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Jorge Visbal… ¿Cómo creer en la justicia? Por: José Félix Lafaurie

Quiero creer en nuestra justicia, aunque sea difícil hacerlo, sobre todo porque su principio y derecho fundamental de la igualdad ante ella es apenas una frase y el gran pecado de la “Justicia Especial para la Paz”, de la “indígena”, y de la ideologización de la justicia ordinaria.

En septiembre de 2025, finalmente, la JEP condenó al Secretariado de las Farc. ¿Por qué? La pregunta es un chiste, pero la respuesta una tragedia: Por ¡21.396 secuestros!, en muchos casos con asesinato, tortura, reclutamiento forzado y violencia sexual… Una nadería. ¿A qué los condenaron? A ocho años de acciones “restaurativas”, sin perder su derecho a ejercer la política y con la única molestia de llevar un brazalete electrónico, algo que para ellos resultó “indigno”, como excesiva la condena por tan pocos delitos y, por tanto, apelaron tan “injusta decisión”.

Entre tanto, Jorge Visbal Martelo, expresidente de Fedegán, exsenador de la República, exembajador en Canadá y Perú, hoy está recluido en una cárcel, y no es que su trayectoria pública al servicio del país lo exima de ser encausado, pero no por ello su proceso puede ser tampoco afectado, como lo fue, por sesgos ideológicos o meramente políticos.

Jorge Visbal no ha asesinado a nadie, ni secuestrado, ni torturado, ni violado a nadie. Por el contrario, la JEP, en mayo de 2024, lo reconoció como víctima de “crímenes no amnistiables” de las Farc, aunque dos meses antes le había cerrado definitivamente las puertas, que abrió generosamente a los mayores criminales del país. ¿La razón? Porque“el solicitante podría haber aportado información sobre colaboraciones de estas estructuras armadas al margen de la ley con otros gremios o, en general, con la élite económica, la clase política, integrantes de la fuerza pública y de agentes de Estado” … y no lo hizo. En otras palabras, si Jorge hubiera inventado acusaciones contra terceros, como a él se las inventaron, o se hubiera autoinculpado por delitos no cometidos, hoy estaría libre haciendo actividades “restaurativas”. Lamentablemente, muchos han acudido a esa opción de supervivencia.

La JEP devolvió el proceso a la Corte Suprema en junio de 2025 y, rápidamente, en agosto se resolvió en su contra el recurso de casación confirmando la sentencia a nueve años de detención. No soy abogado, pero leí sus 78 páginas, que me recordaron el juicio al expresidente Uribe, no solo por la inusual rapidez de la justicia en esta fase, sino por la desestimación sistemática de cualquier argumento de la defensa.

Ahora bien, en todo esto hay un aspecto que tiene que ver con esa justicia no vindicativa que hoy se pregona. Es un asunto de humanidad. Jorge Visbal, con 73 años, ha sufrido varios infartos, el primero de ellos en Ginebra, después de un ciclo de negociaciones con el ELN en el año 2000, además de una operación a corazón abierto y una condición cardíaca que, como indica su historia clínica, so riesgo de muerte inclusive, le exige estar cerca de un centro donde le puedan practicar, de urgencia, procedimientos especializados que no le pueden brindar los precarios servicios médicos del sistema carcelario.

Desde la indagación preliminar, en abril de 2011, han transcurrido 15 largos años de un proceso que atormentó a su familia, consumió sus recursos y, sobre todo, su esperanza. Jorge Visbal, una persona que le sirvió al país, que está lejos de ser un peligro para la sociedad y a quien la justicia le ha negado todo, hoy debe concederle, al menos, su casa por cárcel.

No solo es un derecho fundamental por su condición médica. Es un asunto de humanidad…

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