
Es probable que el Ministerio del Cultura, dentro del plan de austeridad y ahorro de la Patria Milagro, se fusione en el Ministerio de Educación, convirtiéndose en uno de sus viceministerios, pero sin dejar la óptica de su propósito.
Dentro de su campo misional se encuentra el fomento de la riqueza pluriétnica de Colombia, que sin duda alguna es tremendamente variada y motivo de sorpresa para extraños. Nos acostumbramos a esta y por eso no nos causa asombro que tengamos folclor tan diverso según la región, donde la música, las costumbres, las tradiciones, las artesanías que se convierten casi en arte y la comida tienen su propia impronta. Afortunadamente sobreviven la bandeja paisa, el mute santandereano, los sancochos, la sobrebarriga, los patacones, las morcillas, el mote, los arroces atollados, las empanadas, las carnes llaneras, etc. No ocurre lo mismo con la música y las danzas que fueron motivo de orgullo por décadas. Poco o nada las escuchan las nuevas generaciones colombianas.
Cuando se tienen puntos de referencia, es posible acudir al ejemplo de Chile. Sus fiestas patrias son en septiembre y cada chileno siente orgullo genuino frente a su país. Las banderas ondean en las casas y en los autos. En todos los colegios sean privados o públicos, los niños y jóvenes son preparados para hacer sus propias presentaciones con los trajes típicos y hacer demostraciones coreográficas de la cueca. Los adultos acuden a parques o a restaurantes algunos luciendo también los trajes y sombreros que indican su identidad y bailan con la mayor energía su danza más común. En algunas comunidades, al igual que ocurre en Medellín, se reúnen para realizar los asados y compartir en comunidad. Compartir estas tradiciones chilenas emociona, pero a la vez produce tristeza al sentir que en Colombia poco a poco se mueren las tradiciones. En Colombia ya no escuchan los bambucos, las guabinas, los pasillos y poco o nada las cumbias, los bullerengues, mapalés, joropos, etc. Las nuevas generaciones no saben que existieron. Esta es una tarea dejada de lado por el Ministerio de Cultura.
En los Estados Unidos de América, se experimenta regocijo también, en especial el 4 de julio, observando las banderas al frente de los pórticos, unidos con las quemas de pólvora realizadas en parques públicos por personal experto, reuniendo no solo a los nativos del país, también a nacionales de diferentes países, pero todos compartiendo alegrías y rememorando lo que sucedió en la conformación de ese país.
Enarbolar en las fiestas patrias en Colombia la bandera que nos representa es costumbre esporádica, cada vez en mayor decadencia. Solo se conmueve un poco con ocasión de los partidos de fútbol en la Copa América o el campeonato mundial de la FIFA. De resto no. Mantengo esa tradición heredada de mis padres y es el balcón de mi apartamento el único que despliega el pendón patrio, en el edificio de 16 apartamentos en un sector residencial de Medellín el 20 de julio, el 7 de agosto y el 12 de octubre. En el resto de inmuebles de la cuadra solo en una residencia disciplinadamente se hace. Esto sin duda alguna es el reflejo de la pérdida del afecto por lo propio. Se rescata el uso general de nuestra bandera en la campaña del presidente elegido. Conmovió y trataron de evitar el uso de lo propio, lo nacional en la campaña. Es otra tarea que, en conjunto, hasta que se fusionen los dos ministerios deben cumplir, el rescate y uso de los símbolos patrios. Solo a los seis de la tarde se escucha el himno nacional en algunas emisoras. Al iniciar las labores diarias, los canales de televisión en las madrugadas también lo colocan. Pero la bandera “paso de moda” en las festividades nacionales.
Existe un deber claro de propender por la lectura de las novelas y cuentos autoría de nuestros literatos. Volver y rescatar la historia y leer a José Rafael Sañudo, el nariñense que desnudó la realidad de Simón Bolívar, en el siglo pasado. No tener temor por leer a García Márquez, por razones políticas, pues al fin y al cabo fue reconocido como Premio Nobel de Literatura. Precisamente, con ocasión de producir una obra de análisis de la narrativa de Gabo en compañía de mi hermana Deyanira Ariza Velasco, docente de Westminster University en Salt Lake City, experimentamos la dificultad de que el libro titulado “Mirada Holística del Derecho en la narrativa de Gabriel García Márquez” fuera difundido por la Editorial, por motivos ideológicos. Esto es un ligero ejemplo de cómo no es apreciada la narrativa que trascendió al mundo entero.
Durante estos cuatro años de desgobierno, en el tema de la cinematografía, la producción fue casi nula y en la práctica solo se aportó por el Mincultura para la producción de una película llamada “Padilla”, con protagonista un afrodescendiente de Estados Unidos llamado Cuba Gooding Jr., reconocido en ese país por su violencia contra las mujeres, cómo si no tuviéramos actores negros de muy buen registro. Se invirtió demasiado dinero y se abonó al narcisismo del primer inquilino gamín de la nación, apareciendo por breves instantes en la producción. En resumen, el cine colombiano quedó en standby, pese a que se cuenta con personal preparado para producir nuevas cintas cinematográficas,
Mucha actividad queda pendiente para ejecutar por ahora y hasta que desaparezca el Ministerio de Cultura, porque los deberes misionales con concretos, pero no ha habido voluntad política para rescatar tradiciones y valores culturales de la nación. El nuevo ministro o ministra de esta cartera tiene un deber patrio enorme.





