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¿Por qué los petristas quieren sabotear un Plan Marshall para el Chocó? Por: Eduardo Mackenzie

Pocos días después de que el presidente Abelardo de la Espriella hablara de un plan Marshall para la reconstrucción del Chocó varios observadores contestaron ese proyecto en los términos más agresivos. Uno de ellos, Camilo Guzmán, escribió: “La historia y la teoría económica demuestran que el famoso plan estadounidense de 1948 (sic) nunca fue el motor de la prosperidad europea, sino un mito construido sobre el intervencionismo […]”. Y agregó: el Plan Marshall consiste en “centralizar el gasto, aumentar la burocracia y distorsionar los incentivos”. Conclusión: abandonen esa idea de un plan Marchall para el Chocó.

Así, Camilo Guzman no hace más que relanzar la narrativa que usaba la URSS y la Europa del Este contra el Plan Marshall, luego de que Stalin decidiera rechazar la propuesta norteamericana (que había sido concebida por Washington y no sólo para Europa Occidental). Lo curioso es que Camilo Guzman, después de relanzar ese refrito mamerto, presenta su versión como el gran dogma de un neoliberal intransigente.

 “La verdadera reconstrucción [del Chocó] no llegará mediante transferencias estatales ni endeudamiento, dice Guzman, sino garantizando seguridad jurídica, reduciendo trámites y permitiendo que la libertad de mercado, el ahorro y la inversión privada reactiven la economía”.

Es obvio que Guzmán no sabe qué diablos fue el Plan Marshall ni qué solución puede haber para la reconstrucción del Chocó.

Un segundo observador, Alfonso Monsalve, sin cuestionar el elogio a la impotencia de Guzmán, creyó ver allí la posición habitual de “la derecha”. Su análisis fue este: “Así piensan los epígonos de las doctrinas económicas de derecha: nada de subsidios para la reconstrucción, ni para que la gente sobreviva; basta que haya libertad de mercado e inversión privada.”

El Plan Marshall no fue nada de eso. Tanto Guzmán como Monsalve toman lo del Plan Marshall a la ligera. Ambos bailan sobre una cuerda floja para criticar de alguna manera el plan del presidente Abelardo de la Espriella.

Otro enemigo del plan Marshall para el Chocó es el petrismo. Este ve como una amenaza la propuesta del presidente De La Espriella. Pues el petrismo y la galaxia narco-comunista tiene planes siniestros para ese departamento.

Recordemos la propuesta de Francia Márquez, de julio de 2022, antes del comienzo del gobierno de Petro, de amalgamar en un solo departamento los de Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, y algunos municipios del sur de Antioquia y Risaralda para “la construcción de la paz” y poner esa nueva y descomunal región (62 municipios, cuya capital sería Buenaventura), con varias bases militares y de policía, minas explotables, fronteras con dos países, miles de visibles y ocultas salidas al Océano Pacifico, etc., en manos de un solo hombre: Alexander López, senador y presidente del partido Polo Democrático e inspirador de ese proyecto. (1)

Aunque esa historia ya la hemos olvidado deberíamos desempolvarla. Pues el extremismo colombiano, aunque perdió el poder ejecutivo, sigue con el ojo puesto en ese inmenso territorio.

Proclamado por el presidente Harry Truman, el 5 de junio de 1947, en la Universidad de Harvard, el Plan Marshall no fue una simple operación financiera ni una lluvia de subsidios. Fue una compleja operación política. Elaborado por George Kennan, consistía en aportar una ayuda económica y militar a los países amenazados por la URSS. Para impedir la expansión de la miseria y el hambre generada por la segunda guerra mundial era necesario reconstruir Europa. “La ayuda incluyó un aporte de capitales, pero también en materias primas y máquinas y el envío de consejeros técnicos y expertos en el terreno tecnológico”, recuerda el profesor de civilización norteamericana Jean-Michel Lacroix, “para ayudar a los europeos a organizarse y autoayudarse”.

Stalin rehusó la proposición de Truman y prohibió a sus satélites que la acogieran. Moscú trataba de apoderarse de Italia y Francia mediante el trabajo subversivo de los poderosos partidos comunistas de esos dos países, para imponer su mano de hierro más allá de Europa del Este. No lo logró gracias al Plan Marshall. Diez y seis países aceptaron el Plan que aporta inversiones por 13 millardos de dólares en 4 años. La banca mundial fue alejada, Europa fue reconstruida y escapó al totalitarismo ruso. El plan benefició también a las zonas de ocupación occidentales de Alemania. Furioso, Stalin creó el Kominform en octubre de 1947, realizó el golpe de Praga en febrero de 1948, intentó matar de hambre a Berlín occidental cuatro meses después, lo que fue impedido por el puente aéreo norteamericano. Todo ello culminó en la división de Alemania en dos bloques.

Colombia, en esos mismos tiempos, también estaba en la mira del Kremlin. El 9 de abril de 1948, los agentes de Stalin asesinaron en Bogotá al líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Trataron de derribar mediante un alzamiento armado el gobierno de Mariano Ospina Pérez y de sabotear el capítulo latinoamericano del Plan Marshall de ayuda económica por medio de préstamos privados y truncar la Conferencia Panamericana (545 delegados de 21 países) que firmaría la Carta de la Organización de los Estados Americanos, el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá) y la creación de la Junta Interamericana de Defensa, entre una docena de otros puntos (2).

Mientras tanto, Moscú alentaba huelgas violentas sobre todo en Francia e Italia.

Cuando la extrema izquierda trata hoy de desacreditar el plan presidencial para Chocó, muestra inquietud pues sabe que la fórmula “Plan Marshall” evoca hechos terribles en Colombia que prueban cómo ella tiene sangre en las manos desde el comienzo de la Guerra Fría.

Sin olvidar que el 4 de abril de 1949, los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Canadá y otros ocho países firmaron el pacto creador de la OTAN contra las acciones violentas del imperialismo ruso.

Es obvio que el plan del presidente De La Espriella para el Chocó, cuyos contenidos no han sido definidos todavía, será económico de tipo combinado (créditos públicos e inversiones privadas), y sobre todo político, en defensa de la libertad, como lo fue el Plan Marshall. Es un acierto del presidente haber escogido esa fórmula pues el de Truman fue un plan excepcional, providencial, con impacto en Europa y América Latina, para proteger los equilibrios de Occidente frente a la comunista URSS que aparecía como uno de los vencedores de la Alemania nazi.

¿Cuál será la dominante del plan para Chocó? Monsalve sugiere la vía socialista. Hace suyo el enfoque del expresidente Uribe quien estima, según Monsalve, que los chocoanos “no pueden esperar a que el desarrollo económico, generado por la irreemplazable economía de mercado, que toma su tiempo en convertirse en realidad, se materialice”. Eso quiere decir flujos a fondo perdido de dinero público, subsidios, asistencialismo, planeación central. ¿Ese plan daría resultados rápidos? ¿Dónde se ha visto eso?  ¿En Chocó qué efectos tendría ese esfuerzo sobre el resto del país? Pues alguien debe pagar esos esfuerzos.

Tampoco la idea de Guzman es milagrosa. El ve la salida de Chocó así: “reducir trámites, dar seguridad jurídica y permitir que la libertad de mercado, el ahorro y la inversión privada reactiven la economía”. ¿Ese esquema da frutos a corto plazo? La prioridad es dotar al Chocó de servicios eficientes: salud, vivienda, escuelas, colegios y universidades, tierra laborable, rutas y transportes seguros, erradicación de la corrupción, de las mafias armadas y seguridad tanto urbana como rural. Nada de eso podrá avanzar sin una combinación de lo público y lo privado, sin erigir un clima de confianza entre los actores. Levantar una muralla entre la liberalización industrial y comercial, la desregulación, la privatización y del otro el servicio público no contribuye a la reducción de la pobreza.

La solución no está a la vista de todos. Hay que reflexionar más y más sobre las prioridades y soluciones prácticas, sin dogmatismos. “Los buenos proyectos no bastan para mantener el crecimiento en un contexto institucional y de política general inadecuado, lo mismo que la inversión privada no basta para reducir la pobreza absoluta”. Es un consejo interesante de un actor que podría parecernos insólito: el Informe anual de 1985 del Banco Mundial.

Notas 

(1). Ver mi artículo https://costanoticias.com/francia-marquez-quiere-echarle-mano-al-puerto-de-buenaventura-por-eduardo-mackenzie/

También: https://www.larepublica.co/economia/lideres-sociales-discutiran-la-creacion-de-un-nuevo-departamento-del-litoral-pacifico-3433866

(2).- Sobre los orígenes del “Bogotazo”, ver Eduardo Mackenzie, Las Farc, fracaso de un terrorismo, páginas 91 a 178, Edición Universidad Sergio Arboleda, Colección Historia Siglo XX, Bogotá, 2023.

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