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Administraciones de Sucre y Córdoba, ganaderos y la Fuerza Pública se plantan frente al abigeato. Por: Silverio José Herrera Caraballo

Sincelejo, 4 de abril de 2026.- El campo ha hablado con claridad: no está dispuesto a rendirse. Y hoy, a diferencia de meses anteriores, el ganadero comienza a sentir un mayor respaldo real, firme y cercano por parte de quienes han jurado defender la vida, la tierra y la tranquilidad de los colombianos. En Sucre y Córdoba, el Ejército, la Infantería de Marina y la Policía Nacional han asumido, con determinación, la lucha contra el abigeato, ese flagelo que por años ha golpeado el corazón productivo de nuestras sabanas.

Bajo el liderazgo del señor Brigadier General Oscar Díaz Montiel desde la Décima Primera Brigada y del Teniente Coronel Jair González, comandante del Batallón Junín, se ha consolidado una ofensiva territorial más visible y efectiva. A ello se suma el trabajo del Coronel Nelson Cano Holguín Comandante de la primera Brigada de Infantería de Marina , el Teniente Coronel Yerly Carreño Landazábal, comandante del BIM 14, quienes ha llevado la presencia militar a las zonas más vulnerables de las sabanas, montes de María y el golfo del Morrosquillo.  De igual forma, el acompañamiento del GAULA Militar y el compromiso del señor Coronel Aimer Alonso Triana, comandante del Departamento de Policía Sucre (DESUC), junto con el Teniente Coronel Eder Muñoz García junto a todas las especialidades de la institución (GAULA, SIJIN, DIJIN), han permitido fortalecer las redes de información, la reacción y la cercanía con los productores.

Este esfuerzo sería incompleto sin la voluntad civil, y en ese sentido es justo reconocer la gestión de la Doctora Mileicy Barrios Acosta, secretaria del Interior departamental, quien ha logrado con gran liderazgo articular gremios, asociaciones y autoridades, generando confianza, acompañamiento y espacios de diálogo que el campo pedía a gritos. Su presencia constante envía un mensaje claro: la institucionalidad (cuando quiere) sí puede estar al lado del productor.

Hoy, la diferencia se siente. Se están realizando reuniones permanentes con fuerza pública, ganaderos y líderes rurales en las veredas, corregimientos y fincas, no para discursos, sino para escuchar, diagnosticar y actuar. Ese contacto directo es fundamental, especialmente de cara a la temporada de fin de año, cuando históricamente los cuatreros intensifican sus golpes aprovechando el movimiento comercial y el aumento de personal en las fincas.

Sin embargo, aunque hay esperanza, no podemos caer en el error del triunfalismo. El gremio ganadero sabe (y la Fuerza Pública también) que si los delincuentes se envalentonaron fue por culpa de las nefastas políticas nacionales de seguridad. Desde el Gobierno central se debilitó la acción del Estado en las zonas rurales, se desmotivó la moral de la tropa, se enviaron mensajes ambiguos frente al crimen y se abandonó la seguridad como prioridad. Y cuando el Estado se debilita, el bandido avanza. Esa es la verdad.

Pero, aun en medio de ese abandono, hay algo que no se quebró: el espíritu del soldado, del infante, del policía. Allí, en el barro, bajo el sol inclemente y muchas veces arriesgando su vida, ellos siguen siendo los primeros respondientes, los primeros en llegar, los primeros en enfrentar. Son seres humanos como nosotros: con padres, esposas e hijos que los esperan, con miedos, con sueños, con esperanza de futuro. No son cifras, no son uniformes vacíos: son colombianos dispuestos a entregar la vida por defender la nuestra.

El mensaje al gremio debe ser claro: la seguridad empieza también desde cada uno de nosotros. No podemos esperar que la Fuerza Pública lo haga todo. Se necesita corresponsabilidad: denunciar, no guardar silencio por miedo; invertir en medidas básicas de autoprotección; fortalecer los lazos entre vecinos; tener comunicación permanente con los cuadrantes, las patrullas y los comandos; apoyar la judicialización con información oportuna. El silencio, en el campo, siempre ha sido cómplice del delincuente. La información, en cambio, es su peor enemigo.

El campo no está solo. Hoy se avanza, se responde, se escucha y se actúa. Falta mucho, es cierto. Pero hay una luz clara, y no podemos permitir que se apague. Si el Gobierno Nacional no quiere entender la realidad rural, entonces lo haremos desde los territorios: Fuerza Pública, instituciones locales y gremios unidos. Esta es la fórmula. No hay otra.

Porque el campo (nuestro campo) no se rinde. Porque el ganado no puede seguir siendo moneda del crimen. Porque producir alimentos no puede convertirse en un acto de riesgo. Y porque cuando el Ejército, la Infantería de Marina, la   Policía, los ganaderos y la comunidad trabajan juntos, el delincuente pierde terreno.

Que el mensaje llegue alto y claro a los cuatreros, extorsionistas y bandidos: esta tierra tiene quien la defienda. Y mientras nuestros soldados, policías e infantes sigan firmes, organizados y respaldados por la comunidad, el campo sabrá resistir, avanzar y levantarse cada día con la frente en alto.

El abigeato se enfrenta con ley, con mano dura, con estrategia y con botas en el terreno. Y hoy, gracias a nuestros hombres y mujeres de la Fuerza Pública, esa batalla empezó a inclinarse del lado correcto.

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