
Blindar al productor colombiano frente al riesgo cambiario
“Con una TRM que ya se ubica por debajo de los $3.200 pesos por dólar y con perspectivas de continuar descendiendo, miles de productores agropecuarios y exportadores enfrentan una reducción directa de sus ingresos. Colombia no puede aspirar a ser potencia agroindustrial si deja que la volatilidad cambiaria determine, sin ninguna protección, la rentabilidad de quienes producen y generan divisas.”
En las últimas semanas hemos venido analizando una realidad que no siempre aparece reflejada en los grandes debates económicos del país: mientras una parte de Colombia celebra una tasa de cambio baja por sus efectos sobre el costo de las importaciones, en el campo colombiano esa misma situación representa una amenaza directa contra el ingreso y la rentabilidad de miles de productores.
Hoy, con una TRM por debajo de los $3.200 pesos por dólar, esta situación debe llamar la atención del sector agropecuario exportador. No porque un dólar bajo sea negativo para toda la economía, sino porque Colombia todavía no cuenta con instrumentos suficientes para proteger a quienes producen alimentos, generan empleo rural y aportan las divisas que necesita el país.
El productor colombiano no controla la tasa de cambio. No decide la política monetaria internacional, el comportamiento de los mercados financieros ni los flujos de capital que fortalecen o debilitan el peso. Sin embargo, termina asumiendo completamente las consecuencias cuando el dólar cae.
Esa realidad nos obliga a una reflexión: ¿cómo puede Colombia pretender competir en los mercados internacionales si el productor enfrenta solo uno de los mayores riesgos de cualquier actividad exportadora?
Las grandes potencias agroexportadoras entendieron hace décadas que la competitividad no depende únicamente de producir más y mejor. También depende de administrar adecuadamente los riesgos.
Chile, facilita herramientas de cobertura para sus exportadores;
Brasil cuenta con un mercado financiero desarrollado donde las empresas gestionan permanentemente sus exposiciones cambiarias y en, Estados Unidos y Europa la administración del riesgo hace parte integral de la actividad empresarial agropecuaria.
Colombia ya tuvo una experiencia exitosa. Entre 2011 y 2013, el Ministerio de Agricultura y FINAGRO implementaron programas de coberturas cambiarias que permitieron proteger más de USD 1.260 millones en exportaciones agropecuarias. En 2012 se cubrieron aproximadamente USD 607 millones, con compensaciones cercanas a $30.000 millones, demostrando que estos instrumentos funcionan cuando existe voluntad institucional.
La conclusión es evidente: estas herramientas son útiles. El problema es que Colombia las abandonó precisamente cuando más las necesita.
Por eso, dentro de la Agenda para la Competitividad y la Transformación del Agro Colombiano, propongo la creación del Sistema Nacional de Protección del Ingreso Agroexportador, una política pública permanente que permita administrar el riesgo cambiario y no simplemente reaccionar cuando la crisis ya llegó.
Este sistema debería involucrar al Ministerio de Agricultura, Ministerio de Hacienda, Banco de la República, FINAGRO, Banco Agrario, La Previsora, el sector asegurador y los gremios productivos, con cuatro objetivos principales:
A. Recuperar y modernizar los programas de cobertura cambiaria para pequeños y medianos productores vinculados a cadenas exportadoras.
B. Facilitar que los grandes exportadores puedan cubrir sus operaciones mediante instrumentos financieros adecuados.
C. Diseñar un seguro especializado contra la volatilidad cambiaria que permita proteger parcialmente el ingreso del productor cuando movimientos abruptos de la TRM pongan en riesgo la viabilidad de su actividad.
D. Estudiar la creación de un fondo de estabilización para sectores estratégicos exportadores, financiado con participación de las propias cadenas productivas, siguiendo modelos exitosos que Colombia ya conoce.
No se trata de subsidiar ineficiencias ni garantizar utilidades. Se trata de brindar herramientas modernas de administración del riesgo, las mismas que utilizan nuestros competidores internacionales.
Quienes conocemos el campo sabemos dónde se siente realmente este problema. No se analiza solamente desde un escritorio en Bogotá. Se vive desde el barro y la bosta del pequeño productor ganadero y agricultor que madruga todos los días, enfrenta el clima, los costos, las dificultades de comercialización y ahora una variable adicional que puede reducir sus ingresos sin que tenga ninguna capacidad de controlarla.
El impacto no se limita al exportador directo. Cuando disminuye la rentabilidad de las cadenas productivas, también se afecta el productor que abastece el mercado interno, porque se reduce la inversión, el empleo rural y la capacidad futura de producir alimentos para Colombia.
Exportar no es solamente vender en el exterior. Exportar significa construir una cadena competitiva donde el productor tenga condiciones para permanecer en el negocio.
Blindar al productor frente al riesgo cambiario es proteger el empleo rural, incentivar la inversión, fortalecer las exportaciones y convertir el campo colombiano en uno de los grandes motores del desarrollo económico nacional.
Esta propuesta está dirigida al Gobierno Nacional que asumirá la conducción del país, al Ministerio de Agricultura, al Ministerio de Hacienda, a los gremios y a todos quienes tienen la responsabilidad de construir una política agropecuaria moderna.
El mensaje desde el campo es claro: la volatilidad cambiaria ya está afectando la rentabilidad de productores de todos los tamaños. Actuar oportunamente será fundamental para proteger la inversión, el empleo rural y la seguridad alimentaria de Colombia.
Esta es la primera propuesta de la Agenda para la Competitividad y la Transformación del Agro Colombiano.
Porque las grandes transformaciones del campo no comienzan con discursos. Comienzan con propuestas serias, sustentadas en evidencia y con la decisión política de convertirlas en realidad.
@lacoutu