

El expresidente Álvaro Uribe Vélez, en un acto de inmensa grandeza personal y de coherencia con su trayectoria política, ha renunciado a la prescripción de su proceso ante el Honorable Tribunal de Bogotá. Esta decisión, sin antecedentes en la vida republicana de Colombia, constituye una muestra ejemplar de patriotismo, respeto y acatamiento por la justicia y compromiso con el Estado de Derecho.
Pasamos por un momento en que la confianza ciudadana en las instituciones se ha visto erosionada por la corrupción, la impunidad y el oportunismo político, el gesto del presidente Uribe se levanta como una lección moral y cívica. Con humildad y con la razón, el expresidente de Colombia nos da ejemplo y se somete con entereza al escrutinio de la justicia.
Renunciar a la prescripción es un acto de dignidad personal y de responsabilidad histórica. Demuestra el ilustre expresidente que la verdadera grandeza de un líder, además de sus obras, se mide también por la coherencia con los principios de legalidad, transparencia y honor.
Los colombianos, quienes lo seguimos y admiramos encontramos en ese gesto un referente de liderazgo ético y un mensaje poderoso para las nuevas generaciones: Nos ha dicho en ese mensaje, que la vida pública, la lealtad con la Patria y la confianza en la verdad, prevalecerá sobre cualquier calculo personal.
Hoy más que nunca, su nombre se asocia a una conducta de respeto irrestricto por la justicia y un ejemplo que transciende oportunidades.
Ese acto quedara inscrito como una pagina de honor y decoro en la historia política del pais y como una demostración inquebrantable del Dr. Álvaro Uribe con la democracia, el Estado de Derecho y la causa superior de la Nación.
En medio de la adversidad mantengo firme mi lealtad a un liderazgo que se ha distinguido por la transparencia, el sacrificio personal y un compromiso indeclinable con nuestra Patria. Vivo o muerto, mi voz seguirá unida al clamor de millones de colombianos que vemos en el presidente Uribe un ejemplo de profundo amor por Colombia.









