
Aún no hemos salido de la horrible noche en que se convirtieron estos últimos años, donde desgobernó desde la carpa de Nariño el payaso más grande que ha nacido en Colombia. Fueron días, semanas, meses y años, donde el personaje de todo variopinto de mentiras y escándalos nos avergonzó en extremo. No fue una horrible noche, fue una pesadilla digna de cuentos de horror.
Destrozó el país, se burló de las creencias cristianas, de las mujeres, de los afros, de la moral, de las ramas de poder y de los órganos de control, simple y llanamente, nunca se desmovilizó, jamás dejó de subvertir el orden constitucional. De allí que, con un sentido ridículo de orgullo, enarbolaba las banderas del movimiento terrorista del M19, por encima de las enseñas patrias.
Por lo antes connotado, es posible afirmar que los indultos, los procesos de paz, confluyen en resultados negativos para la nación. Por un lado, nos impusieron la JEP, único tribunal del mundo con el propósito de favorecer a los victimarios sin ningún recato.
Los magistrados y personal que la integran fueron seleccionados por zurdos extranjeros, a fin de que cumplieran con los compromisos adquiridos con las FARC y nos humillaran sentando en esa corporación a criminales de lesa humanidad, quienes no han contado toda la verdad y menos han resarcido a las víctimas que no han sido numeradas y clasificadas, excepto por lo niños y adolescentes (incluyo los dos sexos) reclutados para ser víctimas de abusos sexuales y toda suerte de tropelías.
No se debe recurrir a eufemismos, para dar gusto a los seudointelectuales zurdopatas. En esta categoría, en lo único en que ha invertido su tiempo la JEP es contando la magnitud de los abusados e informó fueron más de 18.000 víctimas el año anterior, pero ni siquiera se ruborizaron quienes estaban aplastados en las curules regaladas por las maniobras de Santos.
La semana anterior, fue de conocimiento público lo que era un secreto a voces. Se evidenciaba, se experimentaba que el primer mentiroso de la nación, había negociado el territorio nacional, con la complicidad de varios áulicos, incluyendo su propio hermano que había reconocido el acuerdo de la Picota, lo cual confluyo en que, en el 2022, accediera al primer cargo de la nación.
El negocio no fue con extranjeros, fue con delincuentes transnacionales, pues solo así se explica el incremento de subversivos al servicio del narcotráfico. Los audios son tenebrosos y no solo jugaron a los “congelados”, nos congelaron al resto de los colombianos, con la anuencia de los órganos de control, la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes