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Parapeto. – “El mono, aunque se vista de seda…” Por: Julio Bahamon

En un hecho sin precedentes recientes, la Corte Constitucional tutelo los derechos del presidente Gustavo Petro y anulo la investigación que adelantaba el Consejo Nacional Electoral por la presunta violación de los topes financieros de su campaña presidencial.
En su fallo, la Corte determinó que el CNE carece de competencia para investigar a un presidente en ejercicio, a pesar de que el Consejo de Estado había confirmado previamente esa competencia.
¿Quién tiene la última palabra en Colombia cuando las altas Cortes discrepan? ¿El máximo tribunal del contencioso administrativo o el guardián de los derechos fundamentales?
La Corte Constitucional ha dicho, una vez más, que ella decide cuando y quien puede investigar al presidente, especialmente cuando se invocan derechos fundamentales.
Pero, allí está el, pero:  lo hizo a través de una tutela, herramienta excepcional que NO fue diseñada para resolver conflictos entre órganos del poder público, y menos aún para blindar al jefe del Estado frente a una investigación legitima y necesaria.
Tengo claro que lo esencial no cambia: El fallo de la Corte Constitucional no absuelve a Gustavo Petro en el juicio moral y político.
Las sospechas o evidencias recolectadas por el CNE siguen vivas en la conciencia nacional. Las declaraciones de su propio hijo, Nicolas Petro, las denuncias publicas de Armando Benedetti sobre el ingreso de $15.000 millones de pesos a su campaña y los testimonios de figuras cercanas al narcotráfico siguen ahí, sin respuesta.
Que hoy no se le pueda investigar no significa que sea inocente. Significa que goza de un fuero, no de honra.
Como dice el sabio adagio popular: “Aunque al mono lo vistan de seda, mono se queda”
La Corte Constitucional podrá arropar de legalidad una investigación en curso, pero no podrá convertir en transparente lo que este manchado de sospechas.
La tutela podrá blindar jurídicamente a Gustavo Petro, pero no le podrá maquillar el descredito que rodea su elección.
Estamos asistiendo a un escenario de fueros convertidos, por arte de birle biloque, en escudos de impunidad. Y con vergüenza asistimos también a ver un aparto judicial instrumentalizado para proteger a quienes deben dar ejemplo.
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