
“La salida de Felipe Harman de la Agencia Nacional de Tierras ANT, abre un interrogante que Colombia no puede ignorar: ¿hasta dónde llega la reforma agraria y dónde comienza la construcción de una poderosa maquinaria de movilización electoral?”
En Colombia la tierra nunca ha sido solamente tierra.
Ha sido riqueza, conflicto, poder y, muchas veces, la llave de acceso al poder político.
Por eso la salida de Felipe Harman de la ANT, para incorporarse de lleno a la campaña presidencial de Iván Cepeda, merece mucho más análisis del que ha recibido hasta ahora.
No estamos hablando de cualquier funcionario.
Estamos hablando del hombre que durante años dirigió la entidad encargada de administrar la información más sensible del país rural.
Información sobre propietarios que ofertaron sus predios al Estado, procesos de compra en marcha, tierras formalizadas, adjudicaciones realizadas, solicitudes pendientes.
Información sobre miles de familias que aún esperan una respuesta.
Ahí aparece la verdadera dimensión política del asunto.
Porque la reforma agraria no solamente ha movido tierras.
Ha movido expectativas.
Miles de propietarios rurales abrieron las puertas de sus fincas, entregaron información sensible de sus predios y se sentaron a negociar de buena fe con el Estado. Muchos de ellos aún desconocen el estado real de esos procesos o el destino que tendrán las negociaciones iniciadas.
Al mismo tiempo, miles de familias campesinas permanecen a la expectativa de una adjudicación, formalización o la oportunidad de acceso a la tierra.
Entre unos y otros existe un enorme universo de ciudadanos cuya relación con el Estado pasa directamente por la ANT.
Quien conoce ese mapa posee una ventaja política extraordinaria.
La elección presidencial llega a su momento definitivo con una diferencia inferior a setecientos mil votos a favor de El Tigre, Abelardo de La Espriella e Ivan Cepeda.
La contienda es tan estrecha que ningún sector social organizado es irrelevante.
Mucho menos el mundo rural.
Por eso la pregunta no es si Felipe Harman tiene derecho a participar en política.
Clarísimo que lo tiene.
La pregunta es otra.
¿Puede alguien que hasta ayer administraba la información estratégica de la reforma agraria convertirse hoy en uno de los principales operadores políticos de una campaña presidencial sin que el país se formule interrogantes legítimos?
No estoy afirmando que exista conducta ilegal alguna, manipulación alguna.
Estoy afirmando algo mucho más sencillo:
Felipe Harman probablemente conoce mejor que cualquier otro dirigente político dónde están concentradas las expectativas de acceso a tierra en Colombia, municipios, procesos, liderazgo, organizaciones, promesas cumplidas.
También conoce las promesas pendientes.
En política las expectativas suelen tener más fuerza que las realidades.
Quien ya recibió una respuesta puede sentirse satisfecho.
Quien todavía la espera suele estar dispuesto a movilizarse.
Por eso la discusión no debe centrarse únicamente en las tierras entregadas.
Debe centrarse también en las tierras ofertadas, negociadas o prometidas que continúan esperando una definición.
Allí puede encontrarse una de las claves electorales de esta campaña.
Porque la tierra siempre ha sido un instrumento de poder en Colombia.
Lo que está por verse es si terminará convirtiéndose también en el instrumento que incline la balanza de la elección más disputada de nuestra historia reciente.
Los propietarios que ofertaron sus predios tienen derecho a saber qué ocurrirá con los procesos iniciados.
Las familias campesinas tienen derecho a que sus expectativas no sean utilizadas como herramienta política.
El país entero tiene derecho a exigir que la institucionalidad permanezca por encima de cualquier interés electoral.
Cuando un hombre como Felipe Harman, abandona la entidad que administra, ANT, para incorporarse a una campaña presidencial, el debate deja de ser agrario.
Se convierte en un debate sobre poder.
@lacoutu