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COSTA NOTICIAS

El agua como motor de desarrollo: lecciones de Israel y los Países Bajos para Colombia. Por: Miguel Ángel Lacouture

Primera entrega de tres: tecnología, gestión e inversión para convertir el agua en productividad.

Hay países que entendieron que las limitaciones de su territorio no eran una condena, sino un desafío. Israel aprendió a producir con poca agua; los Países Bajos, a convivir con ella, proteger sus territorios y reducir el riesgo de inundaciones. Ambos convirtieron dificultades en oportunidades de desarrollo.

Colombia, en cambio, tiene una enorme riqueza hídrica, pero todavía no consigue transformarla suficientemente en productividad agropecuaria, seguridad alimentaria y bienestar rural. El problema no es solamente cuánta agua tenemos, sino dónde está, cómo la almacenamos, cómo la distribuimos y cuánto cuesta llevarla hasta donde puede generar riqueza.

La visita del ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, a Israel abre una oportunidad para discutir qué podemos aprender de esas experiencias y cómo adaptarlas a nuestra realidad. La Guajira y el Cesar deben ocupar un lugar central en esa conversación, sin olvidar otras regiones que padecen inundaciones, sequías y pérdidas recurrentes.

Desde el barro y la boñiga sabemos que la tierra, por sí sola, no produce prosperidad. Necesita agua, infraestructura, tecnología, financiación, asistencia técnica y mercados. Si falla alguno de esos eslabones, la inversión pierde fuerza y el productor termina asumiendo los costos.

Israel: aprovechar cada gota

Israel demuestra que la escasez de agua puede enfrentarse con planificación, innovación y disciplina. Según información oficial de ese país, alrededor del 90 % de sus aguas residuales domésticas se reutilizó en 2022, principalmente para la agricultura y otros usos autorizados. El tratamiento, la reutilización y el riego eficiente permiten aprovechar un recurso que, en otros lugares, se pierde o termina convertido en un problema ambiental.

No se trata de importar tecnologías sin evaluar sus costos. Se trata de identificar qué soluciones podemos adaptar: riego por goteo, sensores de humedad, medición del consumo, tratamiento y reutilización de aguas, y sistemas de distribución que reduzcan pérdidas.

Para el Cesar, esto significa estudiar cómo asegurar agua para cultivos y pasturas, mejorar la productividad por hectárea y producir y almacenar alimento para el ganado durante los meses críticos. En La Guajira, supone examinar alternativas para producir más con menos agua, sin comprometer el abastecimiento humano.

Países Bajos: aprender a convivir con el agua

La experiencia neerlandesa enseña otra lección. Su programa Room for the River no se limitó a levantar barreras contra las crecientes: combinó obras de protección con la ampliación de cauces y la recuperación de espacios para que los ríos pudieran conducir las aguas altas con menor riesgo.

La enseñanza es sencilla: no siempre basta con construir diques más altos o cerrar una emergencia. También hay que entender el comportamiento de los ríos, planificar el territorio, mantener las obras y reducir la exposición de las comunidades.

Caregato, en La Mojana, ilustra el costo humano y productivo de no contar con una solución duradera. Las inundaciones golpean viviendas, cultivos, ganadería y medios de vida. Cerrar el boquete es indispensable, pero la respuesta debe ir más allá: considerar la dinámica del río Cauca, las condiciones hidráulicas y ambientales, la protección de las poblaciones y el mantenimiento posterior.

No podemos copiar mecánicamente el modelo neerlandés. Sí podemos estudiar sus principios y adaptarlos a nuestra geografía, con ingeniería, conocimiento local y decisiones que miren más allá de la próxima temporada de lluvias.

El Cercado: una obra debe convertirse en productividad

En La Guajira tenemos otro desafío. El embalse El Cercado, sobre el río Ranchería, es una infraestructura construida, pero todavía está pendiente materializar plenamente su potencial productivo mediante los distritos de riego Ranchería y San Juan del Cesar.

La Agencia de Desarrollo Rural ha señalado la necesidad de avanzar en asuntos técnicos y jurídicos relacionados con el caudal ambiental y la futura operación de los distritos. Es una discusión que exige decisiones, coordinación institucional y reglas claras.

Almacenar agua es apenas una parte de la tarea. Hay que definir cómo se distribuye, quién la administra, cuánto cuesta llevarla a los predios y cómo garantizar que llegue a los productores, respetando el consumo humano y las necesidades ambientales.

En la Alta Guajira también debe evaluarse la desalinización, especialmente para atender necesidades de agua potable. Pero cualquier proyecto debe calcular con rigor los costos de energía, operación y mantenimiento, así como el manejo de la salmuera. No es lo mismo garantizar agua para una comunidad que abastecer grandes extensiones de riego.

De la obra pública al negocio productivo

Estas transformaciones requieren recursos y modelos de gestión que no dependan exclusivamente del presupuesto público. Según las características de cada proyecto, pueden estudiarse alianzas público-privadas, concesiones legalmente viables, cooperación internacional y acuerdos entre productores e inversionistas.

Antes de anunciar inversiones hay que responder preguntas concretas: ¿qué vamos a producir?, ¿con cuánta agua?, ¿a qué costo?, ¿quién comprará la producción? y ¿cómo se recuperará la inversión?

Propongo avanzar en tres frentes: cooperación tecnológica con Israel y los Países Bajos; soluciones integrales y duraderas para Caregato y La Mojana; y decisiones que permitan convertir El Cercado en una fuente efectiva de desarrollo agropecuario para La Guajira y el Cesar.

El Caribe colombiano necesita diversificar su economía y generar nuevas oportunidades productivas. Para lograrlo, no basta con inaugurar infraestructura ni presentar estudios. Necesitamos proyectos que funcionen, agua que llegue a los predios, cultivos que produzcan, ganado bien alimentado y productores capaces de competir.

Esta es la primera entrega de una reflexión que continuará con los desafíos de la gestión del agua y las soluciones que Colombia necesita. El propósito no es admirar modelos extranjeros, sino identificar qué podemos aplicar para resolver nuestros propios problemas.

El agua no debe quedarse en los embalses, los canales o los informes. Debe convertirse en alimentos, empleo, ingresos y desarrollo rural. Esa es la verdadera medida de una inversión.

@lacoutu

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