
Para empezar tengo que decir que jamás estuve de acuerdo con las nuevas curules de paz sobre todo en la forma en que finalmente fueron sancionadas, por las siguientes razones:
1/ Crean una carga adicional al Erario, contrario al clamor de la Nación.
2/ El Estado debió asumir su financiación total, poniéndolas en igualdad de condiciones con financiación suficiente, tal como está por ocurrir. Al buscar acceder a la postulación la ley “fue” bien intencionada al proponer cortapisa inhabilitante, nadie que se hubiese propuesto o ejercido la política para cargos de elección popular podría acceder a estas curules imposibilitando así la entrada al juego de políticos tradicionales que encontraron allí una fuente de inversión, llevando más desprestigio del Congreso, desprestigio por supuesto ligado a los congresistas corruptos por todos conocidos, pero sobre todo sumándole a las curules de las Farc. Ahora bien, esta inhabilidad genérica fue suspendida provisionalmente por el Consejo de Estado, permitiendo que aparezcan en escena los políticos de siempre a competir con sus grandes capitales por las curules que fueron hechas a la medida de quienes no cuentan con ningún tipo de recurso económico más allá de los que ínfimamente les aportará el Estado, mientras los representantes de la corrupción politiquera irán con sus tulas cargadas en busca del Voto Rural, corrompiendo y aprovechado la necesidad del campesino. Mientras las reales víctimas, aquellas que jamás tuvieron relaciones directas o indirectas, sociales, políticas o administrativas con los victimarios, por falta de recursos económicos quedarán fuera, y con ello la oportunidad de renovación legislativa.
3/ Lo que se ve venir serán los victimarios quienes de una u otra forma contarán con recursos suficientes para entrar a la fiesta con invitación de 1° clase, logrando así de manera acompasada disfrutar del Vals de su éxito sobre sus víctimas, con dineros que en medio de la violencia les arrebataron a sangre y fuego, quienes seguramente solo les quedará la oportunidad de asomarse por las rendijas de las ventanas a ver el goce de sus victimarios llegando a los cargos creados supuestamente para ellas.
Pero ahí están esas curules, protegidas por la presunción de legalidad, es nuestra obligación como víctimas hacer lo posible para que los victimarios con sus recursos no puedan quedarse con las 16 porciones del pastel.
Debo resaltar la valentía, entereza y coraje de tres víctimas que aún contra corriente continúan en el empeño: