
En política, como en la literatura, los gigantes suelen ser sorprendidos por los enanos. Jonathan Swift lo advirtió en su celebre viaje a Liliput, donde un coloso era amarrado por muchas pequeñas cuerdas. Algo así esta ocurriendo hoy en el Centro Democrático: un partido fundado para rescatar la grandeza nacional, ahora se ve atrapado en las pequeñeces de sus propios aspirantes presidenciales.
Nadie ha entendido una carta recientemente firmada por algunos de los cinco precandidatos uribistas, en la que proponen cambiar, a último momento, las reglas del juego para la selección del candidato único. Eso es jugar sucio señores precandidatos y desdice de la seriedad de los firmantes. ¿Puede existir confianza en ellos hacia el futuro? Pretenden modificar que la encuesta, prevista para escoger un solo candidato, ahora seleccione a dos representantes para la consulta interpartidista. En buen romance, amigos, la propuesta les hace “conejo” a los demás candidatos de los partidos de la oposición, pero en el fondo es una rebelión política frente a la autoridad del fundador del partido.
No se necesita ser muy vivo para entender lo que está detrás de la “jugadita”. Evidencia que ninguno de los cinco logro despegar en las encuestas; Por lo que, ahora lo que quieren es mantenerse en la pista a toda costa, sin importarles poner en entredicho la palabra del jefe.
Ni uno solo, todos, sin excepción, deben su visibilidad a la sombrilla del expresidente Uribe.
Nuestro partido vive un momento de introspección forzada. De un lado, estamos las bases fieles que respetamos la autoridad del jefe, del otro lado, un grupo de cinco precandidatos que actúan como una brújula en ferretería, que no saben para donde apuntan, parecieran extraviados. Lo más preocupante es el desconcierto sobre la lealtad: tres aspirantes firman una cosa, dos no la respaldan, y ninguno tiene claridad de lo que buscan.
El partido Centro Democrático nació con propósitos superiores, no para alimentar vanidades, defiende la libertad, la seguridad y la institucionalidad.
La inmensa mayoria de sus militantes preferimos esperar la voz del fundador, antes de seguir a quienes se declaran herederos, pero no practican la lealtad.
Hace rato, vengo solicitándoles que, ante la realidad de los sondeos, den un paso al costado, dejen en libertad al Expresidente Álvaro Uribe para que sin esas pequeñas ataduras sea el gran arquitecto de la coalición democrática que salve a Colombia. Julio Bahamon.