

Hay discusiones que vuelven porque los problemas que las originaron nunca desaparecieron. La de los Fondos Ganaderos es una de ellas.
Durante décadas, estos instrumentos cumplieron una función que hoy deberíamos revisar sin prejuicios: llevar ganado, genética, asistencia técnica y capital productivo al pequeño y mediano empresario del campo que tenía tierra, trabajo y vocación, pero no el capital suficiente para construir un hato.
Los Fondos Ganaderos tuvieron una presencia territorial importante y utilizaron, entre otros mecanismos, los contratos de ganado en cuenta de participación. Después vino el deterioro: problemas de gestión, control de inventarios, manejo patrimonial y otras debilidades terminaron llevándoles a liquidación o inoperancia de esas entidades.
La historia nos enseña: una cosa es reconocer errores del pasado y otra muy distinta es condenar para siempre una herramienta de fomento porque fue mal administrada.
Hoy Colombia enfrenta un problema que vuelve a poner el tema sobre la mesa: necesitamos producir mucho más ganado y no contamos con un instrumento específico, moderno y de largo plazo para hacerlo.
El ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, lo planteó recientemente de manera directa: Colombia debería llegar a 60 millones de bovinos y, en sus palabras, el país no ha tenido una verdadera política de repoblamiento del hato.
La cifra obliga a formular una pregunta sencilla:
¿Con qué instrumento vamos a llegar allá?
El ICA estima para 2026 un inventario de 29.315.726 bovinos distribuidos en 596.109 predios. Llegar a 60 millones significaria prácticamente duplicar el hato actual, duplicar el hato no consiste en comprar y repartir vacas.
Del ganado en participación al activo productivo
Desde el barro y la boñiga lo digo con claridad: Los Fondos Ganaderos 2.0 no deberían entregar ganado; deberían entregar productividad.
La gran diferencia entre los Fondos Ganaderos del siglo pasado y los que Colombia podría construir hoy se llama tecnología.
En abril de 2026 entró en operación SINIGAN V6, con una nueva arquitectura de trazabilidad e identidad digital individual para los animales. El ICA señala que el sistema permite consolidar información de identificación, raza, predio, inventarios, eventos sanitarios y movilizaciones.
Eso cambia las reglas del juego.
El bovino deja de ser simplemente una cabeza de ganado anotada en un inventario y puede convertirse en un activo productivo individualmente identificado, trazable y auditable.
Por eso no propongo resucitar los Fondos Ganaderos del siglo pasado.
Propongo construir Fondos Ganaderos 2.0, diseñados con la tecnología financiera, productiva y sanitaria del siglo XXI.
El objetivo sería ayudar al productor que tiene tierra y trabajo, pero no suficiente capital, a construir un patrimonio ganadero sostenible.
Y para eso no basta con entregar animales. Hay que financiar el ciclo completo:
Vientres → genética → reproducción → pasturas → agua → alimentación → sanidad → trazabilidad → levante → terminación → beneficio → mercado.
Retener vientres es producir carne mañana
Si Colombia quiere pasar de 30 a 60 millones de bovinos, debe existir una política deliberada de retención de vientres.
No podemos pretender duplicar el hato sacrificando las hembras productivas. La expansión ganadera se construye con ciclos reproductivos, mejoramiento genético, nutrición, sanidad, cerrar intervalos entre partos y supervivencia de las crías.
Retener vientres hoy es producir carne mañana.
Y ahí el mejoramiento genético debe ocupar un lugar central.
Nuestra base predominantemente cebuina —Bos indicus— posee ventajas enormes para el trópico: adaptación, rusticidad, longevidad y capacidad productiva bajo condiciones difíciles.
No se trata de reemplazarla ni de descalificarla. Se trata de potenciarla.
Cruzamientos estratégicos con genética Bos taurus pueden aportar características como terneza, marmoleo, precocidad y calidad de canal, siempre seleccionando genética adaptada a nuestras condiciones y orientada a los mercados que queremos atender.
El objetivo no es solamente tener más animales.
Es producir más kilos por hectárea y más valor por animal.
Más ganado, ¿para qué?
Aquí aparece la segunda pregunta inevitable: ¿Para qué queremos 60 millones de bovinos?
No tendría sentido duplicar el hato para inundar un mercado interno que no puede absorber indefinidamente una mayor oferta sin demanda, significa necesariamente caída de precios al productor.
Colombia necesita consolidar los mercados que ya tiene y continuar trabajando en nuevas admisibilidades. El propio Ministerio de Agricultura ha destacado recientemente la apertura o reapertura de mercados pecuarios como Israel, Japón y China, y señaló a Estados Unidos como un mercado en proceso.
Abrir mercados no es suficiente.
Necesitamos capacidad de sacrificio y desposte, plantas habilitadas, logística, trazabilidad, sanidad, diplomacia comercial y productos capaces de competir por calidad.
Hay una ecuación que no podemos perder de vista:
Más oferta sin mercados puede presionar los precios. Mercados abiertos sin suficiente oferta pueden generar incumplimientos.
La política ganadera tiene que trabajar simultáneamente sobre producción y mercado.
Tenemos una ventaja que no debemos despreciar: una ganadería tropical basada principalmente en pasturas.
Pasto, agua y sal siguen siendo la base.
Necesitamos agua, mejores pasturas, nutrición estratégica, genética, sanidad, asistencia técnica y medición de resultados.
La sostenibilidad es un atributo comercial muy apreciado. Debemos ser rigurosos: producir a pasto no garantiza por sí solo acceder a los mercados de mayor valor.
Los compradores internacionales exigen sanidad, inocuidad, trazabilidad y regularidad y, dependiendo del mercado, atributos de calidad como terneza, marmoleo, color, edad y rendimiento de canal.
Ahí es donde nuestra ganadería debe evolucionar sin perder su identidad productiva.
¿Cómo debería funcionar un Fondo Ganadero 2.0?
El principio debería ser sencillo:
financiar activos productivos y medir resultados.
El crédito debe acompañar el ciclo biológico del ganado y tener plazos compatibles con el tiempo que necesita una hembra para reproducirse y generar nuevas crías.
Cada animal financiado debería estar identificado. Cada predio debería tener un plan productivo. Cada peso invertido debería poder auditarse.
Y cada programa debería medir indicadores concretos: natalidad, mortalidad, peso al destete, intervalo entre partos, ganancia de peso, productividad por hectárea, calidad de canal y cumplimiento sanitario.
Eso además conversa con las prioridades que el Ministro Dangond expuso ante el Senado: aumentar la producción, transformar el crédito para que llegue al pequeño productor, fortalecer la capacitación y financiar a largo plazo mecanización y riego.
Un Fondo Ganadero 2.0 podría convertirse en uno de los instrumentos para llevar esas prioridades al sector bovino.
Sería una plataforma que articule capital, genética, tecnología, asistencia técnica, trazabilidad y mercado.
Tenemos tierra, pasto, agua, genética, empresarios del campo, ganadería que puede demostrar sostenibilidad y mercados que necesitan proteína.
Lo que nos falta es conectar esos activos dentro de una política ganadera de largo plazo.
Si Colombia quiere llegar a 60 millones de bovinos, vale la pena mirar hacia atrás para recuperar lo que funcionó, aprender de lo que salió mal y construir algo nuevo.
No se trata de resucitar los Fondos Ganaderos del siglo pasado.
Se trata de construir los Fondos Ganaderos 2.0 con la tecnología del siglo XXI. El objetivo no es simplemente tener más ganado.
Es tener más ganado, más productividad y más mercados.
@lacoutu.