerlo. Esa es la verdadera transformación: convertir conocimiento en productividad y productividad en bienestar para la Colombia rural.