

Nunca antes había visto que pudiera existir tal desacuerdo entre las cifras propuestas por ciertas sondeos electorales y la realidad sociológica de Colombia.
Por un camino van las oficinas de sondeos y por otro las mayorías nacionales.
La firma Guarumo-Ecoanalítica presentó los datos escuetos de un estudio realizado en enero (fecha no especificada) sin sacar conclusiones.
Quien se encargó de éstas fue El Tiempo: “Según la encuesta, [Iván] Cepeda se impondría hoy frente a todos los otros aspirantes”. Y reiteró: “En una eventual segunda vuelta entre Cepeda y De la Espriella, el 39,4 por ciento de los encuestados votaría por el senador del Pacto Histórico y el 33,9 por ciento por el abogado. El 26,7 por ciento de las personas dijo que no votaría por ninguno.”
Tales conclusiones causaron conmoción en el país.
El 10 de enero, la encuesta de Atlas Intel, había dicho lo contrario: que la intención de voto, para la presidencia, era favorable a De la Espriella (28%) y desfavorable a Cepeda (26%). ¿En menos de una semana los electores cambiaron de opinión? ¿Qué suceso extraordinario explicaría esa inversión de resultados?
En esos días, algunos especialistas habían dictaminado que la candidatura del senador comunista había llegado a su techo de altura y que la candidatura de Abelardo de la Espriella y de otros del campo antipetrista estaban subiendo. “El 70% del país no quiere más a la izquierda”, explicó la analista María Andrea Nieto.
Como no hubo un hecho que justificara el brusco ascenso de Cepeda, quedó claro que la campaña de calumnias contra Aberlardo de la Espriella estaba haciendo mella. Los del grupo petrista se empeñan en arruinar la imagen del candidato opositor más opcionado como hicieron en 2021 contra Federico Gutiérrez, un candidato fuerte de la centro-derecha en esa coyuntura. En lugar de ideas, los adeptos al madurismo de Colombia vuelven a esgrimir sus trucos de guerra psicológica.
Esa maniobra tuvo eco hasta en España donde un diario socialista se embarcó en la guerra de epítetos: El País, de Madrid, decidió que “Ni el ultraderechista Abelardo de la Espriella ni el centrista Sergio Fajardo recortan distancias respecto del senador de izquierdas Iván Cepeda”.
Así, Iván Cepeda, quien jamás ha condenado una sola atrocidad cometida por las Farc en sus 50 años de embestidas contra Colombia, y quien jamás repudió un solo crimen de la URSS y del comunismo internacional, es llamado “senador de izquierdas”, mientras que Abelardo de la Espriella, un brillante abogado de derecha, es catalogado de “extrema derecha”. El mamertismo se quema el cerebro buscando un gramo de “extremismo” en la trayectoria política y profesional del candidato de la Espriella.
Ante la falta de debate racional hay que mirar el método aplicado por Guarumo. Esta firma encuestó a 4.245 adultos dispuestos a votar en 2026, distribuidos en 83 municipios. Según la ficha técnica, la absoluta mayoría de las personas consultadas viven en provincia y áreas rurales, que son las zonas más expuestas al terror del narco y donde la libertad de opinión se paga con la muerte. De las 4.245 personas consultadas sólo 519 viven en Bogotá y 3.726 viven en provincias y en los municipios donde reina el poder de los carteles y de las bandas estalinistas Farc y ELN.
¿Cómo una consulta tan dispar sociológicamente se atreve a indicar la tendencia general de 38.965.515 electores, de una población total de más de 53 millones de colombianos? (1). Guarumo dijo que el 53.3% de los consultados desaprueba la gestión de Petro y que un 40.2% la aprueba. ¿Cómo deducir de todo eso que la mayoría favorece a un candidato sin carisma, sin respaldo en los centros urbanos? (2).
No olvidemos el dato central: los colombianos hemos sufrido lo indecible durante los tres años y medio el gobierno destructor, caótico y corrompido de Gustavo Petro y queremos salir cuanto antes de esa pesadilla. Empero, eso es traducido por Guarumo de esta manera: ustedes quieren elegir al continuador de esa pesadilla, votar por más hecatombe del sistema de salud, por más ilusiones colectivistas, más impunidad al narcotráfico, más delincuencia y violencia en ciudades y campos, más destrucción del sector energético y menos divisas por el encarecimiento de los bienes exportables.
Ante el silencio de los medios, un mensaje subliminal trata de incrustarse en las conciencias: confíen, las encuestadoras saben mejor que los propios colombianos cómo salir de la crisis. Deben inclinarse ante lo que proponen esas oficinas.
El resultado es patético: los cálculos de táctica y estrategia electoral de los candidatos, partidos y coaliciones comienzan a tener como base la relación de fuerzas dictadas por las encuestadoras.
Ese es el marco psicológico-electoral, de seguidismo acrítico, a cuatro meses de la elección presidencial y a un mes de las legislativas. Ambas llevarán al poder al personal que dirigirá el país desde el 7 de agosto de 2026, hasta el 7 de agosto de 2030.
Indiferente ante el contraste evidente entre opinión pública y encuestadoras, la prensa, con contadas excepciones, se abstiene de investigar ese enigma. Parece convencida de que ese divorcio entre la opinión pública y los encuestadores es pura fantasía.
Creen saber que los fabricantes de encuestas son firmas ajenas a todo tipo de presiones de orden privado y/o gubernamental. Triste ilusión. Según las cifras presentadas por el abogado y exconcejal de Bogotá Daniel Briceño, el Centro Nacional de Consultoría (CNC) trabaja con el gobierno de Gustavo Petro, mediante el sistema de contratos. Los documentos presentados por Briceño dicen que el actual gobierno (presidencia y varios ministerios) ha pagado más de 14 mil millones de pesos al CNC. Qué coincidencia: el CNC afirma que el presidente Petro tiene un “índice de favorabilidad” de 48.8%, cuando las otras encuestadoras registran, en ese rubro, índices que van únicamente del 28% al 32%.
Las encuestas son indispensables para la buena marcha de las sociedades. Sin embargo, no es menos cierto que las encuestas sin rigor pueden convertirse en instrumentos para explotar la vulnerabilidad de las sociedades. La ultra mediatización de cifras cuestionables agrava las tensiones, crea fenómenos de desmoralización e invita a conformarse con lo que venga, aunque sea lo peor. Colombia no puede aceptar ese destino. Debe organizarse para bloquear tales maniobras.
(1).- La encuesta de Guarumo-Ecoanalítica consultó a 4.245 personas en 83 municipios de Colombia y la del Centro Nacional de Consultoría consultó a 2.202 personas en 56 municipios de Colombia. Colombia posee 1.122 municipios registrados en el DANE, conteo que incluye los 5 distritos especiales que se cuentan también como municipios. Las personas habilitadas en Colombia para votar en elecciones son 38.965.515. Luego las dos encuestadoras citadas presentaron las respuestas de 0,016% de los colombianos.
(2).- En noviembre de 2025, aun antes de que el candidato Iván Cepeda presidiera un solo mitin, la encuestadora Invamer lo propulsó al estrellado mostrándolo como el numero uno de los candidatos.