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COSTA NOTICIAS

Producir no basta: el valor agregado también se cultiva. Por: Miguel Ángel Lacouture

XI entrega de la Agenda para la Competitividad y Modernización del Sector Agropecuario

Durante diez entregas hemos hablado de seguridad, tierra productiva, vías, crédito, comercialización, tecnología y agua. En la anterior llegamos a una conclusión: Colombia tiene agua; lo que nos ha faltado es convertirla en productividad.

Ahora aparece una pregunta inevitable:

¿Qué vamos a hacer con todo lo que vamos a producir?

Producir más no significa automáticamente que al productor le vaya mejor.

Eso lo sabe cualquier empresario del campo que haya tenido que sacar un novillo del potrero, pagar el transporte, llevarlo a una planta, asumir los costos de comercialización y después descubrir que buena parte del valor que generó su animal quedó en otros eslabones de la cadena.

Ahí está el problema.

Desde el barro y la boñiga uno aprende rápido una verdad que a veces demora mucho en entenderse desde un escritorio: producir es apenas la mitad del negocio. La otra mitad está en saber transformar, vender y cobrar bien.

Si seguimos vendiendo materias primas mientras otros las transforman, empacan, refrigeran, industrializan, comercializan y exportan, seguiremos capturando una pequeña parte del valor que genera nuestra propia producción.

Por eso Colombia tiene que dar el siguiente paso: pasar de producir materias primas a capturar mayor valor agregado.

Como lo hemos hecho durante toda esta Agenda, miremos qué están haciendo nuestros competidores.

Brasil cerró el 2025 con exportaciones de agronegocios por US$169.200 millones. Solo las exportaciones de carne bovina alcanzaron US$17.900 millones. No se trata únicamente de producir ganado: detrás hay industria, plantas, logística, certificaciones, mercados y una poderosa estructura empresarial.

México nos muestra otra ruta. En 2025, los productos agroindustriales representaron 59,3 % de sus exportaciones agroalimentarias. Buena parte de lo que exporta no sale simplemente como materia prima, sino convertido en alimentos con mayor elaboración y valor.

Paraguay, con una economía ganadera mucho menor que la brasileña, generó en 2025 US$2.130 millones por exportaciones de carne bovina, llegando a 53 mercados.

Chile, por su parte, exportó en 2025 alimentos por US$24.742 millones, con una oferta que llega a más de 170 mercados.

Perú, que hace unas décadas no era precisamente un referente mundial de agroexportación, superó en 2025 los US$15.000 millones en exportaciones agropecuarias, impulsado por frutas, hortalizas y productos que exigen transformación, logística y acceso a mercados.

¿Colombia?

Tenemos cerca de 29,3 millones de bovinos, una enorme diversidad productiva, dos océanos, una posición geográfica privilegiada y una frontera agrícola con oportunidades enormes. Pero seguimos teniendo el reto de convertir esa capacidad productiva en cadenas de valor capaces de competir internacionalmente.

Un ejemplo reciente nos muestra el camino.

En 2025, Chile abrió una nueva puerta para la carne colombiana: autorizó a cinco establecimientos nacionales —cuatro plantas de beneficio y una de desposte— para exportar a su mercado.

La lección es sencilla: producir ganado es apenas el comienzo; convertirlo en carne habilitada para mercados internacionales es donde empieza a capturarse mayor valor.

Ese es el cambio de mentalidad que necesitamos.

La asociatividad no puede seguir siendo solamente una figura para recibir recursos públicos. Tiene que convertirse en negocio: comprar mejor, transformar, refrigerar, comercializar y exportar juntos.

Necesitamos infraestructura regional de frío, plantas de beneficio y desposte competitivas, centros de transformación, energía confiable, vías y logística. Necesitamos trazabilidad y una política sanitaria que no mire únicamente el mercado nacional, sino que tenga como objetivo permanente la admisibilidad sanitaria internacional.

Necesitamos diplomacia comercial y sanitaria. No basta con producir un buen alimento; hay que abrirle mercados, construir marca país y mantenerlos abiertos.

El Estado debe hacer lo que le corresponde: seguridad, infraestructura, sanidad, reglas claras y estabilidad. El capital privado debe aportar inversión, tecnología, gestión y acceso a mercados.

El productor debe dejar de ser visto como simple proveedor de materia prima para convertirse en verdadero empresario del campo y socio de la cadena de valor.

Eso también es modernizar el campo.

De nada sirve tener más tierra productiva, agua, vías, crédito y tecnología si al final seguimos vendiendo barato lo que otros transforman y venden caro.

No quiero un campo colombiano condenado a producir barato para que otros ganen caro.

La tierra, agua, vías, crédito y tecnología son medios. El verdadero objetivo es crear riqueza, empleo y valor en el territorio.

Con esto llegamos a la última entrega de esta Agenda: porque todos estos elementos no pueden seguir funcionando como esfuerzos aislados. Colombia necesita convertirlos en una política integral de competitividad y modernización del sector agropecuario.

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